El famoso cráter de gas en el desierto de Karakum, conocido popularmente como la 'Puerta del Infierno', ha estado ardiendo durante décadas. Aunque la creencia popular sitúa su origen en 1971, nuevas investigaciones satelitales demuestran que el fuego comenzó entre finales de 1987 y principios de 1988, desmintiendo la cronología establecida. Este fenómeno representa un grave problema ambiental debido a las masivas emisiones de metano.
En el corazón del desierto de Karakum existe un cráter casi circular de aproximadamente 70 metros de diámetro, que actualmente está envuelto en llamas. La narrativa popular sostiene que en 1971, ingenieros soviéticos encendieron un pozo de gas colapsado con la expectativa de que el fuego se extinguiría en pocas semanas. Sin embargo, más de 50 años después, este pozo sigue activo y es ampliamente conocido como la 'Puerta del Infierno'.
La versión comúnmente difundida indica que, tras un suceso acaecido hace varias décadas, la historia real se ha distorsionado considerablemente. Se cree que en 1971, un equipo de geólogos que exploraba el desierto en busca de gas natural, realizando diversas perforaciones, presenció cómo el suelo cedió repentinamente. Esto provocó que el equipo desapareciera en un gran cráter que liberaba gases tóxicos.
La principal preocupación para las autoridades en ese momento era el efecto nocivo que estos gases podrían tener en la población. Por esta razón, los ingenieros decidieron prender fuego al cráter con el objetivo de consumir el metano. No obstante, este cráter continúa activo hasta el día de hoy.
Dejando a un lado la versión popular, diversas investigaciones han buscado establecer la veracidad de lo ocurrido en este cráter. Uno de los métodos empleados ha sido la tecnología satelital, capaz de reconstruir la historia térmica de la zona. Los resultados de estos análisis indicaron que no hay evidencia de anomalías térmicas en el área antes de 1987.
Para ser más precisos, la última imagen satelital que muestra el cráter sin fuego data del 20 de septiembre de 1987, mientras que la primera evidencia fotográfica del cráter en llamas es del 27 de enero de 1988. Esto demuestra cuantitativamente que el encendido del gas ocurrió entre finales de 1987 y principios de 1988, refutando categóricamente la arraigada fecha de 1971.
El estudio realizado va más allá de la cronología y se adentra en un problema ambiental crítico, destacando el papel central de las emisiones de gases de efecto invernadero. Se ha observado que más de 40 columnas de metano emergen del pozo, con tasas de emisión extremadamente altas que oscilan entre los 1.000 y los 3.000 kg por hora. Esto resultó en la emisión de 71 kilotoneladas de metano entre 2020 y 2025.
Este volumen representa un problema significativo a escala global, ya que, según informes de seguimiento de la Agencia Internacional de la Energía, Turkmenistán se posiciona actualmente entre los países con mayor intensidad de emisiones de metano en el sector del gas y el petróleo a nivel mundial. Además, plataformas internacionales de la ONU, como IMEO y MARS, señalan regularmente a este país como uno de los principales focos de eventos de emisión de gases detectables desde el espacio exterior.
Ante esta presión medioambiental y el desperdicio de recursos, el gobierno de Turkmenistán ordenó en 2022 encontrar una solución definitiva para extinguir el vasto incendio del cráter. Actualmente, las autoridades han perforado pozos de alivio cercanos en un intento de reducir el flujo de gas que alimenta la 'Puerta al Infierno'. Aunque la intensidad visible del fuego ha disminuido notablemente gracias a estos trabajos recientes, los datos de los investigadores revelan una realidad preocupante, ya que esta reducción visual de las llamas no muestra una correlación clara con una disminución en la emisión total de metano.