Las 'Estupas de Hielo' de Ladakh: Una Solución Ingeniosa Contra la Escasez Hídrica en el Desierto Indio

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En el desierto de Ladakh, a más de 3.000 metros de altura, ingenieros han desarrollado un sistema para almacenar agua de glaciares durante el invierno. Conocidas como 'estupas de hielo', estas estructuras cónicas buscan combatir la escasez hídrica y adaptar el deshielo a las necesidades agrícolas, permitiendo a los agricultores sembrar en los meses adecuados. Este ingenioso método es un testimonio de la lucha humana contra las adversidades climáticas.

En enero, durante la madrugada, en medio de un desierto a más de 3.000 metros de altitud, un chorro de agua es lanzado hacia el cielo. Las gotas no caen como líquido; se congelan en el aire y, noche tras noche, capa a capa, forman una imponente estructura de hielo que alcanza entre 30 y 50 metros de altura. Aunque parezca un prodigio, las estupas de hielo de Ladakh representan mucho más: la lucha del ser humano no solo contra la sed, sino principalmente contra el calendario.

Para entenderlo, debemos saber que Ladakh es un desierto frío situado al norte de la India, donde las precipitaciones anuales son inferiores a 50 mm. El 80% de sus agricultores dependen del agua proveniente de los glaciares. Hasta ahora, esta dependencia no había representado un problema grave. Sin embargo, el deshielo sigue su propio ritmo: los glaciares comienzan a liberar agua únicamente en junio o julio, cuando lo ideal sería disponer de ella en abril o mayo, coincidiendo con la temporada de siembra. Por el contrario, los arroyos bajan caudalosos durante el invierno, un periodo en el que nadie puede aprovechar ese recurso.

Fue entonces cuando apareció Chewang Norphel. A finales de los años 80, este ingeniero concibió la idea de desviar esos arroyos hacia laderas que permanecieran en sombra. Se construyeron pequeños muros de piedra, logrando congelar una parte considerable de esa agua en finas láminas, lo que permitió abastecer las plantaciones de la región.

El ejemplo más citado se encontraba en Phuktsey, con una longitud de aproximadamente 300 metros, y suministraba agua a unas 700 personas. No obstante, el sistema no era perfecto. Requería sombra y una altura suficiente para evitar un deshielo prematuro, lo que dificultaba su generalización.

En 2013, se dio un paso adelante. Otro ingeniero, Sonam Wangchuk, propuso dejar de extender el hielo y comenzar a apilarlo. El método de Norphel creaba piscinas poco profundas para almacenar el agua congelada, mientras que el de Wangchuk generaba conos que, por su propia estructura, exponían menos hielo al sol. Esto permitía retrasar significativamente el deshielo.

Para su implementación, se diseñó una canalización que llevaba el agua a las aldeas, donde se formaban grandes conos de hielo para ser utilizados cuando fuera necesario. El prototipo, creado en octubre de 2013, medía unos seis metros, almacenaba aproximadamente 150.000 litros y se mantuvo congelado hasta el 18 de mayo. Su éxito fue tan notable que, en 2017, ya se había difundido ampliamente.

Pero, ¿qué ha sucedido desde entonces? En esta década, según reconoce Nishant Tiku, director del proyecto, se ha logrado almacenar algo más de 67 millones de litros de capacidad en 24 aldeas. Sin duda, es una cifra considerable para un solo asentamiento; sin embargo, en una región con unos 300.000 habitantes, resulta insuficiente. ¿Tiene futuro este proyecto? La respuesta no es clara. Hasta donde se sabe, Wangchuk estuvo detenido durante 170 días entre 2025 y 2026, acusado de incitar unas protestas en Leh donde la policía causó la muerte de cuatro personas. Aunque él niega los cargos, la administración de Ladakh retiró su apoyo a otra de sus iniciativas. El desenlace de esta situación es incierto.

Más allá de estas circunstancias, resulta inspirador observar cómo la humanidad persiste en explorar las mismas ideas. Ya sea en los desiertos de la India o en las acequias de Sierra Nevada, el mundo continúa luchando tenazmente para asegurar el suministro de agua donde y cuando se necesita.