La preocupante disminución del arbolado urbano en ciudades españolas: ¿Miedo, urbanismo o falta de gestión?

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Las ciudades españolas están experimentando una significativa reducción de su arbolado urbano, generando preocupación entre los ciudadanos y colectivos ecologistas. Fenómenos meteorológicos extremos, un modelo urbanístico que prioriza el hormigón y la falta de mantenimiento adecuado son algunas de las causas señaladas. Mientras los ayuntamientos prometen reponer los ejemplares, las protestas vecinales y las cifras de árboles talados no dejan de aumentar, planteando interrogantes sobre la gestión y el futuro verde de nuestras urbes.

"Gracias por tu sombra". Con este mensaje, los vecinos de La Paz en Málaga despidieron un ficus que, tras partirse por la mitad en la noche del 30 al 31 de agosto, fue cortado por completo por el Ayuntamiento. Aunque se prometió su reposición, la incertidumbre sobre cuándo ocurrirá ha provocado dos protestas ciudadanas. Este incidente se suma a una tendencia creciente que lleva a preguntarse qué está sucediendo con los árboles en las ciudades españolas.

Una hipótesis que explica parte de la situación es el miedo generado por los fenómenos meteorológicos extremos. Temporales como Filomena, la DANA y las ciclogénesis explosivas dejan imágenes recurrentes de árboles derribados o ramas caídas. Solo Filomena obligó a talar o tumbó 94.115 árboles en Madrid, lo que representa el 5,5% del arbolado municipal. Esta realidad lleva a percibir los árboles primero como una amenaza y, solo después, como una fuente de sombra o protección, especialmente durante los veranos calurosos. El segundo temor es el de los incendios, que asocian los árboles con "combustible". Ante esta percepción, y a pesar de medidas como el saneamiento de lindes o los anillos forestales, en muchas ciudades se opta por la tala como medida preventiva.

A este miedo se añade un modelo urbanístico que prioriza espacios duros, con plazas pavimentadas y obras en las que el arbolado se considera un estorbo para el mantenimiento. Datos del Ayuntamiento de Madrid, recogidos por Somos Madrid, muestran una disminución alarmante: de 400.739 árboles maduros en 2019 se pasó a 322.123 en 2022, una caída de casi el 20% (sin incluir la Casa de Campo), y del 22% en las calles. La mayor parte de este descenso, unos 59.000 ejemplares, se produjo en 2022. La situación de Málaga se repite en otras ciudades, donde los ayuntamientos invocan la seguridad y prometen nuevas plantaciones, lo que a menudo va seguido de peticiones ciudadanas de informes técnicos y revisiones.

En Zaragoza, la plaza de San Miguel, que antaño albergaba 39 árboles antiguos, ahora solo conserva unos 20, según el colectivo ecologista Mesa del Árbol. Aunque el proyecto inicial prometía 27 nuevos árboles, el Ayuntamiento anunció 14, complementados con una pérgola metálica y nebulizadores, lo que se percibe como una solución artificial frente a lo natural. El colectivo argumenta que la sombra generada es insuficiente y que la solera de hormigón daña las raíces de los árboles supervivientes. La asociación ANSAR añade que más de la mitad de los árboles que debían conservarse ya han sido talados, denunciando además raíces al aire y vertidos de cemento. La Federación de Barrios estima una pérdida de 10.000 árboles en la ciudad desde 2022. El Consistorio justifica las talas no por capricho, sino para evitar mantenimiento extra del alcantarillado, ahorrar en jardinería y permitir más luz a los pisos bajos.

En Toledo, desde hace años se solicita la reposición de cada árbol talado. A pesar de las protestas, en el polígono residencial hay unos 400 árboles menos que hace un lustro, principalmente cipreses, fresnos y cedros que llevaban décadas en el Parque Lineal y la Avenida Valdemarías. El PSOE local ha reclamado al Ayuntamiento explicaciones sobre la falta de revisiones y el abandono de los árboles.

En A Coruña, la alcaldesa asegura que se planta el doble de lo que se corta, y los datos municipales indican 0,6 árboles por metro en 2024, frente a 0,2 en 2021. Sin embargo, en la plaza de Ourense, chopos de 25 metros que proporcionaban sombra a toda la plaza fueron talados por pudrición, generando protestas. En la calle Juan Castro Mosquera se eliminaron 9 ejemplares, y en el parque de Santa Margarita, siete eucaliptos con daños estructurales. En el jardín de San Carlos, los seis olmos protegidos restantes murieron a causa de la grafiosis y, según la oposición, también por la reforma del jardín.

Madrid ya contaba con precedentes como la plaza del Carmen, donde 59 árboles fueron eliminados por una reforma de aparcamiento. En Santa Ana, se talaron 28 y se trasplantaron 19 de 54 árboles. La presión vecinal logró reducir las talas a cinco, pero Más Madrid contabilizó posteriormente más de 25. En Carabanchel, colectivos de Eugenia de Montijo denunciaron 188 talas y 95 trasplantes por la urbanización de la antigua cárcel.

Es cierto que muchos árboles están enfermos. En Toledo, el concejal de Medio Ambiente reconoció ejemplares "muy dañados" tras la borrasca Filomena y años de problemas acumulados. La caída de ramas en la plaza de la Bellota y en el Corralillo de San Miguel fue seguida por la tala del olmo de San Agustín. El problema radica en la reposición: Toledo prometió reponerlo y plantar 3 ejemplares nuevos en la próxima campaña de plantación. Zaragoza describe en su web que la retirada de árboles secos, enfermos o peligrosos "genera nuevos alcorques vacíos", y ha dejado de reponer pinos. La metodología no es siempre la misma: en Málaga, tras el incidente de una rama de eucalipto que hirió a dos jóvenes, el Ayuntamiento activó un plan de refuerzo para árboles de gran porte. En Zaragoza, la caída de un pino en unas obras llevó a la sustitución de otros 18. Según fuentes municipales, Málaga ha realizado 31.085 actuaciones en su arbolado este año, con 1.133 talas y su reposición. Zaragoza, con casi 172.000 posiciones arboladas, destaca su mayor periodo de plantaciones en años, con 193 árboles en Torrero-La Paz, 108 en San José y 71 en Las Fuentes.

En Barcelona, la sequía ha sido un factor determinante. En plena emergencia, el Ayuntamiento carecía de camiones y personal para regar manualmente los 250.000 árboles urbanos, lo que obligó a priorizar ejemplares. La ciudad prevé cerrar 2025 con 6.214 árboles replantados de los 7.500 necesarios, un 80%. El arbolado se revisa al menos una vez cada dos años, aunque la edad del árbol es crucial. Barcelona también planea una tala significativa: reducirá sus plataneros, que actualmente son 43.722 y representan el 27,45% del arbolado, hasta un 12% en 2037, con un tope del 15% por especie.

En Valencia, el problema de los alcorques vacíos es persistente. En 2022, el PP denunció 3.616 huecos, un 41% más que dos años antes. En abril de 2026, Compromís reporta 4.961 alcorques vacíos o con árboles muertos, frente a los 4.690 reconocidos por la Concejalía en octubre de 2025. El Ayuntamiento respondió con 762 árboles nuevos en la campaña 2025-2026 y 644 más en la reforma de Giorgeta y Pérez Galdós. El miedo a los temporales sigue presente; tras la tormenta del 16 de septiembre, el Jardín del Túria permaneció cerrado una semana para inspeccionar los árboles. Se ha demostrado que los árboles protegidos suelen sobrevivir mejor.

El hormigón y el asfalto retienen calor durante el día y lo liberan por la noche. Un estudio de la Universidad de Granada midió 19 especies bajo la copa y encontró que 5 de ellas reducían la temperatura hasta 3,5 °C. ISGlobal estima que una cobertura arbórea del 30% podría evitar un tercio de las muertes por isla de calor. Un árbol adulto cumple esta función, mientras que un plantón tarda al menos 20 años en hacerlo, según vecinos de Santa Ana. El año pasado, 'Termomerada 2025' alertó sobre las islas de calor en 67 municipios. Este año, varias organizaciones se han unido en el proyecto 'Ecomapeo Estatal – ¡Aquí falta un árbol!', una auditoría ciudadana en más de 150 municipios para evidenciar las carencias arbóreas.

La Mesa del Árbol de Zaragoza, creada este verano, reclama una mesa institucional, ya que la Comisión de Biodiversidad no se reúne desde 2016. En Carabanchel, los vecinos organizaron una ruta para visibilizar el arbolado. En Toledo, la oposición exige informes técnicos de cada tala: el PSOE lo hizo en 2025 por 10 árboles cerca del Cristo de la Vega, y Sumar lo repite ahora por el olmo de San Agustín. En Málaga, Podemos e Izquierda Unida registraron 26 preguntas sobre un solo ficus. La falta de reuniones es evidente: Toledo lleva 318 días sin Consejo Ambiental, Zaragoza una década, y Sevilla, con una promesa de plantar miles de árboles, se enfrenta a 17.000 alcorques vacíos, 7.000 más que en 2021. La Mesa Ciudadana del Árbol ya reclamaba la reactivación del comité consultivo, mientras Ecologistas en Acción denunciaba que el Consejo Asesor de la Agencia para la Energía, Clima y Sostenibilidad no se reunía desde noviembre de 2022. El pasado verano, Mecuidas (la Mesa Ciudadana del Árbol) no logró una reunión fructífera y constató que muchos de los árboles plantados en 2025 se secaron en 2026. La tala preventiva es solo un parche y sin debate no hay soluciones duraderas.