La República Dominicana se encuentra vulnerable a terremotos debido a la presencia de 14 fallas sísmicamente activas, una realidad que subraya la urgencia de fortalecer la preparación ciudadana. Un reciente conversatorio analizó la historia sísmica de La Española, destacando la importancia de entender los riesgos y aprender de eventos pasados para mitigar futuros desastres. La isla se sitúa en el límite de dos placas tectónicas, lo que genera una constante actividad telúrica.
La trayectoria de República Dominicana ha sido marcada por sismos que han dejado secuelas en sus ciudades, comunidades y estructuras, una situación que resalta la necesidad de comprender el peligro sísmico y potenciar la preparación de la población. Este tema fue abordado en el coloquio “La isla que se mueve: terremotos históricos en La Española”, organizado por el Centro Cultural Taíno Casa del Cordón, donde expertos examinaron la actividad telúrica de la isla y los principales movimientos registrados desde la época colonial.
Una de las informaciones presentadas durante la reunión es que La Española se ubica en el borde entre las placas tectónicas de Norteamérica y el Caribe, y posee catorce fallas con actividad sísmica, condiciones que explican en parte la exposición de República Dominicana y Haití a los terremotos. Entre las formaciones geológicas de mayor relevancia se hallan las fallas Septentrional y Enriquillo-Plantain Garden, ligadas a algunos de los principales sismos históricos documentados en la isla.
El terremoto más fuerte registrado instrumentalmente
Entre los sucesos estudiados, se destacó el sismo del 4 de agosto de 1946, ocurrido frente a la costa noreste de la República Dominicana. Con una magnitud de 7.8, este movimiento es considerado el terremoto de mayor intensidad registrado con instrumentos en La Española. El temblor causó daños significativos y fue seguido por un tsunami que afectó zonas costeras del país, convirtiéndose en uno de los episodios sísmicos más relevantes de la historia dominicana.
Pero 1946 no es un hecho aislado. Durante el conversatorio también se revisaron los terremotos de 1842, que impactaron principalmente el norte de La Española; los eventos de 1751 en el sur; el sismo de 1770, asociado a la falla de Enriquillo, y el devastador terremoto de Haití en 2010. Estos episodios demuestran que la actividad sísmica es parte de la historia geológica de la isla y que sus repercusiones han trascendido generaciones.
Una isla entre dos placas
El ingeniero geólogo Osiris de León, especialista en sismicidad y prevención de desastres, y el historiador, abogado y genealogista Joan Ferrer participaron como ponentes del encuentro, moderado por José Enrique Delmonte, asesor cultural del Centro Cultural Taíno Casa del Cordón. Durante la charla, se explicó que la posición de La Española en el límite de las placas del Caribe y Norteamérica genera un escenario de constante deformación tectónica. En este contexto, las fallas geológicas son zonas donde la energía se acumula y se libera, originando movimientos sísmicos.
No obstante, el problema no se restringe al movimiento del terreno. La magnitud de un desastre también depende de factores como la calidad de las construcciones, la ubicación de las comunidades, la densidad poblacional y el nivel de preparación existente. Por lo tanto, conocer dónde se encuentran las principales estructuras tectónicas y recordar los terremotos que han afectado históricamente la isla resulta crucial para comprender el riesgo actual.
La historia como advertencia
Los expertos subrayaron que examinar los sismos ocurridos en los últimos siglos permite identificar patrones de recurrencia y entender que un período prolongado sin un gran terremoto no implica la desaparición del riesgo. La actividad sísmica no puede predecirse con exactitud en cuanto al día, hora o lugar preciso de un futuro terremoto, pero el conocimiento de las fallas activas y de los eventos históricos permite establecer escenarios de riesgo y reforzar las medidas de prevención.
En este sentido, la investigación histórica adquiere un valor que va más allá de conservar la memoria. Los registros de terremotos pasados permiten conocer qué territorios han sido afectados, qué daños se generaron y qué tan vulnerable ha sido la infraestructura ante estos fenómenos.
Preparación antes que reacción
Uno de los principales llamamientos realizados durante el conversatorio fue a fortalecer la conciencia ciudadana frente al riesgo sísmico. La ubicación geográfica de República Dominicana hace que los terremotos formen parte de los fenómenos naturales que deben considerarse en la planificación del territorio. La prevención comienza con el conocimiento del riesgo, pero también implica contar con edificaciones adecuadas, planes familiares y comunitarios de emergencia, y una población que sepa cómo actuar durante y después de un movimiento telúrico.
El mensaje central del encuentro fue precisamente ese: los terremotos son parte de la historia de La Española, pero el impacto que pueden tener sobre la población también se relaciona con cuánto se prepare la sociedad para enfrentarlos. La memoria de 1946, 1842, 1770, 1751 y otros grandes terremotos constituye, en ese sentido, una advertencia histórica sobre una isla que, por su posición entre dos placas tectónicas, permanece en constante movimiento.