Los líderes de las naciones del Golfo se reúnen con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un momento crucial, con la doble preocupación de una posible escalada en el conflicto con Irán y la eventual reducción de la presencia militar estadounidense en la región. Los países árabes buscan persuadir a Trump para hallar una solución que contenga los ataques sin profundizar su implicación en el conflicto, mientras el mandatario evalúa nuevas acciones contra el gobierno iraní. Simultáneamente, el temor a una menor presencia militar de Washington añade complejidad a la situación.
Los mandatarios de las naciones del Golfo se encuentran este martes con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un contexto marcado por dos inquietudes fundamentales: una intensificación de la confrontación con Irán y la posibilidad de que Washington disminuya su despliegue militar en la zona. Este encuentro ocurre mientras Trump considera nuevas acciones contra el régimen iraní, habiendo manifestado previamente que podría “aniquilarlo”. Las naciones árabes buscan persuadir al líder estadounidense de encontrar un camino que permita controlar las agresiones sin arrastrarlos aún más hacia la contienda.
La preocupación no es reciente. A inicios de agosto, Trump afirmó haber suspendido un ataque significativo contra Irán después de que Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar le rogaran evitar una mayor escalada, considerando que aún era factible lograr un acuerdo con Teherán. Sin embargo, más de un mes después, ese acuerdo no se ha materializado y los precios del petróleo se mantienen elevados.
Actualmente, el panorama es diferente. Los aliados de Irán han agredido infraestructuras energéticas de Arabia Saudita desde Yemen e Irak, mientras Qatar, Bahréin y Kuwait enfrentan interrupciones en sus operaciones comerciales debido al cierre del estrecho de Ormuz. Para los gobiernos del Golfo, una nueva ofensiva estadounidense podría provocar represalias iraníes contra sus territorios. Arabia Saudita experimenta uno de sus momentos de seguridad más delicados desde la Guerra del Golfo de 1991. La situación también pone a prueba el sistema de seguridad establecido en las últimas décadas, fundamentado en la presencia de fuerzas estadounidenses en la región y la adquisición de armamento de ese país a cambio de apoyo frente a amenazas externas.
Temor a una menor presencia militar estadounidense
Además del conflicto con Irán, los líderes del Golfo tienen otra preocupación: una posible reducción de las tropas estadounidenses desplegadas en la región. Funcionarios del Pentágono han sugerido disminuir la presencia militar de Estados Unidos en varios países del Golfo y traspasar una mayor parte de la responsabilidad de defensa a los propios aliados regionales, según fuentes citadas por CNN. Para los gobiernos árabes, discutir una retirada o disminución de tropas mientras los ataques se propagan representa un riesgo adicional.
La inquietud también se vincula con declaraciones previas de Trump. Poco después del inicio de la confrontación con Irán, el presidente cuestionó la necesidad de mantener una presencia militar estadounidense en el Golfo y sugirió que Washington quizás ni siquiera debería permanecer allí. Irán, por su parte, ha exigido durante años el cierre de las bases estadounidenses en la región. El gobierno iraní sostiene que su presencia convierte a los países del Golfo en blancos militares, sin garantizarles la seguridad que esperan de Washington. Para el profesor de la Universidad de Kuwait, Bader Al-Saif, el conflicto podría marcar un cambio en la relación que Estados Unidos mantiene con los países del Golfo desde la Guerra de 1991. Según su análisis, la región podría avanzar hacia una relación distinta con Washington, aunque no necesariamente implique su salida.
Arabia Saudita pide respaldo
El caso saudita refleja el dilema que los líderes del Golfo podrían presentar a Trump durante la reunión. Los ataques contra instalaciones petroleras y rutas de exportación sauditas amenazan con afectar el suministro energético y presionar al alza los precios internacionales del petróleo. Los hutíes de Yemen, respaldados por Irán, han agredido instalaciones petroleras y anunciado un bloqueo a buques que atraviesan el mar Rojo con destino a puertos sauditas. También se ha acusado a milicias iraquíes apoyadas por Irán de atacar el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, una infraestructura crucial para transportar petróleo sin depender del estrecho de Ormuz.
En medio de estos ataques, el príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman, pidió a Trump que atacara a los hutíes, pero el presidente estadounidense se negó, según CNN. La decisión ocurrió meses después de que Washington firmara un acuerdo de defensa con Riad y designara a Arabia Saudita como un importante aliado no perteneciente a la OTAN. El episodio resume la postura que los países del Golfo llevan a la reunión: necesitan el apoyo estadounidense para enfrentar amenazas inmediatas, pero al mismo tiempo temen que una mayor confrontación militar con Irán termine exponiéndolos a nuevos ataques.
Una salida diplomática aún incierta
Los gobiernos del Golfo han mostrado interés en recuperar la estabilidad antes que entrar en una nueva fase de guerra. Entre las posibles prioridades figura garantizar la navegación por el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas para el transporte mundial de petróleo. Sin embargo, las posibilidades de alcanzar un acuerdo con Irán siguen siendo inciertas. Qatar, que ha desempeñado un papel como mediador, ha cuestionado públicamente las perspectivas de una solución negociada.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Qatar, Majid Al Ansari, planteó que Irán podría resistir una guerra prolongada, mientras Washington podría confiar en que una mayor presión debilite a Teherán. Al mismo tiempo, Irán podría apostar a que el conflicto termine afectando el escenario político estadounidense. Por ahora, los intereses de las partes continúan distanciados. Y mientras Estados Unidos evalúa su próximo movimiento, los países del Golfo intentan evitar que la guerra con Irán termine convirtiéndose en un conflicto aún más amplio dentro de su propio territorio.