Un estudio reciente de Stripe revela que España se sitúa como el país europeo con la menor satisfacción entre fundadores de empresas, tanto en el trato con la administración como en la intención de volver a constituir su negocio en el mismo territorio. A pesar de las mejoras en la creación de empresas, los datos sugieren que los obstáculos operativos son el principal factor de descontento, llevando a una abrumadora mayoría a no querer repetir la experiencia en España.
España ocupa la última posición en dos interrogantes cruciales de una encuesta realizada por Stripe a fundadores europeos: la experiencia de interactuar con la Administración pública y la disposición a volver a establecer su empresa en el mismo país. Esta situación es relevante porque, en la última década, la política de emprendimiento en España se ha enfocado en el número de nuevas empresas. Sin embargo, Stripe propone una métrica más exigente: la voluntad de quienes ya han emprendido de repetir la experiencia en el mismo lugar, un aspecto en el que el 'no' ha prevalecido.
Los datos específicos muestran que, en cuanto al trato con la Administración (en una escala del 1 al 10), la media europea es de 5,4. Suiza alcanza un 8,2 y Estados Unidos un 7,6, mientras que Alemania se sitúa en un 3,7. España se encuentra a la cola con un 3,3. Respecto a la pregunta de si volverían a constituir su empresa en el mismo país, en Estados Unidos el 85% responde afirmativamente, en Suecia el 47%, y en Francia el 33%. En España, solo el 25% lo haría, lo que significa que tres de cada cuatro fundadores que eligieron España no la volverían a elegir.
Analizando estos resultados, la cuestión no es si los fundadores volverían a emprender, sino si lo harían específicamente en España. El problema no reside en la fase inicial de creación de la empresa. La Ley Crea y Crece ha reducido el capital mínimo para una Sociedad Limitada a un euro, y la Ley de Startups ha facilitado la constitución telemática y ha introducido algunas ventajas fiscales. Actualmente, ya hay más de 5.000 empresas emergentes certificadas. Crear una empresa en España es más sencillo que nunca, y a pesar de ello, el país sigue en las últimas posiciones.
Lo que realmente genera desgaste es la operativa diaria. Los obstáculos más frecuentemente mencionados por los fundadores europeos (datos agregados por Stripe, sin desglose por países) incluyen: impuestos y nóminas (68%), notarios y registros (44%), normas de contratación y despido (38%), y la lentitud de la Administración (27%). De estos, solo uno, notarios y registros, está directamente relacionado con la constitución de la sociedad. El resto son aspectos que acompañan a la empresa durante toda su existencia: cada nómina, cada ampliación de capital, o cada consulta que puede tardar meses en ser respondida completamente. En contraste, en Estados Unidos, conceptos como los notarios o los registros apenas son mencionados.
El dato más impactante es que reestructurar una plantilla en España tiene un coste equivalente a 62 meses de salario por empleado, según el gráfico de Stripe. Esta es la cifra más alta de la lista, superando a Italia (52), Francia (38), Alemania (31), Estados Unidos (7), Suiza y Dinamarca (3). Para una startup, que depende de apuestas que pueden no tener éxito, si corregir errores es tan costoso, cada contratación se convierte en una carga enorme. El resultado no es una mayor estabilidad, sino una mayor prudencia: plantillas mínimas, un mayor uso de autónomos y cierto temor al crecimiento.
Es importante señalar que Stripe no ha publicado el tamaño de la muestra, las fechas de la encuesta ni la identidad de los encuestados. La inclusión de Estados Unidos y Suiza en una encuesta sobre el ecosistema europeo sugiere que algunos de esos fundadores podrían ser europeos que ya se han trasladado. Si esto fuera así, el 85% de satisfacción en Estados Unidos no mediría la calidad de un paraíso empresarial como Delaware, sino el grado de satisfacción de quienes han emigrado. El índice de migración de Stripe respalda esta idea: el número de empresas que trasladan su sede de la Unión Europea a Estados Unidos es aproximadamente tres veces mayor que el de las que realizan el camino inverso.
En resumen, España ha mejorado significativamente la fase inicial de creación de empresas, pero no la vida posterior de estas. El desafío ya no es que alguien se decida a emprender, sino que, después de años de lidiar con notarías, gestorías, nóminas y despidos costosos, mantenga el deseo de volver a hacerlo en España.