Para evitar futuras inundaciones como la de 1910, Francia emprendió en 1967 la construcción del Lac du Der-Chantecoq. Este embalse, de 48 km² y con capacidad para 350 millones de metros cúbicos, requirió la expropiación y desaparición de tres pueblos. Hoy, el lago no solo cumple su función hidráulica, sino que se ha transformado en un santuario para aves migratorias, atrayendo a miles de visitantes anualmente.
La devastadora inundación de París en 1910, con calles anegadas y el Sena alcanzando los 8,62 metros, impulsó a Francia a buscar una solución a gran escala para proteger su capital. La respuesta fue un embalse colosal, el Lac du Der-Chantecoq, diseñado para almacenar 350 millones de metros cúbicos de agua a unos 190 kilómetros de París, en un área que albergaba bosques, campos y tres pueblos.
El problema no se limitaba solo al Sena; el río Marne, que confluye con el Sena antes de atravesar París, también contribuía significativamente a las crecidas. Tras las grandes inundaciones de 1910 y 1924, Francia desarrolló una red de embalses aguas arriba para contener el exceso de agua antes de que llegara a la región parisina. El Lac du Der-Chantecoq se convertiría en el mayor de ellos, ubicado en la Champaña húmeda.
Las obras comenzaron en 1967 y alteraron drásticamente el paisaje. Cuando el embalse entró en funcionamiento en 1974, Francia había creado una extensión artificial de 48 km², con 77 kilómetros de orillas y la capacidad de almacenar hasta 350 millones de metros cúbicos de agua.
Su funcionamiento es similar al de una gran esponja: durante los meses de mayor riesgo, retiene parte de las aguas del Marne y, cuando el caudal disminuye, las devuelve al río. De esta manera, París obtuvo un gigantesco colchón hidráulico ubicado casi 200 kilómetros aguas arriba.
Sin embargo, la construcción del lago implicó un alto costo social. Los pueblos de Chantecoq, Champaubert-aux-Bois y Nuisement-aux-Bois ocupaban parte del territorio destinado al nuevo embalse. Cientos de habitantes fueron expropiados y obligados a abandonar sus hogares, mientras el paisaje era modificado para recibir el agua: viviendas derribadas o quemadas, bosques talados y tierras agrícolas eliminadas.
No se trató de la desaparición repentina de tres localidades intactas bajo el agua, sino de comunidades desmanteladas deliberadamente antes de inundar el territorio. Francia construía una infraestructura de interés general, pero el precio fue borrar tres municipios del mapa.
No todo desapareció por completo. Parte de las construcciones tradicionales de Nuisement-aux-Bois fue rescatada y trasladada, y hoy forma parte de un museo dedicado a preservar la memoria de las localidades perdidas. El vestigio más notable es la iglesia de Saint-Laurent de Champaubert, que, al estar suficientemente elevada, escapó del agua y permaneció en pie después de que el pueblo que la rodeaba desapareciera. Cuando el nivel del embalse desciende, el paisaje incluso permite vislumbrar restos y antiguas trazas del territorio donde se extendían aquellas comunidades.
La gran paradoja surgió después. Un espacio creado artificialmente para controlar inundaciones desarrolló humedales, zonas poco profundas y vastas superficies de agua que resultaron ideales para las aves migratorias. Las grullas cenicientas encontraron allí un refugio seguro para dormir, protegidas de depredadores, y campos cercanos para alimentarse durante el día. Lo que había nacido como una gigantesca obra de ingeniería se transformó también en uno de los principales enclaves ornitológicos de Francia.
Un hecho insólito ocurrió el 3 de noviembre de 2019, cuando voluntarios de la LPO Champagne-Ardenne contabilizaron 268.120 grullas cenicientas abandonando el lago al amanecer. Esta concentración excepcional fue provocada por condiciones meteorológicas que habían acumulado una enorme cantidad de aves durante su migración hacia el sur. La cifra ilustra el profundo cambio del lugar: donde medio siglo antes había pueblos, viñedos, explotaciones agrícolas y bosques, ahora podían concentrarse cientos de miles de aves en un solo día.
Hoy, el Lac du Der recibe alrededor de un millón de visitantes al año y es difícil imaginarlo sin agua. Sin embargo, su aspecto actual es el resultado directo de una de las mayores transformaciones territoriales de la Francia del siglo XX: un valle fue sacrificado para regular el Marne y mitigar las consecuencias de las crecidas aguas abajo.
Medio siglo después, los nombres de Chantecoq, Champaubert-aux-Bois y Nuisement-aux-Bois perduran en museos, recuerdos y calles de Vitry-le-François. El inmenso lago que ocupó su lugar sigue cumpliendo la función para la que fue construido en 1974: almacenar agua antes de que continúe su curso hacia París.