Los ríos españoles registran los niveles más altos de fósforo y materia orgánica en Europa, con una tendencia de empeoramiento

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Los ríos de España presentan los mayores índices de fósforo y materia orgánica por litro en comparación con el resto de Europa, según datos recientes. Un estudio de la Universitat Politècnica de València revela un deterioro continuo, especialmente en los niveles de fosfatos, que se han triplicado en los últimos dieciséis años. Este fenómeno se atribuye a factores como el bajo caudal, el impacto del regadío y la urbanización turística, lo que dificulta la capacidad de dilución de los cauces.

Al comparar el agua de un río español con la de uno portugués, incluso si comparten el mismo cauce en la península, se observa una diferencia significativa. Según Eurostat, el agua de los ríos españoles contiene, en promedio, unas quince veces más fosfatos que la de los ríos portugueses. Aunque los ríos españoles no son los más deteriorados ecológicamente en Europa, los datos de la Universitat Politècnica de València (UPV) confirman que son los que transportan la mayor cantidad de materia orgánica y fósforo por litro. Más aún, la situación de los fosfatos ha experimentado un empeoramiento constante.

El equipo de María Pachés en la UPV ha desarrollado un índice denominado HPRE (Human Pressure on River Ecosystems), que combina contaminantes clásicos como la demanda bioquímica de oxígeno (la cantidad de oxígeno que consumen los microorganismos al descomponer la materia orgánica) y los fosfatos (nutrientes que estimulan el crecimiento de algas). Este índice busca ofrecer un indicador de la evolución de la salud de los ríos. Es crucial entender que no se trata de una medida de 'calidad' en sentido estricto; de hecho, algunas muestras pueden obtener buenas puntuaciones en el HPRE y aun así presentar un estado ecológico deficiente. Un ejemplo de esto ocurre en Suecia, donde, a pesar de los bajos niveles de fosfatos, dos de cada tres ríos no alcanzan un buen estado ecológico. Paradójicamente, en términos ecológicos generales, España no se considera en una situación crítica.

Sin embargo, al analizar los datos europeos entre 2015 y 2021, se observa una mejora generalizada en el continente, mientras que España avanza en la dirección opuesta. Los datos son elocuentes: los niveles de fosfatos pasaron de 0,160 mg/l a finales de los años 2000 a 0,448 mg/l en 2021, cuando concluyó el estudio, y alcanzaron 0,547 mg/l en 2023. Esto representa una triplicación en dieciséis años, sin indicios de desaceleración. La materia orgánica, si bien se ha reducido desde su pico en 2016, aún se mantiene por encima de los niveles registrados en 2007.

¿A qué se debe esta situación? Un estudio de la Universidad Técnica de Košice, publicado en julio, explicaba por qué España muestra peores resultados que otros países. Factores como el relativamente bajo caudal de sus ríos, junto con el considerable peso del regadío y la urbanización turística, merman la capacidad de dilución de los cauces. Esto implica que, incluso si las prácticas fueran mejores que en otros países, las concentraciones de contaminantes podrían ser superiores. Para el río, el impacto es el mismo: con escasa agua y altos niveles de fósforo, se produce la eutrofización.

La solución a este problema es conocida y existe: el tratamiento terciario. De hecho, la Directiva 2024/3019 lo establece como obligatorio en áreas con riesgo de eutrofización. España aún tiene pendiente la transposición de esta normativa, aunque se prevé que la ley no se implemente antes del 31 de julio de 2027, fecha límite para su adopción. La razón de este retraso es la misma por la que, en diciembre, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea volvió a sancionar al país: una falta de seriedad en el abordaje del problema del agua.