Desde 2019, Islandia ha estado probando la semana laboral de cuatro días, buscando mejorar el bienestar de los empleados y aumentar la productividad. Tras siete años, los resultados son prometedores, mostrando un impacto positivo en la calidad de vida y la eficiencia laboral. El modelo islandés se presenta como un ejemplo a seguir para otros países que buscan modernizar sus prácticas laborales.
Islandia no es ajena a las políticas sociales de corte progresista. En los años 70 fue el primer país del mundo en elegir democráticamente a una mujer como jefa de Estado. Más recientemente, entre 2014 y 2018, llevó a cabo el mayor experimento del mundo sobre la semana laboral de cuatro días.
Los resultados fueron tan positivos que los sindicatos islandeses empezaron a renegociar las jornadas. El resultado es que, desde 2019, el 86% de la población activa del país disfruta de la semana laboral de cuatro días, con los mismos salarios que antes.
Ahora, siete años después del inicio del experimento, podemos decir que la semana laboral de cuatro días ha cumplido todas las promesas que le pedía la Gen Z. O casi todas.
Más salud y más felicidad
Los dos grandes estudios que se realizaron en Islandia durante los experimentos de 2014-2018 ya arrojaron resultados muy interesantes. En esencia, los trabajadores declararon sentirse menos estresados y con menos riesgo de agotamiento. También comunicaron una mejora en su salud y en su equilibrio entre el trabajo y la vida personal.
Como es lógico, los detractores de la medida temían que reducir la jornada laboral se tradujera en una caída de la productividad. Pero no fue así. En muchos casos, la productividad se mantuvo igual. Y en otros, incluso aumentó.
El truco, según los investigadores, está en que los trabajadores se sienten más motivados y concentrados cuando tienen más tiempo libre. Además, las empresas se ven obligadas a optimizar sus procesos y a eliminar las reuniones innecesarias.
Una medida con muchos beneficios... y algunas sombras
La semana laboral de cuatro días no es una panacea, pero sí una medida con muchos beneficios potenciales. Además de los ya mencionados, podemos añadir que ayuda a reducir la huella de carbono, ya que los trabajadores se desplazan menos al trabajo.
También puede ser una herramienta útil para combatir el desempleo, ya que las empresas pueden contratar a más personas para cubrir los mismos puestos. Y, por supuesto, es una forma de mejorar la calidad de vida de los trabajadores, que tienen más tiempo para disfrutar de sus familias, amigos y aficiones.
Sin embargo, también hay algunas sombras. La principal es que no todas las empresas pueden permitirse reducir la jornada laboral sin reducir los salarios. Y, en algunos sectores, como la sanidad o la educación, es difícil aplicar esta medida sin contratar a más personal.
Además, la semana laboral de cuatro días puede generar desigualdades entre los trabajadores. Por ejemplo, los que tienen trabajos más flexibles pueden disfrutar más de esta medida que los que tienen trabajos más rígidos.
Islandia es un ejemplo a seguir
Pese a todo, Islandia ha demostrado que la semana laboral de cuatro días es posible. Y que, bien implementada, puede ser una herramienta muy útil para mejorar la vida de los trabajadores y la productividad de las empresas.
Por eso, cada vez son más los países y las empresas que se interesan por este modelo. Y, aunque todavía queda mucho camino por recorrer, todo parece indicar que la semana laboral de cuatro días es el futuro del trabajo.