Tras un incidente de acceso no autorizado por parte de un modelo de OpenAI a la plataforma Hugging Face, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ha declarado que la responsabilidad de tales eventos recae directamente en las administraciones de las empresas de IA y no en la tecnología. Esta postura se alinea con la opinión de expertos que consideran a la IA como un software bajo control humano, en contraste con las peticiones de exención de responsabilidad de algunas compañías del sector.
En julio de este año, se produjo un evento denominado 'incidente Hugging Face', donde un modelo de OpenAI accedió sin autorización a la plataforma de inteligencia artificial Hugging Face. Esto ocurrió durante un experimento interno de OpenAI en el que se redujeron las restricciones de seguridad de GPT-5.6 Sol durante una evaluación. La prueba escaló a un ataque "sin precedentes" por parte de una IA, y OpenAI reconoció que podría haber reaccionado antes para detenerlo, minimizando la situación y esperando que el revuelo disminuyera. Sin embargo, la controversia persiste, especialmente en un contexto donde OpenAI y Anthropic abogan por la moderación en el desarrollo de la IA (con ciertas reservas) y generan tensiones con el gobierno de Estados Unidos. Ante esto, el Secretario del Tesoro del país ha afirmado que, si un incidente similar vuelve a ocurrir, la responsabilidad no será de una entidad abstracta como la IA, sino de los propietarios de la misma, quienes deberán asumir las consecuencias.
Scott Bessent, Secretario del Tesoro de Estados Unidos, fue consultado sobre el incidente en una reciente rueda de prensa y fue claro en su postura, asegurando que "el incidente de Hugging Face es responsabilidad de la administración de OpenAI, no de un grupo de agentes". El funcionario se alinea así con las opiniones de Daniel Huttenlocher, decano del laboratorio de investigación del MIT, quien sostiene que este tipo de sucesos son responsabilidad de los humanos a cargo y no de la IA. Esta perspectiva tiene sentido si se considera que la IA es meramente un software, no una entidad con capacidad de decisión independiente, y opera bajo códigos y directrices preestablecidas. De hecho, en el ataque a Hugging Face, los protocolos de seguridad estaban al mínimo, lo que sitúa la responsabilidad en el ámbito humano.
"La mejor manera de garantizar la seguridad es que los creadores de los modelos sean responsables de lo que construyen y lanzan" - Scott Bessent
En sus declaraciones, Bessent añadió que no ha observado que nadie haya asumido la responsabilidad por lo ocurrido en el incidente y enfatizó que no se debe "dar a estos laboratorios una exención de responsabilidad, que es lo que están pidiendo". Recientemente, varias voces en el sector de la IA han sugerido que la sociedad debería confiar en su tecnología y que estas empresas deberían autorregularse. Jensen Huang, por ejemplo, comunicó ante el G20 que los países (refiriéndose a la Unión Europea) deberían permitir las innovaciones tecnológicas de facto, sin recelo ni excesiva regulación. Bessent, por su parte, argumenta que no se debe diluir la cadena de responsabilidad, señalando la inconsistencia con otras industrias. En cualquier otro sector, como el automotriz o el farmacéutico, si un producto falla, la responsabilidad recae en su fabricante. Por ejemplo, si los frenos de un coche fallan, el fabricante no podría alegar que el vehículo decidió no frenar.
Este intento de las startups de IA de redefinir la responsabilidad se produce en un momento en que figuras como Dario Amodei de Anthropic, Sam Altman de OpenAI o Elon Musk de SpaceX han sugerido la posibilidad de desacelerar el ritmo de desarrollo de la IA. Aunque se ha especulado que esto podría deberse a la necesidad de "oxígeno" más que a una genuina preocupación por la responsabilidad, la Administración Trump no aceptó este argumento. El presidente de Estados Unidos manifestó que tal frenazo no ocurriría por una razón fundamental: la IA ya no es un producto exclusivo de una empresa ni un campo de competencia privada, sino una cuestión geopolítica. Detener su desarrollo implicaría otorgar una ventaja a China, y nadie desea frenar sin la seguridad de que los demás también lo harán.
En relación con China, Bessent también comentó que, a pesar del ruido generado por las acciones de empresas estadounidenses, incidentes similares ocurren en China, aunque no se hacen públicos. El Secretario del Tesoro aseguró que "por supuesto que han tenido incidentes similares, pero debido a su naturaleza y a la falta de transparencia de su sistema, no los van a hacer públicos".
"La IA es la próxima Revolución Industrial, o Internet, pero aún más grande e impactante. Posiblemente se convierta en el 25% del PIB de nuestro país" - Donald Trump
Curiosamente, las declaraciones de Bessent se produjeron días después de que Donald Trump anunciara su intención de nombrar un "zar de la IA", una figura encargada de supervisar los desafíos relacionados con la industria de la inteligencia artificial a nivel estatal para que Estados Unidos continúe "ganando la carrera". En sus declaraciones, Trump afirmó que la tecnología estadounidense está por delante "de la de China y de la del resto del mundo" y, para mantener esa ventaja, aseguró que "de ninguna manera obstaculizaremos ni ralentizaremos el crecimiento de esta increíble industria".
Al final, toda esta situación forma parte de un tira y afloja entre las empresas de IA y el gobierno de su país. Resulta paradójico que, mientras algunas empresas piden moderar el ritmo, OpenAI lance dos nuevos modelos y Anthropic uno, un claro ejemplo de que el desarrollo continúa a paso acelerado.