La venta de Letterboxd genera preocupación en la comunidad cinéfila por la posible alteración de su esencia

Tecnologia
La popular plataforma cinéfila Letterboxd busca un nuevo comprador, lo que ha encendido las alarmas entre sus usuarios. La principal inquietud no radica en una posible desaparición de la aplicación, sino en el riesgo de que la esencia y la cultura comunitaria que la definen se vean comprometidas por la monetización o cambios impulsados por un nuevo propietario, transformando este 'oasis pre-algoritmo' en una plataforma más.

Letterboxd, el querido espacio cinéfilo para registrar películas vistas y explorar críticas, está en venta. Esta situación ha generado una preocupación previsible entre sus usuarios, quienes temen perder una parte fundamental de su pasatiempo. El miedo no se centra tanto en la desaparición de la aplicación, sino en la posibilidad de que Letterboxd, tal como lo conocemos, deje de existir.

Esta aplicación se ha consolidado como uno de los principales puntos de encuentro para la cinefilia, incluso provocando nerviosismo en las estrellas durante las alfombras rojas al ser consultadas por sus cuatro películas favoritas. Su valor no solo reside en la facilidad para llevar un registro de películas, sino en haber transformado la experiencia de ver y opinar sobre cine en un acto social.

No se trata de consultar a un crítico profesional, sino de una interacción más cercana. Importa no solo qué película has visto, sino también si la han visto las personas a las que sigues, qué opinan de ella y qué otras producciones puedes descubrir.

Personalmente, lo más gratificante de Letterboxd no son los análisis profundos, sino los comentarios breves e ingeniosos, a menudo en formato de meme, que se encuentran al navegar entre las críticas. Es aquí donde se percibe con mayor claridad ese sentido de comunidad, esa sensación de estar entre un grupo de amigos que comparte la misma afición.

Lo que distingue a Letterboxd no es solo su funcionamiento, sino la cultura que se ha forjado a su alrededor. Una puntuación o una crítica, por concisa que sea, revela mucho sobre quien la escribe. No solo seguimos a un usuario, sino también su criterio.

Esta particularidad no ha pasado inadvertida. Nombres como Netflix, Paramount, Sony, A24 e incluso el New York Times suenan como posibles compradores interesados en la plataforma. La noticia ha generado una alarma entre los usuarios. La preocupación no se centra tanto en la posibilidad de más publicidad o en cambios en la interfaz, sino en por qué se ha vuelto común que una comunidad digital deba temer que su nuevo dueño altere las reglas del espacio que habita.

Letterboxd aún conserva ese aire de Internet de la 'vieja escuela', algo que hoy parece casi arqueológico. Antes de que los algoritmos nos impusieran cierto contenido, gran parte del descubrimiento dependía de nosotros, de la construcción de nuestros propios círculos. Un ejemplo claro fue Google Reader, una herramienta que simplemente nos ayudaba a recopilar los blogs o páginas que habíamos seleccionado. Letterboxd mantiene algo de ese espíritu, pero aplicado al cine: uno elige a quién seguir y, a través de esa persona, descubre qué merece su atención.

Sin embargo, una comunidad cultural no solo genera conversaciones o sentido de pertenencia, sino que también es un activo comercial en potencia. La plataforma cuenta con millones de personas que registran películas, las puntúan, elaboran listas, interactúan con otros usuarios, crean tendencias y llenan su 'watchlist'. Lo que hace especial a Letterboxd es también lo que la convierte en un objetivo atractivo para un comprador. Esto nos lleva a la paradoja de que el éxito de una comunidad la hace más deseable para la compra, y a la vez, ese atractivo pone en riesgo aquello que la hace valiosa.

La famosa amenaza de la “enshittification” o “mierdificación” no implica un cambio drástico de la noche a la mañana por un nuevo anuncio. Suele ser un proceso mucho más sutil y gradual, como la introducción de cambios para aumentar la monetización, favorecer ciertos contenidos sobre otros, gamificar o impulsar el uso de funciones de pago debido a la reducción de ventajas en la versión gratuita.

En su mayoría, son decisiones orientadas a aumentar la rentabilidad, no necesariamente a mejorar la experiencia del usuario. Son elecciones pequeñas, pero que con el tiempo construyen una barrera difícil de ignorar para los usuarios.

Lo llamamos amenaza porque ya existen precedentes y no es una novedad. Este fenómeno es mucho más amplio que Letterboxd. Substack surgió, en parte, para llenar el vacío dejado por los blogs, ofreciendo un espacio para la lectura tranquila, la publicación directa a una audiencia propia, lejos de algoritmos o la dependencia de la publicidad. No obstante, incluso en esta herramienta para newsletters han aparecido cada vez más sistemas de recomendación. Su 'feed' utiliza estos modelos para decidir qué publicaciones, notas y creadores se muestran a cada usuario y, aunque no es TikTok, esa evolución es reveladora.

Asimismo, en 2013, Goodreads, la red social para reseñas de libros, fue adquirida por Amazon. Aunque su diseño se mantuvo (igualmente deficiente), muchos usuarios comenzaron a percibir su existencia como una extensión comercial de la compañía.

Aquí surge una batalla cultural. No se trata únicamente de decidir si Letterboxd tendrá más publicidad o un nuevo diseño tras una posible adquisición. La cuestión es quién determinará el espacio cultural que ocupará la aplicación una vez que cambien sus propietarios; y los usuarios están dispuestos a luchar por preservar su esencia. Incluso se ha lanzado una campaña de adquisición colectiva por parte de ‘Intrinsic Entertainment Collaborative’, una empresa de beneficio público fundada por la cineasta Elizabeth Joyce. Es relevante destacar este hecho, ya que evidencia tanto el creciente interés por Letterboxd como la batalla cultural que parte de sus usuarios cree estar a punto de librar. En 2023, un holding canadiense compró el 60% de la plataforma por algo más de 50 millones de dólares; hoy se estima que la cifra rondaría los 250 millones. Esa es la cantidad que el IEC de Joyce busca recaudar a través de una campaña de micromecenazgo, no solo para adquirir Letterboxd, sino para transformarla en una cooperativa.

Letterboxd posee una cultura propia, y esta cultura no es abstracta: se manifiesta en las bromas internas, en las frases contundentes sobre una película que se comparten más que una reseña de mil palabras, o en la forma en que ciertas películas vuelven a circular gracias a un grupo de usuarios persistentes.

Esta capacidad inherente a una comunidad sana genera un valor enorme más allá de lo económico, otorgando a una posible compra una dimensión mayor. No se trata solo de quién será el dueño de esta herramienta, sino de quién tendrá el poder sobre esa cultura que se comparte, produce y circula.

Por ello, la batalla por Letterboxd es la batalla por una idea de internet que parecía estar desvaneciéndose: descubrir algo que te apasiona, seguirle la pista sin interferencias, esforzarse por encontrar tu comunidad, tus intereses y tus aficiones. Esta posible compra es relevante incluso para quienes no usan Letterboxd, porque si este pequeño refugio también se convierte en otra plataforma con un “para ti”, habremos perdido algo mucho más importante que una aplicación para calificar películas.