Una tragedia devastadora ha golpeado la zona limítrofe entre Nepal y la región china del Tíbet, donde inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra han cobrado la vida de al menos 166 personas y dejado a más de 700 en paradero desconocido. El desastre ha causado una destrucción masiva en infraestructuras y comunidades, mientras los equipos de emergencia luchan por alcanzar las áreas más afectadas.
Al menos 166 individuos han perdido la vida y más de 700 siguen sin ser encontrados, luego de que súbitas inundaciones y corrimientos de tierra impactaran la zona fronteriza entre Nepal y la provincia china del Tíbet este miércoles. Esta calamidad ha arrasado con poblados enteros y ha causado severos daños a las infraestructuras.
El distrito nepalí de Rasuwa fue particularmente afectado, donde una enorme riada de agua, lodo y rocas destruyó hogares, vías, puentes y proyectos hidroeléctricos. Del lado chino, las autoridades también reportaron decesos y personas extraviadas en el condado de Gyirong, un sector fronterizo con un importante movimiento comercial y turístico.
La verdadera magnitud de esta tragedia todavía no se ha determinado completamente. Los recuentos han fluctuado rápidamente en las últimas horas, a medida que los equipos de rescate logran acceder a áreas que permanecían incomunicadas. Inicialmente, se informó de 157 fallecidos en Nepal y tres en China, si bien cifras posteriores incrementaron el total.
Entre los desaparecidos se cuentan cientos de viajeros y peregrinos extranjeros que se encontraban en la región. Funcionarios nepalíes han comunicado que entre las personas aún no localizadas hay ciudadanos de India, Estados Unidos, Reino Unido, Australia y otras naciones.
La emergencia se desencadenó cuando una vasta cantidad de lodo y rocas irrumpió en el cauce del río Lhende, provocando una crecida súbita que se extendió a las zonas habitadas. Una de las teorías que investigan las autoridades vincula este fenómeno con un deslizamiento que pudo haber sido activado por un sismo de magnitud 4,4 registrado cerca de la frontera.
Las imágenes difundidas muestran la potencia de la corriente, arrastrando vehículos, edificaciones y grandes volúmenes de escombros. En Nepal, la destrucción de caminos y puentes ha complicado la entrada de los equipos de rescate y el traslado de ayuda a las comunidades afectadas. China también ha desplegado unidades de emergencia en la zona de Gyirong, mientras los gobiernos de ambos países mantienen operaciones de búsqueda. Las condiciones geográficas, las lluvias y los perjuicios en las vías de comunicación dificultan el acceso a algunos de los puntos más golpeados.
La situación es especialmente alarmante en Nepal, donde centenares de personas siguen sin ser encontradas. Entre ellas hay turistas extranjeros que recorrían senderos de montaña y peregrinos que volvían de sitios religiosos del Tíbet. Las autoridades prosiguen con las labores de búsqueda, mientras los familiares aguardan noticias de sus seres queridos.
Organizaciones internacionales y naciones de la región han brindado asistencia ante una emergencia cuyo número de víctimas podría seguir aumentando conforme se acceda a las áreas más afectadas. La catástrofe resalta nuevamente la vulnerabilidad de las poblaciones del Himalaya frente a crecidas repentinas, deslizamientos y otros fenómenos vinculados al comportamiento de los glaciares y al cambio climático. Expertos han advertido que el calentamiento de la región podría incrementar el riesgo de este tipo de eventos extremos.