La construcción de vivienda en España se frena por el aumento de costes, agravando el déficit habitacional

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España enfrenta un creciente déficit de vivienda, con el Banco de España estimando un faltante de 750.000 hogares que podría alcanzar el millón en dos años. A pesar de esta necesidad, la actividad constructora disminuye, no solo por burocracia o escasez de suelo, sino también por el significativo encarecimiento de los materiales y la energía, lo que complica aún más la situación del mercado inmobiliario.

España requiere un mayor número de viviendas. El Banco de España estima que la creación de nuevos hogares supera con creces la construcción de edificios, resultando en un déficit acumulado de 750.000 casas desde 2021. El organismo advierte que este desequilibrio podría incrementarse a un millón de viviendas en los próximos dos años. A pesar de esta disparidad y la severidad de la crisis residencial, la construcción no logra acelerar su ritmo. Esto se debe no solo a la burocracia o la limitada disponibilidad de suelo edificable, sino también a otro factor crucial: el aumento de los costes.

A pesar de la escasez de vivienda, el desequilibrio entre oferta y demanda y el incremento del precio por metro cuadrado, el sector de la construcción en España no atraviesa su mejor momento, al menos en términos de actividad. El último Índice de Producción del Sector de la Construcción (IPCO) publicado por el INE muestra una disminución interanual del 9,8% en julio, una caída considerable, aunque representa una mejora respecto al retroceso del 12% registrado el mes anterior. Estos datos son preocupantes, ya que el IPCO indica si la construcción ha aumentado o disminuido respecto al año previo. Los indicadores recientes revelan que el sector acumula siete meses consecutivos de descenso, sin señales de recuperación.

Estos porcentajes evidencian una pérdida de impulso en la construcción general, incluyendo obras de carreteras, puertos o ferrocarriles, entre otros proyectos de ingeniería pública y civil. Sin embargo, el IPCO revela un dato significativo: la caída del 9,8% se explica principalmente por el fuerte descenso en la construcción de edificios, que retrocedió un 35,2% en comparación con el verano anterior. Si se ajusta por el efecto estacional, la disminución es del 40,9%. Esto implica que no solo se construye menos que en 2025, sino que esta reducción se manifiesta principalmente en las obras de inmuebles, las mismas que deberían contribuir a inyectar nuevas viviendas en el mercado, equilibrar la oferta y la demanda y, en última instancia, corregir el alza de precios.

El panorama no es alentador, especialmente considerando que el Banco de España ha advertido que el déficit residencial continuará agravándose y podría alcanzar la cifra de un millón de viviendas en 2028. La OCU señala que “la actividad constructora en edificios marca un bajón que no ayuda a corregir el desequilibrio entre demanda y oferta de vivienda, con implicaciones en el precio”, y vincula esta disminución de la producción con una realidad conocida en el sector: “Construir vivienda se ha vuelto más difícil y más caro”.

¿Se ha encarecido tanto? Sí. Además de los obstáculos burocráticos para construir y la escasez o bloqueo de suelo urbanizable en las ciudades, el sector se enfrenta a un problema que impacta directamente en su rentabilidad: aunque las viviendas puedan estar encareciéndose en el mercado inmobiliario, los costes de construcción también lo hacen, y a un ritmo considerable. En julio, la Asociación Nacional de Constructores Independientes (ANCI) publicó un informe que concluye que durante los primeros cinco meses de 2026, el precio de los materiales bituminosos y la energía se disparó un 47%. Este aumento se suma a los registrados en los últimos años debido a la pandemia y la guerra de Ucrania. Lo más preocupante es que la situación no ha mejorado en los últimos meses, lo que ha llevado a ANCI a solicitar medidas excepcionales que consideren el incremento de gastos que soportan las constructoras. La petición se dirige principalmente a las obras públicas que se adjudican con un presupuesto ya establecido.

ANCI no es la única entidad que ha alertado sobre la evolución de los costes de construcción. A finales de junio, la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) manifestó al Gobierno su “máxima preocupación” por “la escalada de los costes de producción” y presentó dos cifras relevantes: la crisis energética derivada de la guerra de Oriente Medio ha afectado a cerca del 90% de las constructoras y el 56% reconoce haber ralentizado su actividad. Aproximadamente en las mismas fechas, la Asociación Nacional Española de Fabricantes de Hormigón Preparado (Anefhop) también advirtió sobre el “escenario crítico” al que se enfrentaba debido al aumento del precio del petróleo, sumado a “la presión salarial, escasez de transporte e incremento generalizado de costes”. Aunque el Brent corrigió su ascenso hace unos meses, ha vuelto a encarecerse. En general, todas las ramas del sector señalan el mismo conjunto de factores: la guerra de Irán, los costes salariales y el aumento acumulado en los últimos años.

¿Cuánto han subido? El índice de costes del sector de la construcción, publicado por el Gobierno, muestra una escalada sostenida en los últimos meses que se refleja tanto en las obras de edificación no residencial como en las destinadas a la creación de vivienda. Este incremento se suma al registrado en 2025, cuando ACR documentó una subida del 5,5% en los costes directos de construcción de edificios. Para entender la trayectoria de los precios, es útil consultar los gráficos del Instituto Valenciano de Edificación, que reflejan un encarecimiento en diversos materiales, como los bituminosos, con un aumento anual del 14,3%, aluminio (23,5%), áridos y rocas (5,1%), plásticos (4,2%), cemento (7,8%) o siderúrgicos (8,4%). Si se amplía el análisis a los últimos años, las subidas son aún más pronunciadas.