El fortalecimiento del fenómeno climático de El Niño genera inquietud en Centroamérica y el Caribe, incluyendo la República Dominicana, debido a sus potenciales repercusiones en la agricultura, el suministro de agua y la seguridad alimentaria. La FAO advierte que episodios intensos podrían incrementar el riesgo de sequía agrícola en la región. En la República Dominicana, ya se evalúa un escenario de sequía para 2026-2027, lo que podría afectar los cultivos y elevar los costos de producción.
La intensificación del fenómeno de El Niño mantiene en observación a Centroamérica, el Caribe y la República Dominicana, debido a sus posibles impactos en el sector agrícola, los recursos hídricos y la garantía alimentaria. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que los eventos de gran o muy gran magnitud pueden incrementar el riesgo de sequía agrícola en varias áreas de la región. En la República Dominicana, el gobierno y la FAO ya están analizando un posible escenario de sequía agrícola para el período 2026-2027. Una eventual disminución de las precipitaciones, acompañada de temperaturas más elevadas, podría impactar el rendimiento de algunos cultivos y aumentar los gastos de producción. Una menor disponibilidad de alimentos podría generar presión sobre los precios, especialmente si las naciones necesitan compensar la escasez con mayores importaciones.
El Centro de Predicción Climática de la NOAA estimó en junio una probabilidad del 81% de que El Niño alcanzara una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre de 2026, con altas posibilidades de que persista hasta principios de 2027. Un fenómeno de esta magnitud no ocasiona las mismas condiciones en todos los países, pero puede modificar los patrones habituales de lluvia y temperatura. En ciertas partes de Centroamérica y el Caribe, los episodios intensos pueden propiciar períodos más secos y cálidos.
Mientras se analizan estos posibles efectos a mediano plazo, El Salvador experimenta actualmente condiciones meteorológicas distintas, con precipitaciones intensas, actividad eléctrica y temperaturas que podrían alcanzar o superar los 40 grados Celsius en algunas zonas. Las autoridades atribuyen estas condiciones a sistemas atmosféricos de corto plazo, entre ellos una onda tropical y el flujo del este. Durante el fin de semana se esperan lluvias en diversas áreas del país, mientras que algunas zonas podrían experimentar temperaturas extremas. La situación también ha generado preocupación entre los agricultores salvadoreños por la reducción en el tamaño y la cantidad de algunos productos agrícolas, incluyendo tomate, cebolla, mango, sandía, melón y papaya, aunque estas afectaciones específicas no deben atribuirse directamente a El Niño sin evidencia que establezca esa conexión.
En el caso dominicano, la FAO y las autoridades nacionales ya están trabajando en la preparación ante una posible sequía agrícola para 2026-2027, debido al riesgo que representa para la producción y la seguridad alimentaria. La FAO señala además que aproximadamente el 60% de las necesidades de consumo de cereales de la República Dominicana se cubren mediante importaciones. Por ello, una reducción de la producción local podría aumentar la dependencia del mercado internacional y generar presión adicional sobre los precios, dependiendo de las condiciones externas. Actualmente, el Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) reporta condiciones propias de corto plazo, con polvo sahariano, aguaceros pasajeros y posibles tormentas asociados al viento del este/noreste y a una débil vaguada. Estos fenómenos son independientes de las proyecciones de El Niño.
El Niño es un fenómeno climático relacionado con el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial, que altera la circulación atmosférica y puede modificar los patrones de lluvia y temperatura en diferentes regiones del mundo. En Centroamérica y el Caribe, algunos episodios pueden favorecer condiciones más cálidas y secas, aumentando el estrés sobre los recursos hídricos y la agricultura. Por eso, su posible fortalecimiento hacia finales de 2026 genera preocupación de cara a 2027. Para la República Dominicana y los países de Centroamérica, el principal reto será evitar que una eventual reducción de las cosechas termine afectando el abastecimiento y el precio de los alimentos, mientras se preparan medidas para enfrentar un posible período de mayor presión sobre el agua y la producción agrícola.