La ONG Open Arms ha regresado a La Habana con siete toneladas de asistencia humanitaria, incluyendo equipos médicos y paneles solares, cruciales para el sistema de salud cubano. Esta segunda misión en poco más de un mes busca aliviar la severa escasez que enfrenta la isla. El fundador, Óscar Camps, enfatizó la importancia de no ignorar la crítica situación observada en su visita previa.
En la Terminal de Cruceros de La Habana, mientras se desarrollaba el acto de bienvenida para el velero Astral de la organización no gubernamental Open Arms, un asistente se acercó a Óscar Camps, fundador de la ONG. Le compartió que una niña de dos años había podido ser intervenida quirúrgicamente por una fractura facial en el Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez, gracias a los paneles solares que la misión anterior entregó el 19 de julio. Camps, con modestia, restó importancia a su propio rol, atribuyendo el mérito a la totalidad de la tripulación y a los benefactores, tras finalizar el evento al que asistieron autoridades gubernamentales y sanitarias de Cuba.
Con una vasta bandera cubana a un lado y el velero Astral anclado al otro, decenas de profesionales de la salud, vestidos con sus uniformes blancos, presenciaron la llegada a La Habana. Esta es la segunda ocasión en poco más de un mes que cerca de siete toneladas de auxilio humanitario son transportadas por la organización Open Arms. El domingo, al caer la tarde, el Astral arribó desde Cancún, México, cargado con donaciones de la comunidad civil mexicana: insumos médicos, leche en polvo y aproximadamente tres toneladas de equipos y materiales para hemodiálisis, además de útiles escolares y otros artículos esenciales.
Los destinos de esta carga serán, nuevamente, el Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez y, por primera vez, el Instituto de Nefrología Dr. Abelardo Buch López. Durante su primera expedición en julio, Camps constató directamente la crisis que afecta al sistema sanitario cubano. Observó situaciones que iban desde la aplicación de ventilación artificial manual en niños hasta pacientes que necesitaban ser trasladados por las escaleras a lo largo de siete pisos. "Parece que a nadie le importa. Entonces, ¿cómo no íbamos a regresar? Una vez que presencias lo que sucede, ya no puedes alegar desconocimiento", afirmó en una entrevista con EFE.