Boeing ha identificado un fallo de software en ciertos modelos 737 MAX que podría complicar las maniobras de aproximación frustrada, una situación rutinaria pero intensa en aviación. El problema surge cuando, tras una aproximación fallida, la tripulación modifica el plan de vuelo programado, afectando la disponibilidad de una función de guía automatizada crucial. La FAA está investigando este incidente, que podría aumentar la carga de trabajo de los pilotos en momentos críticos.
Un avión puede estar a punto de aterrizar y, segundos después, volver a ascender. Esta maniobra, conocida como aproximación frustrada, es segura y rutinaria en la aviación cuando no es conveniente continuar el aterrizaje, ya sea por decisión de la tripulación o por indicación del control de tráfico aéreo. Es un momento muy regulado, pero también intensamente demandante en la cabina, por lo que las ayudas automáticas están diseñadas para aligerar parte de ese trabajo.
El problema es que Boeing ha identificado un fallo de software que podría complicar este escenario en determinados aviones 737 MAX. Según informes, el comportamiento anómalo se presenta en circunstancias poco frecuentes durante una aproximación de precisión con el piloto automático conectado: si, después de una aproximación frustrada, la tripulación modifica el plan de vuelo programado, una función automatizada de guía podría dejar de estar disponible. La compañía confirmó haber informado a los operadores y que sus ingenieros están desarrollando una corrección permanente. Por su parte, la Administración Federal de Aviación (FAA) está revisando el problema para determinar si son necesarias medidas de seguridad adicionales.
Para comprender la importancia del fallo, es fundamental conocer la función de VNAV. Esta característica automatiza la gestión vertical de la ruta y utiliza la información programada para ayudar al avión a cumplir con las altitudes y perfiles previstos durante el vuelo. Si VNAV deja de estar disponible, la aeronave puede seguir utilizando un modo de control vertical más básico, aunque con una automatización más limitada. Este cambio no implica que el avión pierda la capacidad de ascender, descender o mantener una altitud específica, pero sí modifica la forma en que la tripulación debe gestionar estas tareas.
La diferencia, por lo tanto, no radica en que los pilotos pierdan el control, sino en que deben asumir de manera más directa tareas que normalmente son asistidas por la automatización. Boeing ha señalado que el piloto automático puede seguir funcionando y que los pilotos mantienen el control de la aeronave. Lo que cambia es la carga de trabajo en una fase donde ya es necesario reorganizar el vuelo con rapidez. Es precisamente este aumento inesperado de tareas en cabina lo que la FAA está evaluando para determinar si se requieren medidas adicionales.
No es un problema completamente nuevo. Según la reconstrucción de los hechos, Boeing tuvo conocimiento de este fallo por primera vez en noviembre de 2024, después de que una aerolínea alertara a la compañía. En febrero de 2025, se concluyó inicialmente que no representaba un problema de seguridad. La situación cambió con nueva información aportada por operadores durante 2026, lo que llevó al fabricante a iniciar una revisión más profunda. Este proceso culminó con el aviso enviado a las aerolíneas a finales de agosto y la revisión que la FAA mantiene abierta actualmente.
Este asunto ya está afectando tanto las entregas como los planes de Boeing para expandir la familia MAX. Algunas aerolíneas han solicitado recibir nuevos aviones con una versión anterior del software, mientras otras afirman operar con la versión investigada sin haber registrado incidentes asociados. Sin embargo, la consecuencia de mayor alcance afecta al 737 MAX 10: la FAA ha decidido retrasar su certificación hasta estar satisfecha con la resolución del problema, pocos días después de que Boeing asegurara que la aprobación de esta variante estaba muy cerca.
Todo esto ocurre, además, en torno a un avión que ha estado bajo una vigilancia excepcional durante años. Los accidentes de Lion Air JT610 en 2018 y Ethiopian Airlines ET302 en 2019, que resultaron en la muerte de 346 personas, provocaron la inmovilización mundial del 737 MAX y pusieron bajo escrutinio tanto su diseño como la supervisión de Boeing. En 2024, el incidente del MAX 9 de Alaska Airlines, que perdió el tapón de una salida de emergencia en vuelo, volvió a centrar la atención en los procesos de fabricación y control de calidad de la compañía.