Líderes de la inteligencia artificial utilizan narrativas catastróficas sobre el fin de la humanidad como una táctica para influir en la regulación, según el Consejo de Europa. Empresas prominentes del sector buscan adaptar las leyes a sus intereses comerciales. Un experto del Consejo de Europa critica la incoherencia de estas advertencias, sugiriendo que, de ser genuinas, el desarrollo debería detenerse por completo. La Unión Europea aboga por un marco regulatorio robusto para salvaguardar los derechos fundamentales y la supervisión humana.
Detrás de las declaraciones sombrías emitidas por los principales desarrolladores de inteligencia artificial respecto al fin de la civilización, se esconde una táctica de presión legislativa. Esta advertencia fue hecha por Mario Hernández, quien preside el Comité de Tecnologías Digitales Nuevas y Emergentes del Consejo de Europa. Él indica que compañías como OpenAI, Anthropic o xAI pretenden influir discretamente en las leyes para que se ajusten a sus objetivos comerciales.
En una conversación con EFE, Hernández calificó de “engañosas” las solicitudes para pausar el progreso de la IA y cuestionó la consistencia de los ejecutivos del sector. Argumentó que si realmente creyeran que sus creaciones representan un peligro destructivo, deberían detener su producción en lugar de limitarse a emitir advertencias públicas. “Si yo sé que estoy fabricando un producto contaminante y cancerígeno, lo primero que hago es alertar y no seguir desarrollándolo; si ellos piensan que lo que están haciendo es perjudicial para la humanidad, que sus IA pueden aprender y saltarse todos los guardarraíles de seguridad…” afirmó.
Para el jurista y catedrático de Derecho Constitucional, las predicciones fatalistas tienen como objetivo restringir el debate para que la normativa quede en manos de las corporaciones con intereses económicos directos. Aunque reconoce que la IA conlleva riesgos serios en infraestructuras cruciales y seguridad nacional, Hernández subraya su función como un motor multiplicador en campos como la medicina personalizada, la robótica o la computación cuántica.
Frente al peligro de una “anarquía digital”, defiende el modelo europeo fundamentado en el Convenio Marco sobre Inteligencia Artificial, el primer tratado internacional vinculante impulsado por el Consejo de Europa y ratificado por la UE. Insiste en que la tecnología debe avanzar sin perder la supervisión humana, el control democrático y el respeto a los derechos fundamentales.