Esfuerzo de 13 años y 471 hectáreas dedicadas a la protección de las cuencas de Haina y Mahomita

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Un programa de conservación ha dedicado 13 años y 471 hectáreas a la salvaguarda de las microcuencas de Haina y Mahomita, cruciales para el abastecimiento de agua del Gran Santo Domingo. Esta iniciativa, impulsada por Aliados por el Agua, involucra a diversas organizaciones, productores y comunidades locales, generando beneficios hídricos significativos y promoviendo prácticas sostenibles en la región.

En las elevaciones de Villa Altagracia, donde el agua inicia su trayecto hacia otras regiones del país, una iniciativa de preservación ha acumulado trece años de labor en terrenos que desempeñan una función esencial para la seguridad hídrica del Gran Santo Domingo. Se trata de Aliados por el Agua, un proyecto que desde 2013 implementa medidas de rehabilitación y gestión sostenible en las microcuencas de Haina y Mahomita, con la colaboración del Sistema Coca-Cola, The Nature Conservancy, Fondo Agua Santo Domingo, así como productores y residentes locales.

El programa actualmente mantiene 471.20 hectáreas bajo resguardo, distribuidas en 266.68 hectáreas en Haina y 204.52 en Mahomita. De acuerdo con los cálculos presentados por sus coordinadores, estas superficies representan beneficios volumétricos de aproximadamente 692.6 millones de litros de agua anualmente. La conservación de estos terrenos ha sido complementada con intervenciones dirigidas a restaurar áreas deterioradas, mejorar la vegetación y resguardar los suelos, además de modificaciones en la forma en que las comunidades llevan a cabo sus actividades productivas.

Uno de los elementos principales se relaciona con el cacao y el café, a través de instrucción, apoyo técnico e incentivos para fomentar métodos agrícolas que permitan mantener la producción a la vez que se disminuye la presión sobre los recursos naturales. El programa reconoce una realidad que con frecuencia se omite en los debates sobre la seguridad hídrica: la protección del agua no se inicia únicamente en los sistemas de distribución, sino también en las zonas donde se ubican las fuentes y los ecosistemas que contribuyen a conservar el recurso. Por esta razón, las acciones integran a las comunidades que habitan y producen en las microcuencas.

Hasta la fecha, alrededor de 600 personas han sido beneficiadas directamente con las diversas actividades del programa. Adicionalmente, las iniciativas de conservación y restauración han creado cerca de 20 oportunidades laborales, mientras que el impacto indirecto se estima en unas 22,000 personas. Para Carlos García, director de The Nature Conservancy, la experiencia demuestra la relevancia de integrar el conocimiento científico, la rehabilitación y la participación comunitaria cuando se busca proteger una cuenca por periodos prolongados.

“Una de las principales enseñanzas es que ningún actor puede resguardar una cuenca por sí mismo. Aquí convergen el saber científico, las capacidades institucionales, la inversión y, sobre todo, el compromiso de las comunidades”, afirmó Juan Amell, director de Asuntos Corporativos de Bepensa Dominicana. La experiencia en Haina y Mahomita forma parte de la estrategia del Sistema Coca-Cola para una gestión responsable del agua. La compañía sostiene que desde 2015 cumple su objetivo de devolver a la naturaleza más del cien por ciento del agua empleada en sus productos terminados.

La iniciativa también demuestra que la preservación de una cuenca no se limita a plantar árboles o recuperar terrenos. El modelo comprende el monitoreo de los resultados, el apoyo a los productores y la implicación de las comunidades que dependen económicamente del territorio. Después de más de una década, el reto es mantener esos resultados a lo largo del tiempo y expandir las acciones en áreas donde la presión sobre los recursos naturales sigue en aumento.