El Rey Harald V de Noruega falleció este viernes a la edad de 89 años, tras ser hospitalizado el 17 de agosto en Oslo. Su ingreso inicial por retención de líquidos se complicó con una infección bacteriana y anemia hemolítica. La Casa Real anunció su deceso, sumiendo al país en el luto mientras se preparan para la sucesión.
Este viernes se confirmó el deceso del monarca noruego, Harald V, después de haber sido ingresado en el Hospital Nacional de Oslo el 17 de agosto. Su fallecimiento ocurrió a los 89 años de edad. Al principio, su majestad fue internado debido a una acumulación de líquidos, relacionada con un tratamiento de cortisona. Sin embargo, su estado se agravó al detectarse una infección bacteriana en la sangre, además de la anemia hemolítica que padecía.
“Con un profundo pesar, comunicamos que Su Majestad el rey Harald ha fallecido hoy. El rey Harald murió pacíficamente en el Rikshospitalet el viernes 28 de agosto, a las 06.35 horas”, informó la Casa Real de Noruega mediante un comunicado. En su sitio web, la Casa Real de Noruega ha publicado una declaración junto a un retrato del monarca fallecido.
Noruega se mantuvo en vilo desde el día anterior. En los primeros días de su hospitalización, la evolución de Harald generaba cierto optimismo. El soberano respondió positivamente al tratamiento con antibióticos y, el 24 de agosto, la Casa Real aseguró que permanecía estable y sin cambios significativos. No obstante, en un giro inesperado, este jueves anunciaron a primera hora del día que su condición se había vuelto “muy grave”.
En el trono desde 1991, el hasta ahora monarca reinante de mayor edad de Europa enfrentó crecientes problemas de salud en sus últimos años, pero se negó rotundamente a abdicar. Al conocerse la noticia, el Palacio Real comenzó a llenarse de ramos de flores y de cientos de personas que, de manera espontánea y sin contener las lágrimas, se acercaron a la residencia de la familia real. La preocupación por la salud de Harald se había manifestado en la actividad pública de la Corona durante los últimos días.
El príncipe heredero Haakon y la reina Sonia optaron por cancelar sus compromisos oficiales para dedicarse al monarca y permanecer a su lado durante estas horas de incertidumbre. El Hospital Nacional de Oslo se transformó así en el principal punto de encuentro de la familia real, que se desplazó allí recurrentemente desde el ingreso del soberano. La reina Sonia, quien pasó más de 10 horas dentro del Rikshospitalet junto a su esposo, con quien estuvo casada por 58 años; la princesa Astrid (94), hermana mayor del rey y uno de sus grandes apoyos; los príncipes Haakon y Mette-Marit, ambos visiblemente serios y de riguroso luto, estuvieron presentes.
Además, una visita más sorprendente insinuaba un desenlace fatal inminente: la de Marius Borg, hijo de Mette-Marit, quien cumple una condena de cuatro años de prisión en arresto domiciliario con vigilancia electrónica en Skaugum, la residencia de los príncipes herederos. Él se habría trasladado al hospital para estar cerca de Harald, a quien conoció desde muy pequeño y siempre consideró su abuelo.
Los representantes políticos de Noruega habían ‘paralizado’ sus agendas, y tanto el primer ministro como el presidente del Parlamento del país escandinavo habían cancelado sus actos institucionales a la espera del fatal desenlace.
Pese a sus poderes limitados como jefe de Estado, el rey inspiró unidad en Noruega, encontrando siempre las palabras adecuadas en momentos difíciles. Uno de esos momentos fue después de que el neonazi Anders Behring Breivik asesinara a 77 personas en dos atentados el 22 de julio de 2011, la peor masacre ocurrida en Noruega desde la Segunda Guerra Mundial. “Creo firmemente que la libertad es más fuerte que el miedo. Creo firmemente en una democracia y una sociedad noruega abiertas”, declaró en esa ocasión.
El rey también adoptó los valores progresistas del país escandinavo, algo que resaltó en un discurso con motivo de sus 25 años como monarca, en 2016. “Los noruegos son chicas que aman a chicas, chicos que aman a chicos, y chicas y chicos que se aman entre sí”, afirmó, y añadió: “Los noruegos creen en Dios, Alá, el Universo y en nada”.