El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha expresado su apoyo en el Parlamento Europeo a la propuesta de que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea. Esta nueva figura, aún por definir, busca intensificar la colaboración entre ambas partes en áreas estratégicas como defensa, tecnología y economía. La iniciativa surge de la Comisión Europea como una “Alianza para el Futuro”, expandiendo el actual acuerdo comercial CETA.
El jefe de gobierno canadiense, Mark Carney, manifestó este jueves ante los miembros del Parlamento Europeo su respaldo a la propuesta de que su país adquiera el estatus de primer “miembro asociado” de la Unión Europea (UE). Esta innovadora categoría, que Bruselas considera establecer, busca fortalecer la colaboración entre ambas entidades. “Aceptamos con agrado esta aspiración”, declaró Carney durante su intervención en Estrasburgo, enfatizando que “Europa y Canadá son más fuertes si están unidos”. El líder gubernamental resaltó la oportunidad de expandir la cooperación en ámbitos como la defensa, los minerales esenciales, la inteligencia artificial, la energía, la tecnología y la estabilidad económica.
La propuesta fue presentada el día anterior por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante su discurso sobre el Estado de la Unión. La iniciativa contempla evolucionar del actual pacto comercial entre Canadá y la UE, conocido como CETA, hacia una “Alianza para el Futuro”, con una cooperación más profunda en cuestiones económicas, tecnológicas y de seguridad.
El posible estado de miembro asociado representaría una nueva clasificación en la interacción del bloque con naciones externas. No se encuentra actualmente establecido en los tratados de la Unión Europea, por lo que sus características, prerrogativas y obligaciones aún deben ser determinadas. Carney especificó que Canadá no busca integrarse plenamente en la UE ni renunciar a su soberanía. “No estoy proponiendo un tercer bloque para convertirnos en un rival de las grandes potencias”, aseveró ante los eurodiputados.
El primer ministro canadiense, en cambio, sugirió una colaboración basada en intereses mutuos y en la habilidad de ambos socios para resguardar sus mercados, robustecer sus economías y reducir vulnerabilidades en sectores clave. “No somos aliados de conveniencia”, afirmó Carney, quien también abogó por una cooperación más estrecha en minerales críticos, defensa, inteligencia artificial, energía y otros campos considerados estratégicos.
La propuesta europea generó una reacción del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien cuestionó la posibilidad de que Canadá estrechara sus lazos con la UE y amenazó con imponer nuevos aranceles al bloque. Trump calificó de “absurda” la posibilidad de que Canadá se convirtiera en miembro asociado de la UE y describió a Ottawa como un “socio comercial deficiente”. “Si es una buena intención, está bien. Si es una mala intención, aplicaremos aranceles muy severos a Europa”, declaró el mandatario estadounidense, quien también consideró la opción de disminuir o suspender el comercio con Europa en ciertos sectores. Ante estas afirmaciones, la Comisión Europea sostuvo que el acercamiento con Canadá “no está dirigido contra nadie”, sino que busca fortalecer la capacidad de colaboración entre ambas partes.
La aproximación entre Ottawa y Bruselas se produce en un contexto de crecientes tensiones comerciales entre Canadá y Estados Unidos, así como de esfuerzos del Gobierno canadiense por diversificar sus relaciones económicas y estratégicas. Von der Leyen sugirió que la nueva alianza abarque fabricación avanzada, tecnología, defensa, el Ártico, energía, minerales críticos, inteligencia artificial, computación cuántica, ciberseguridad y seguridad económica. Carney, por su parte, defendió ante los eurodiputados una relación más estrecha con Europa, pero recalcó que el objetivo no es crear un nuevo bloque enfrentado a Estados Unidos u otras potencias. “No buscamos poder para dominar a otros”, afirmó el primer ministro canadiense. “Buscamos resiliencia para que nadie pueda controlar nuestros mercados abiertos, afectar nuestra soberanía, amenazar nuestra integridad territorial o socavar nuestras libertades y democracias.”