África, un continente con vastos recursos naturales, experimenta un notable crecimiento en energía solar, impulsado por el abaratamiento de la tecnología china. Este avance marca una pugna entre el modelo energético tradicional dominado por Estados Unidos, centrado en combustibles fósiles, y la creciente influencia de China a través de las renovables. La transición energética en África es crucial para su desarrollo económico y sostenibilidad climática, redefiniendo dependencias y alianzas globales.
África es un continente de inmenso potencial, rico en recursos como gas, petróleo y minerales, así como fuentes de energía renovable como el viento y el sol. El año 2025 marcó un hito con el mayor crecimiento solar registrado en su historia. No obstante, en África convergen dos enfoques energéticos opuestos: el predominante, basado en petróleo y gas con un liderazgo estadounidense, y el emergente, impulsado por la tecnología solar y de baterías chinas cada vez más accesibles. Más allá de la preocupación climática, la dimensión económica es fundamental para estas economías en desarrollo con recursos financieros limitados.
Según el informe Africa Market Outlook for Solar PV 2026-2029, África instaló aproximadamente 4,5 GW de capacidad fotovoltaica en 2025, lo que representa un aumento del 54% respecto al año anterior y un crecimiento exponencial. Sudáfrica lidera este avance con 1,6 GW de nuevas instalaciones, seguida por Nigeria (803 MW) y Egipto (500 MW). Es significativo que este crecimiento no se limita a unos pocos países, ya que ocho naciones africanas instalaron más de 100 MW en 2025, a diferencia de las cuatro del año previo. Esto indica un compromiso generalizado de África con la energía solar, tanto en el sector público como en el privado.
Esta situación es relevante porque África es el escenario de una confrontación entre el presente y el futuro energético, donde el petróleo tiene una fecha de caducidad. Es una disputa entre dos modelos distintos y también entre las dos potencias mundiales más influyentes, sirviendo como un factor para fortalecer o debilitar sus posiciones. Mientras Estados Unidos reactiva préstamos para proyectos de gas, como el de Mozambique, China se ha consolidado como el principal proveedor de infraestructura para casi toda la energía solar en África. Solo en 2025, China exportó 16 GW de paneles al continente, según datos de AFSIA recopilados por China Daily.
En el mercado de la energía petrolera, Estados Unidos ejerce una influencia considerable, pero en el ámbito de las energías renovables, China domina el suministro de materiales. China está produciendo más paneles solares que nunca, lo que ha llevado a una drástica caída de sus precios. Lo que está en juego son infraestructuras, acuerdos comerciales, dependencias tecnológicas y alianzas estratégicas.
El liderazgo de China en energías renovables no es una novedad. La Agencia Internacional de la Energía ya había anticipado en 2022 que el mundo dependería casi por completo de China para el suministro de componentes clave para la energía solar, con una cuota superior al 80% en todas las fases de fabricación. En algunos casos, como las obleas o el polisilicio, esta cuota alcanza el 95%. China posee la infraestructura y la industria que le han permitido innovar, lograr producciones masivas y reducir los costes, facilitando la adopción de energía solar en África. Paralelamente, la administración de Trump ha estado, desde 2025, intentando reactivar proyectos de hidrocarburos para extraer hasta la última gota de combustibles fósiles.
La energía solar de fabricación china se presenta como una solución clave. La disminución de los costes tanto en la generación (paneles) como en el almacenamiento (baterías) ha sido notable, permitiendo a regiones, hogares y empresas evitar los apagones y la volatilidad de precios de los combustibles importados. Sonia Dunlop, directora ejecutiva del organismo responsable del informe, explica que la combinación de energía solar y almacenamiento es la vía más viable para proporcionar acceso energético, fomentar el desarrollo sostenible y mejorar la resiliencia climática en el continente. El informe también sugiere que, con el apoyo de regulaciones y financiación adecuadas, África podría instalar más de 33 GW de capacidad solar para 2029.
Sin embargo, aunque la economía del gas o del petróleo conlleva la desventaja de depender de países exportadores y la volatilidad de sus precios, como se observa actualmente con los altos costes de la gasolina, la transición a energías renovables como la solar no elimina todos los desafíos. La dependencia se desplaza de la disponibilidad del recurso a la tecnología necesaria para aprovecharlo. Y en este aspecto, China es el principal proveedor del hardware requerido.