En el parque de bomberos de Livermore, California, una bombilla incandescente ha permanecido encendida durante 125 años, desafiando las expectativas de durabilidad y la noción de obsolescencia programada. Conocida como Centennial Light, esta lámpara ha sido testigo de la historia y ostenta un Récord Guinness, superando incluso a las cámaras web instaladas para monitorear su funcionamiento. Su longevidad se atribuye a un diseño particular y a las condiciones en las que opera.
La obsolescencia programada es un concepto cada vez más presente en la conversación pública, y es común pensar en ella cuando un electrodoméstico falla después de pocos años. No obstante, si existe un símbolo por excelencia que contradice esta idea, es la bombilla incandescente que ha iluminado nuestras vidas durante décadas, antes de ser gradualmente reemplazada por la tecnología LED. Sin embargo, en la estación de bomberos número 6 de Livermore, California, pende del techo una bombilla que ha desafiado las leyes de la física con su extraordinaria duración.
Esta bombilla ha tenido la oportunidad de 'observar' numerosos eventos históricos, ya que fue instalada en 1901. Con el tiempo, se ha ganado el apodo de Centennial Light y recientemente celebró su 125 aniversario. Su singularidad no termina ahí, pues ostenta el título del Guinness World Records como la bombilla encendida durante más tiempo en la historia. Más allá de su récord, la Centennial Light se ha vuelto famosa en internet por un dato irónico documentado por The New Yorker en 2016, que señalaba cómo la bombilla había sobrevivido a tres cámaras web instaladas sucesivamente para vigilar su estado y asegurar que no se apagara.
A pesar de que no contamos con un análisis forense sobre lo que les ocurrió a los dispositivos de seguimiento, el testimonio del cuidador de la bombilla confirma que han sido tres las cámaras web que han fallado. No se conoce la razón exacta de estos fallos, pero resulta paradójico que la tecnología más antigua demuestre una resistencia superior a los medios modernos. Actualmente, una cuarta cámara se encuentra enfocándola.
Para comprender por qué esta bombilla no se funde, es fundamental saber que en cualquier lámpara incandescente existe una compensación inherente: al aumentar la temperatura del filamento, se incrementa la luz emitida, pero también se acelera la evaporación del material, lo que eventualmente provocará su rotura. Sin embargo, con esta bombilla centenaria hay un pequeño 'truco'; aunque originalmente era una lámpara de aproximadamente 60 W, hoy opera a una potencia eléctrica de unos 4W. Es importante aclarar que no se trata de 4 W equivalentes a LED, sino de un consumo eléctrico que apenas genera 0,17 lúmenes.
Su filamento también presenta notables ventajas, estimándose que opera a una temperatura de unos 1.452 kelvin. Esto contrasta significativamente con las bombillas incandescentes tradicionales de tungsteno, que funcionan a unos 2.600 K aproximadamente. De esta manera, al estar tan "fría", la pérdida de material es mucho menor. Este factor, sumado a un filamento considerablemente más grueso de lo habitual, contribuye a su excepcional longevidad.
Aunque comúnmente se afirma que esta bombilla lleva 125 años encendida ininterrumpidamente, ha habido ocasiones en las que se ha apagado de forma obligatoria. Los incidentes más conocidos ocurrieron en 1937, durante una renovación del edificio; un traslado en 1976, que fue escoltado por la policía; y un apagón en 2013 que duró 9 horas y 45 minutos. En ninguno de estos casos, el apagado fue atribuible a un fallo de la propia bombilla.
El hecho de no encenderla y apagarla constantemente es crucial para su supervivencia. En las bombillas de tungsteno, el encendido es el momento más crítico: el metal frío posee poca resistencia, lo que genera un pico de corriente y un estrés térmico considerable que a menudo provoca la rotura del filamento. Sin embargo, el carbono tiene un coeficiente de temperatura negativo, lo que amortigua este choque térmico inicial. Esto explica por qué en el pasado se aconsejaba no encender y apagar la luz de forma repetida en los hogares, ya que la bombilla podría fallar.