La NASA mantiene su confianza en la Boeing Starliner a pesar de incidentes previos y planifica nuevas misiones

Tecnologia
A pesar de una serie de incidentes significativos en sus primeros vuelos, incluyendo un prolongado retraso para el regreso de astronautas, la NASA ha decidido otorgar una nueva oportunidad a la nave espacial Boeing Starliner. Se ha programado un nuevo viaje tripulado para 2028, precedido por un vuelo de prueba sin tripulación, demostrando una persistente confianza en la capacidad de la nave para misiones futuras.

Los primeros viajes al espacio de la Boeing Starliner estuvieron lejos de ser ideales. Después de varios fallos en los intentos sin tripular, la NASA consideró que existían las garantías necesarias para llevar a cabo un trayecto con tripulación. Afortunadamente, los dos astronautas lograron llegar a la Estación Espacial Internacional (EEI), pero ocurrieron tantas incidencias que se estimó que el viaje de regreso podría ser peligroso. Por esta razón, la nave fue devuelta a la Tierra vacía y sus tripulantes tuvieron que esperar nueve meses en la EEI hasta poder regresar en una cápsula de SpaceX.

Después de todo esto, sería lógico esperar que la NASA hubiera perdido toda su confianza en la Starliner. Sin embargo, en contra de muchas predicciones, la agencia le dará otra oportunidad. El viaje está programado para 2028, aunque antes se realizará un ensayo sin tripulación.

El nuevo viaje de la Boeing Starliner se denominará Starliner-2 y se llevará a cabo en 2028, posiblemente a mediados de año. De momento, se sabe que el comandante de la tripulación será el astronauta Woody Hoburg, pero no hay más información sobre sus acompañantes.

La primera incidencia de la Boeing Starliner ocurrió en 2019, en lo que iba a ser su primer viaje a la EEI. Aunque el lanzamiento se produjo correctamente, un fallo en el sistema de temporización a bordo colocó la nave en una órbita incorrecta, impidiendo su acoplamiento a la estación. Más tarde, en 2022, sí que llegó a su destino, pero con dos propulsores averiados.

A pesar de todo, se decidió seguir adelante y lanzar un vuelo tripulado en 2024. Los astronautas Suni Williams y Butch Wilmore llegaron a la EEI, pero durante el viaje se registraron varias fugas de helio y fallaron 5 de los 28 propulsores del sistema de control de reacción (RCS). La estancia de la tripulación, que inicialmente estaba prevista para solo 10 días, se prolongó hasta 9 meses, ya que la nave fue devuelta a la Tierra vacía. Todo esto fue clasificado por la NASA como un accidente de tipo A, el más grave en su escala interna.

Lógicamente, en su momento se generó un gran revuelo. Los medios de comunicación de todo el mundo se llenaron de titulares sobre los astronautas varados en la EEI. No obstante, la NASA no perdió la confianza en la Boeing Starliner. Durante todo este tiempo, se ha estado investigando la causa de todos esos errores y se han buscado soluciones. Para empezar, se ha determinado que las fugas de helio provenían de la degradación de unas válvulas tras la exposición al oxidante del sistema de propulsión. Por ello, se ha cambiado el material del sellado de cara a los próximos lanzamientos.

Por otro lado, el fallo de los propulsores del módulo de la tripulación se debió a la corrosión causada por restos de hidracina, que también forma parte del sistema de propulsión, combinados con el CO2 atmosférico. Boeing ya ha implementado procedimientos para purgarlos y aislarlos.

Antes del lanzamiento de Starliner-2, la misión tripulada, se lanzará Starliner-1. Este será un ensayo sin tripulación que podría ponerse en marcha en diciembre o enero. Después de ese ensayo, está planeado terminar de modificar la válvula de los propulsores del módulo de servicio. También se instalarán nuevos propulsores y baterías y se realizarán pequeños cambios en los paracaídas. Por eso hay tanta distancia entre ambas misiones.

La idea es que haya muchas más misiones Starliner. Las que van desde Starliner-1 hasta Starliner-4 se lanzarán con un cohete Atlas V de ULA. Sin embargo, este ya no se fabrica y se retirará pronto. Por eso, a partir de Starliner-5, se planea usar el Vulcan Centaur, que aún no está certificado para vuelos tripulados. Esta certificación encarecerá aún más todas las mejoras que se han hecho a la nave para que pueda viajar de forma segura. En total, se calcula que la cifra asciende a 359 millones de dólares, de los cuales la NASA pagará una parte. Desde luego, eso es tener confianza ciega en la Boeing Starliner.