Drones de combate en Ucrania alcanzan velocidades de Fórmula 1: la nueva fase de la guerra aérea

Tecnologia
La confrontación en Ucrania ha alcanzado una nueva dimensión en la guerra de drones, con aeronaves no tripuladas rusas propulsadas por reactores volando a altas velocidades y altitudes. Ucrania ha respondido desarrollando interceptores especializados para perseguir y derribar estos objetivos, marcando un hito en la evolución de la tecnología de combate no tripulado.

La guerra de drones en Ucrania ha superado una barrera antes reservada a misiles y aviones de combate: ahora hay drones persiguiendo a otros drones a velocidades comparables a las de la Fórmula 1. Rusia ha comenzado a desplegar en cantidades crecientes drones Geran propulsados por reactores, capaces de volar mucho más rápido y alto que los anteriores Shahed de hélice. Ucrania, por su parte, ha desarrollado interceptores diseñados específicamente para cazarlos.

El cielo ucraniano ha cambiado drásticamente. Una cámara térmica muestra cómo se aproxima a un Geran-5 ruso hasta casi alcanzarlo. Según la Fundación Serhiy Prytula, el objetivo fue destruido mientras volaba a 425 km/h y a más de tres kilómetros de altitud, por un interceptor de una unidad antiaérea ucraniana. A modo de referencia, el récord de velocidad de un Fórmula 1 modificado fue de aproximadamente 397 km/h, y el tren Shinkansen japonés circula comercialmente a unos 320 km/h. Ucrania ya había anunciado en diciembre que uno de sus interceptores había alcanzado 400 km/h en pruebas, y ahora asegura haber llevado esas velocidades al combate.

Los Shahed-136 o Geran-2, que Rusia ha utilizado durante años, eran relativamente lentos, lo que permitió a Ucrania desarrollar pequeños y económicos interceptores para perseguirlos y destruirlos. Moscú ha respondido introduciendo progresivamente los Geran-3, Geran-4 y Geran-5 con propulsión a reacción. El Geran-4 incorpora una estructura reforzada, una aerodinámica diseñada para el vuelo rápido y un turborreactor de mayor empuje que, según análisis citados por Radio Free Europe/Radio Liberty, le permite alcanzar entre 450 y 500 km/h y operar hasta unos ocho kilómetros de altura. El Geran-5 va aún más lejos: la inteligencia ucraniana le atribuye una velocidad máxima cercana a los 600 km/h.

Este salto no solo hace al Shahed un dron más rápido, sino que reduce drásticamente la ventana disponible para detectarlo, perseguirlo y destruirlo. Los interceptores efectivos contra los Geran de hélice comenzaron a quedarse atrás frente a las nuevas variantes a reacción, obligando a Ucrania a recurrir en algunos casos a sistemas mucho más sofisticados, incluidos sus F-16. En este sentido, el problema es económico: derribar drones producidos en masa con misiles antiaéreos avanzados puede convertirse rápidamente en una batalla de desgaste, precisamente la ecuación que los interceptores económicos habían comenzado a corregir.

Kiev asegura haber probado con éxito cuatro nuevos modelos de interceptores destinados específicamente a perseguir Shahed a reacción y está tratando de ampliar su producción. Entre los proyectos conocidos está el Sting S de Wild Hornets, una evolución de sus pequeños interceptores con mayor velocidad y carga explosiva que, según la empresa, ya ha derribado durante las pruebas de combate alrededor de una docena de Geran-4 y varios Geran-5, aunque estas cifras no han podido verificarse independientemente. El objetivo sigue siendo el mismo que hizo atractivos a estos sistemas desde el principio: conseguir una máquina suficientemente rápida para cazar al atacante sin tener que gastar un misil mucho más caro en cada intento.

Rusia está convirtiendo progresivamente estos aparatos en armas bastante más sofisticadas que los primeros Shahed programados para volar hacia unas coordenadas. Algunos Geran-4 examinados en Ucrania incorporan cámaras diurnas, nocturnas e infrarrojas, módems celulares y enlaces capaces de transmitir vídeo casi en tiempo real, mientras que determinadas configuraciones permiten introducir al operador humano en el circuito de ataque. En el Geran-5 se han identificado además sistemas de navegación mediante imágenes del terreno, conceptualmente similares a los empleados por misiles de crucero, reduciendo su dependencia de la navegación por satélite. Velocidad, conectividad y autonomía están empezando así a converger en la misma plataforma.

Ahí radica la paradoja de esta nueva carrera tecnológica. Para destruir drones rusos cada vez más rápidos, Ucrania necesita interceptores con motores, comunicaciones y prestaciones superiores, lo que inevitablemente eleva su coste y complejidad. Rusia, mientras tanto, intenta industrializar sus nuevas variantes y la inteligencia ucraniana estima una producción conjunta de Geran-4 y Geran-5 de alrededor de 3.000 unidades mensuales. La guerra que comenzó enfrentando drones baratos de hélice está empujando a ambos bandos hacia máquinas que se parecen cada vez más, en prestaciones y funciones, a pequeños misiles de crucero.

La historia de los Shahed en Ucrania se ha convertido en un ciclo acelerado de innovación y contramedidas: Rusia introduce una mejora, Ucrania encuentra una forma barata de neutralizarla y Moscú vuelve a modificar el arma para recuperar la ventaja. La aparición de los Geran a reacción ha trasladado ahora esa competición al terreno de la velocidad, obligando a construir interceptores capaces de perseguir objetivos a más de 400 km/h, mientras algunos de sus blancos pueden acercarse a los 600. La Fórmula 1 sirve hoy como comparación certera, aunque al ritmo al que está evolucionando esta guerra, puede que pronto deje de serlo.