El presidente Donald Trump enfrenta crecientes desafíos en Medio Oriente, con el alza del precio del petróleo y ataques a Arabia Saudita que impactan su agenda electoral. Irán, con el apoyo de los hutíes, ha intensificado su control sobre vías marítimas clave, llevando a Trump a considerar sus opciones frente a un régimen chiíta con el que busca negociar, pero que se muestra intransigente. La situación exige una reevaluación de la estrategia estadounidense en la región.
El incremento en el costo del combustible y los ataques aéreos que padece Arabia Saudita están influyendo en la agenda interna de Donald Trump, quien se prepara para elecciones intermedias en menos de dos meses. Irán ejerce su dominio militar sobre Ormuz, mientras que los hutíes controlan el estrecho de Bab al-Mandeb, y juntos agreden a Arabia Saudita, un socio histórico de Estados Unidos y el principal exportador global de petróleo. Trump decidió suspender las operaciones militares contra Irán y los hutíes al constatar que no podría vencer al gobierno chiíta sin una incursión terrestre enfocada en Teherán.
El líder del partido republicano no desea asumir la pérdida de soldados estadounidenses en territorio iraní. Esto representaría un costo político inmenso, especialmente durante un año electoral en Estados Unidos. En este panorama, Trump optó por aplicar restricciones comerciales y económicas para forzar una negociación con Irán, cuya economía se encuentra debilitada por la drástica disminución de sus exportaciones de crudo. Sin embargo, el régimen chiíta se apoyó en China para vender su combustible en el mercado negro y ordenó a los hutíes avanzar sobre el estrecho de Bab al-Mandeb, atacando un oleoducto vital en Arabia Saudita.
Es muy poco común que los estrechos de Ormuz y Bab al-Mandeb se vean afectados por Teherán y los hutíes simultáneamente. Esta situación inusual está generando repercusiones en la economía mundial y en los precios internos de Estados Unidos. Al control de estas rutas marítimas cruciales se sumó un asalto aéreo de los insurgentes que dejó inoperante el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita. Este conducto de 1.200 kilómetros facilita el transporte de petróleo que no puede ser exportado a través de Ormuz. Desde hace quince días, el oleoducto Este-Oeste está dañado y fuera de servicio, paralizando todo el cargamento que se enviaba por el Mar Muerto, cruzaba el canal de Suez y llegaba a sus compradores en el Mediterráneo.
Arabia Saudita no ha podido completar las reparaciones debido a los ataques aéreos de los hutíes, quienes recientemente agredieron Riad y el puerto de Yanbu, un punto estratégico que conecta las refinerías del Mar Rojo con el oleoducto Este-Oeste. Washington y Riad mantienen una alianza geopolítica desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos se comprometió a salvaguardar los intereses regionales de Arabia Saudita, y a cambio obtuvo acceso preferencial a sus reservas de petróleo. Días atrás, mientras los hutíes avanzaban cerca de Bab al-Mandeb, Mohammed bin Salman, el príncipe heredero de Arabia Saudita, contactó a Trump en dos ocasiones para solicitar apoyo militar.
Mohammed bin Salman (MBS) informó al líder republicano que los terroristas bajo el mando de Irán intentarían tomar el control de la isla de Perim y el puerto de Mokha. Trump rechazó ofrecer asistencia militar, y finalmente los hutíes consiguieron su objetivo táctico, que era obstaculizar el comercio de petróleo a través de Bab al-Mandeb. La prudencia de Trump ante las peticiones de asistencia de MBS, resultó en dos acciones simultáneas por parte del príncipe heredero de Arabia Saudita. Mohammed bin Salman pidió ayuda a Israel y la mediación de China. Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, decidió compartir su información de inteligencia militar, mientras que Xi Jinping, presidente de China, se comprometió a mediar con Irán.
Esto tuvo un impacto limitado. El régimen chiíta respondió públicamente que la única solución al conflicto de Medio Oriente era que Estados Unidos aceptara sus exigencias diplomáticas. “Lo que está en juego con respecto al petróleo y los estrechos ha cambiado. Las medidas de contención no detendrán lo que se avecina. ¡No habrá negociaciones hasta que se cumplan las condiciones de Irán! ¡Punto!”, publicó el general iraní Moshen Rezaei en su cuenta oficial de X. En este escenario complejo, marcado por la situación en Medio Oriente y la posibilidad de una derrota electoral, Trump medita sobre sus siguientes pasos frente a Irán.
“Tengo una gran decisión por delante. ¿Deseo intervenir y aniquilarlos (al régimen iraní) o no? Es una decisión importante. Cualquier cosa podría ocurrir conmigo”, afirmó el presidente de Estados Unidos. Esta interrogante fundamental de Trump será el foco de la reunión que sostendrá con los líderes de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Kuwait y Omán. Los aliados árabes no desean otra guerra en Medio Oriente y solicitarán a Estados Unidos que fortalezca su seguridad territorial con un considerable despliegue militar que permita contener a Irán. Trump enfrenta dificultades logísticas para satisfacer esta petición específica de la Liga Árabe.
Un informe trimestral del Inspector General de los Estados Unidos presentado ante el Capitolio señaló que el Pentágono tiene un déficit estratégico en su arsenal. En los últimos meses se emplearon 6.000 drones de ataque unidireccional y 1.500 misiles balísticos, que no pudieron ser reemplazados completamente debido a fallas en la cadena de producción, según el expediente oficial. Desde esta perspectiva, es muy complicado para Trump ceder parte de su armamento a la Liga Árabe hasta que se restablezcan los niveles mínimos de producción y almacenamiento. Esto implica que, si finalmente descarta la vía diplomática para retomar la opción militar, a Trump le llevará tiempo ejecutar esta hipótesis de conflicto. La reunión se realizará el próximo martes, después del discurso de Trump en la Asamblea General de las Naciones Unidas.