La reintroducción del pigargo europeo en el norte de España, iniciada en 2021, ha desatado una controversia. Aunque el proyecto busca recuperar una especie considerada extinta en el país, expertos y ecologistas cuestionan su necesidad real, dados los impactos potenciales en ecosistemas ya vulnerables y el estatus de conservación global del ave.
La extinción o la aparición de una especie en un hábitat son eventos con profundas implicaciones para la biodiversidad y el equilibrio ecosistémico. Mantener la estabilidad de los ecosistemas es una tarea delicada, y cualquier alteración puede acarrear consecuencias significativas. En 2021, nueve pigargos, procedentes de Noruega, fueron liberados en Asturias con el objetivo de restablecer la especie en el norte de España. Cinco años después, la idoneidad de esta decisión sigue siendo objeto de debate.
El pigargo europeo (Haliaeetus albicilla), conocido como el águila de mayor tamaño de Europa, fue incluido en 2018 en el "Listado de especies extinguidas en el medio natural español" por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Bajo la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, su reintroducción fue autorizada. Según Ecoticias, se liberaron 25 individuos, de los cuales 17 permanecen vivos, 12 han formado parejas y ya se han registrado nacimientos de polluelos en libertad. A pesar de estos aparentes éxitos, surge la cuestión de si esta reintroducción era realmente necesaria o justificada.
Las administraciones de Asturias, Cantabria, GREFA y el MITECO han actuado conforme a la ley. Sin embargo, un proyecto de esta magnitud también requiere una sólida base científica y una evaluación exhaustiva de los riesgos, aspectos que han generado controversia.
La Coordinadora Ecoloxista d'Asturies ha solicitado la eliminación de la especie del listado de especies extinguidas, argumentando dos razones principales: la especie no se encuentra globalmente amenazada y es un depredador voraz que se alimenta de peces, aves y mamíferos. Además, algunos expertos señalan la falta de pruebas claras que demuestren la presencia histórica de esta ave en España. Por otro lado, GREFA defiende el proyecto, destacando que el pigargo actúa como especie carroñera y bioindicadora de humedales, contribuyendo al control de poblaciones abundantes y beneficiando indirectamente a otras especies en peligro.
De acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), el pigargo europeo está clasificado como de "preocupación menor" a nivel global. Sus poblaciones son estables o están creciendo en gran parte de Europa central, Rusia y Escandinavia, siendo particularmente abundante en Noruega. Este favorable estado de conservación a nivel mundial es uno de los principales argumentos de los críticos, quienes sostienen que su reintroducción en España no era una prioridad.
La situación del salmón atlántico en los ríos de Asturias y Cantabria es preocupante, con una pesca del "campanu" cada vez más prolongada. Su declive es resultado de décadas de calentamiento de las aguas, cambios hidrológicos, enfermedades, sobrepesca y la pérdida de su hábitat, como detalla un estudio de la Universidad Complutense de Madrid. En este escenario, la llegada en 2021 de un depredador como el pigargo, que incluye al salmón en su dieta y lo caza activamente durante su migración de desove, añade una presión adicional. Si bien el pigargo no es el causante de la disminución del salmón en el norte de España, su presencia intensifica la amenaza sobre esta ya vulnerable especie.