Microsoft ha mantenido una política de tolerancia hacia el uso de Windows sin activar durante años, permitiendo a los usuarios acceder a la mayoría de las funcionalidades del sistema operativo. Esta estrategia, que se remonta a más de una década, busca fomentar la adopción de su software, aunque con ciertas limitaciones estéticas y advertencias. La reciente aparición de una ventana de activación en el ordenador de Vladimir Putin ha vuelto a poner de manifiesto esta práctica extendida.
Es común encontrar a personas utilizando copias no autorizadas de Windows, una práctica que se extiende desde usuarios individuales hasta instituciones y empresas. Incluso se ha observado la ventana de activación de Windows en el ordenador del presidente de Rusia, Vladimir Putin, sin que esto genere un conflicto diplomático, ya que Microsoft es consciente de esta situación.
La empresa, fundada por Bill Gates y Paul Allen, nunca ha autorizado oficialmente estas copias "piratas", pero ha tolerado técnicamente la instalación y el uso de Windows sin activar. En el caso de Windows 10 y 11, las versiones más utilizadas actualmente, esta permisividad se extiende por al menos 11 años. Si consideramos que Microsoft dejó de bloquear el sistema a quienes no lo activaban, esta tolerancia se remonta a 2008.
El vídeo de Putin ha resaltado esta realidad persistente. Actualmente, Windows 11 puede utilizarse indefinidamente sin licencia. Los usuarios con una copia no oficial pueden usar Windows con normalidad, con la única salvedad de una marca de agua en el escritorio y la imposibilidad de personalizar el fondo o los colores. Estas son esencialmente cuestiones estéticas, ya que, por ejemplo, las actualizaciones de seguridad continúan llegando.
Microsoft ha modificado sus políticas a lo largo del tiempo. Durante la era de Windows XP y Vista, existía un periodo de gracia de 30 días, tras el cual el sistema se volvía inaccesible sin una clave. En Vista, la situación era más restrictiva, pasando a un "modo de funcionalidad reducida" donde solo Internet Explorer funcionaba y por una hora continua. Microsoft anunció el fin de este modo a finales de 2007. Vista SP1 lo reemplazó con avisos constantes, y Windows 7 mantuvo el escritorio negro y las advertencias, además de bloquear algunas actualizaciones. En 2015, Microsoft facilitó la situación: cualquier equipo compatible podía actualizarse a Windows 10, incluso con copias piratas.
Para Microsoft, esta situación no representa un problema. Aunque el uso de una copia de Windows sin activar por parte de un dirigente ruso no proyecta la mejor imagen, es un hecho anecdótico que podría generar más inquietud en relación con la soberanía tecnológica que Rusia busca consolidar.
Para Microsoft, esto no es algo nuevo. En 1998, Bill Gates respondió a una pregunta sobre los tres millones de ordenadores vendidos anualmente con copias no autorizadas de Windows diciendo: "Ya que van a robarlo, queremos que roben el nuestro. Se volverán adictos, y entonces, en algún momento de la próxima década, encontraremos la manera de cobrarles." Al final, lo fundamental es que la gente utilice su software y se familiarice con él. Para el usuario, el costo, más allá de la falta de personalización y la molesta ventana de aviso, es la seguridad: Microsoft advirtió en 2015 que el software pirata implica un mayor riesgo de malware, fraude y fallos.
Tolerar no es legalizar. Aunque Microsoft permitió que las copias no autorizadas de Windows 10 se actualizaran a Windows 11, esto no las convertía en copias autorizadas: una cosa es tolerar, otra legitimizar. Utilizar Windows sin activar técnicamente incumple los términos y condiciones de uso, pero no hay constancia de que Microsoft haya emprendido acciones legales contra usuarios particulares.
Por otro lado, volviendo al caso de Putin, una copia sin activar no necesariamente equivale a una copia no autorizada. Podría ser que alguien del equipo del presidente de Rusia simplemente olvidara activarla, que el ordenador se usara únicamente para el vídeo del que se tomó la imagen, o que hubiera un fallo.