La inteligencia artificial se ha integrado progresivamente en el ámbito educativo, generando un debate sobre su impacto en la capacidad de comprensión de los jóvenes. Recientes estudios, incluido el informe PISA 2025, sugieren que el uso indiscriminado de la IA para tareas académicas puede estar asociado con un descenso en el rendimiento, aunque la formación específica en alfabetización digital podría mitigar estos efectos negativos.
La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta cada vez más común en institutos y universidades, utilizándose como referencia para la elaboración de trabajos, la resolución de problemas o la comprensión de conceptos. Sin embargo, su creciente presencia no está exenta de controversia, ya que diversas voces sugieren que podría estar afectando la capacidad de comprensión de las nuevas generaciones.
Este debate se ha intensificado a raíz de un reportaje de The Wall Street Journal, el cual propone restringir el acceso a la IA a mayores de 21 años, basándose en una investigación del MIT sobre sus efectos en los estudiantes.
Hace algunos años, se creía que el futuro de la educación estaría fuertemente influenciado por la tecnología, impulsando la adaptación de las aulas con pizarras digitales y la dotación de dispositivos como portátiles o tabletas a los alumnos. El objetivo era emular modelos educativos considerados superiores. No obstante, el informe PISA 2025 de la OCDE ha arrojado resultados desalentadores: los estudiantes que emplean la IA para tareas específicas, como resumir o redactar trabajos, obtienen peores puntuaciones en ciencias que aquellos que no la utilizan. Esta penalización se estima en unos 20 puntos, lo que equivale a aproximadamente un año de escolarización perdido. Sin embargo, el informe también matiza que quienes usan estas herramientas con regularidad y, además, reciben formación escolar específica en alfabetización en IA, puntúan ligeramente por encima de la media.
En España, las estadísticas reflejan una adopción masiva, con un 54% del alumnado reconociendo el uso de chatbots para aprender; de estos, un 40% los emplea para resumir y un 30% para redactar trabajos.
Considerando este nivel de uso, los datos del informe PISA muestran un claro retroceso respecto a 2022, con una caída de 23 puntos en lectura, 16 en matemáticas y 8 en ciencias. Este panorama se enmarca en un contexto global complejo, donde la comprensión lectora en toda la OCDE ha disminuido 28 puntos en la última década.
Ensayos clínicos, como el realizado en la Universidad de Pensilvania con casi mil estudiantes de matemáticas, demostraron que el uso de un modelo estándar como GPT-4 mejoraba el rendimiento a corto plazo, pero comprometía el aprendizaje real. Al retirar el acceso a la herramienta en un examen posterior, el grupo que había dependido de la IA para estudiar rindió un 17% peor que el grupo de control. La solución propuesta en este mismo estudio es la creación de un "tutor IA" que no proporcione respuestas directas, sino que guíe al estudiante en su búsqueda. Esto busca evitar la "pereza metacognitiva" que permite a un alumno resolver un problema rápidamente sin realizar un esfuerzo mental.
En el ámbito emocional, un ensayo del MIT encontró que el uso diario e intensivo de la IA se correlacionaba con una mayor soledad, dependencia y una menor socialización. La Asociación Americana de Psicología ya ha alertado sobre la dificultad que pueden tener los jóvenes para distinguir la "empatía simulada" de un chatbot de la comprensión humana genuina.
A pesar de estos hallazgos, no se debe demonizar el uso de la IA, sino comprender cómo utilizarla de manera efectiva. Emplearla como un sistema de ayuda y guía, en lugar de un solucionario inmediato para cualquier problema, podría ser la clave para aprovechar al máximo sus beneficios.