Nuevos Hallazgos Revelan que la Peste Negra Persistió en Europa Durante Cuatro Siglos Más Allá del Brote Inicial

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Un reciente estudio liderado por la Universidad de Tartu (Estonia) ha desvelado que la Peste Negra, causada por la bacteria Yersinia pestis, no fue un evento único entre 1347 y 1353, sino que resurgió en múltiples oleadas durante más de cuatro siglos. Esta investigación complejiza la historia conocida de la pandemia, mostrando cómo factores como conflictos armados y cambios climáticos facilitaron su propagación y diversificación genética, extendiendo su impacto en Europa hasta el siglo XVIII.

La historia de Europa está marcada por guerras, crisis y hambrunas, pero pocos episodios son tan devastadores como la peste negra, una epidemia que causó la muerte de millones de personas en la Edad Media. Algunos cálculos sugieren que en ciertas regiones del continente la mortalidad alcanzó niveles alarmantes, cercanos al 60%. Aunque los historiadores saben desde hace tiempo que la Yersinia pestis provocó estragos entre los siglos XIV y XVIII, la atención suele centrarse en el brote masivo registrado entre 1347 y 1353, conocido como la 'muerte negra'. Ahora, un estudio ha revelado nuevos detalles sobre su historia más allá del siglo XIV, mostrando una crónica más compleja de lo que se creía.

Cuando se habla de la peste negra, se suele hacer referencia a la epidemia que asoló el Viejo Mundo entre 1347 y 1353, un brote no especialmente prolongado, pero que cobró millones de vidas. Esto podría llevar a pensar que el patógeno causó un único episodio. Sin embargo, la realidad, como ha recordado un estudio liderado por la Universidad de Tartu (Estonia), es mucho más compleja y exige mirar más allá del siglo XIV, hacia un amplio período de varios siglos.

Lo que han constatado Marcell Keller y sus colaboradores es que los europeos no superaron la enfermedad en 1353. Por el contrario, la enfermedad no desapareció después de aquel primer brote devastador, sino que continuó reapareciendo en "oleadas recurrentes" durante más de cuatro siglos, afectando a la sociedad y la economía de Europa e incluso más allá, fuera del Viejo Mundo. "En lugar de persistir en un único lugar tras la peste negra, la peste reapareció repetidamente en diferentes partes de Europa a lo largo de varios siglos, creando múltiples focos nuevos", explican desde la Universidad de Tartu. Por ejemplo, los investigadores han comprobado que la enfermedad llegó en "múltiples ocasiones" a Estonia durante gran parte de la conocida como Segunda Pandemia de Peste, lo que demuestra las "estrechas conexiones" entre las regiones del continente.

La peste se propagó con la ayuda de dos grandes aliados. Uno, fundamental, fueron los conflictos armados. Los investigadores obtuvieron muestras de brotes asociados a la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y la Gran Guerra del Norte (1700-1721). Esto no es sorprendente si se considera que el patógeno se difundía aprovechando las rutas utilizadas por los comerciantes, pero también por los ejércitos y los refugiados. La otra palanca que pudo favorecer su difusión fue el clima, en concreto la Gran Sequía del Renacimiento, registrada hacia 1540.

Los investigadores descubrieron más. No solo la crónica de la peste se extiende más allá de 1353, sino que con el paso del tiempo la historia de la bacteria causante de la enfermedad se volvió más compleja. Keller y sus colegas han detectado una "importante expansión" de los linajes de la peste hacia 1450 o 1500, cuando la Yersinia pestis se diversificó en tres ramas principales que pudieron establecer reservorios entre los roedores silvestres. "Encontramos pruebas de repetidas introducciones de la peste en Estonia que comenzaron ya a finales del siglo XIV e identificamos varios linajes genéticos previamente desconocidos, tanto en entornos urbanos como rurales", explica la profesora Kristiina Tambets.

Quizás parezca un simple ejercicio de investigación histórica, pero la realidad es que el estudio tiene aplicaciones valiosas en la actualidad. Para empezar, la Yersinia pestis no ha desaparecido. Aunque se suele asociar la peste a la Edad Media, lo cierto es que no es una enfermedad erradicada y aún se cobra vidas hoy en día. Según el Instituto Robert Koch, cada año se notifican hasta 3.000 casos, sobre todo en la República Democrática del Congo, Uganda y Madagascar, aunque también se registran casos esporádicos en Estados Unidos. En Europa ya no representa una amenaza para la salud pública, pero aun así la Universidad de Tartu recuerda que comprender cómo la dolencia evolucionó tras el brote fatídico de 1347-1353 puede ayudar a los científicos a entender mejor la dinámica de las enfermedades infecciosas a largo plazo. Dicho de otro modo, les proporciona nuevas claves para entender cómo surgen, se propagan y persisten las enfermedades causantes de pandemias a lo largo de los siglos.

Los investigadores han analizado muestras de 11 yacimientos arqueológicos de Estonia, Rusia, Inglaterra, Países Bajos y Suiza. Es una colección interesante tanto por el territorio que abarca como porque comprende varios siglos, del XIV al XVIII, cubriendo gran parte de la Segunda Pandemia de Peste. Gracias a ese material, reconstruyeron 26 genomas de la bacteria. La tarea no fue fácil porque, como recuerdan los científicos, no es lo mismo analizar muestras de enfermedades recientes que otras con siglos de antigüedad que presentan un desafío: ¿Cómo relacionar los genomas con brotes históricos? "Con la Covid-19 los científicos pudieron reconstruir la propagación de cepas individuales con gran precisión porque los genomas venían con marcas de tiempo exactas. En pandemias históricas, esas marcas de tiempo suelen faltar o pueden abarcar más de 100 años, lo que limita nuestra capacidad para interpretar los datos genéticos", comenta Keller. Para superar este obstáculo, el equipo desarrolló un método que permite mejorar los intervalos de datación de las muestras.