La implementación de la inteligencia artificial en Wall Street está provocando una reestructuración significativa en las plantillas. Lejos de la expectativa inicial de reducir personal, las grandes entidades financieras están priorizando la contratación de perfiles especializados en orquestar agentes de IA y en la gobernanza responsable de esta tecnología. Esta tendencia refleja una evolución en la estrategia de adopción de la IA, buscando maximizar su potencial mientras se mitigan los riesgos inherentes.
Durante meses, Wall Street ha enfocado su discurso en la eficiencia, buscando lograr más con menos recursos. En este contexto, la inteligencia artificial (IA) se presentó como una herramienta para reducir el número de analistas, disminuir el papeleo y formar plantillas con agentes de IA trabajando sin interrupción. Sin embargo, las entidades financieras han descubierto que la eliminación de empleos no es la dirección adecuada.
De repente, en las ofertas de empleo de bancos y gestores de fondos, ha surgido una demanda creciente por un perfil específico: profesionales capaces de actuar como directores de orquesta para los agentes de IA. Miles de vacantes han aparecido con esta descripción.
Según datos de la plataforma de contratación Draup, las ofertas laborales relacionadas con la IA en grandes entidades de gestión de fondos de inversión como JPMorgan, Citi y Capital One sumaron 139.819 este año, lo que representa un aumento del 49% respecto a 2025. En contraste, y según información de Forbes, los grandes bancos eliminaron más de 5.000 puestos de trabajo durante el primer trimestre, a pesar de haber registrado beneficios récord.
Jamie Dimon, CEO de JPMorgan, describe esta situación como una reestructuración de plantilla, afirmando que "contrataremos a más gente de IA y a menos banqueros en ciertas categorías". Su plan para el resto de los empleados se basa en la rotación natural, estimando entre 25.000 y 30.000 salidas anuales.
Los datos de Draup resaltan que, más allá de ingenieros para desarrollar modelos de IA, las empresas financieras buscan perfiles capaces de orquestar e integrar el trabajo de los agentes de IA en los procesos de la compañía. Estos profesionales se encargan de diseñar equipos de agentes de IA que se distribuyen tareas, como un agente revisando datos brutos, otro analizando documentos y un tercero verificando la normativa. Las menciones de estas habilidades en las ofertas de empleo crecieron un 1.721% en el último año. "Podría decirse que esta es la habilidad más demandada en Wall Street", afirmó Vijay Swaminathan, CEO de Draup.
Además de la demanda de "capitanes" para los equipos de agentes de IA, también se observa un crecimiento considerable en otra categoría orientada a establecer límites. Las menciones de perfiles con habilidades en Inteligencia Artificial Responsable (Responsible Artificial Intelligence) aumentaron un 657%, las de gobernanza de IA un 394% y las de gestión de riesgos un 359%. En total, las referencias a la gobernanza general de la IA suman más de 16.000 nuevas ofertas, casi el doble de las 8.400 vacantes para entrenar y operar modelos de IA.
Esta demanda de perfiles en gobernanza de la IA tiene su lógica. La guía de riesgos publicada por los reguladores estadounidenses en abril excluye la IA generativa y agéntica por ser tecnologías nuevas y en constante evolución. Cada banco debe establecer sus propios límites y controles para evitar que la IA opere sin restricciones, poniendo en riesgo el dinero de sus clientes. Una encuesta de KPMG indica que el 51% de los bancos ya están probando agentes de IA en sus operaciones, lo que convierte la incorporación de personal supervisor en una prioridad.
Se ha demostrado que apostar por la IA sin fortalecer un sistema de control puede no producir buenos resultados. Project OT fue el plan de Meta para que la IA realizara el trabajo diario de hasta el 60% de los empleados en algunos de sus equipos. En mayo, la compañía ejecutó la primera fase de su reestructuración, despidiendo al 10% de su plantilla. Poco después, datos internos revelaron que los incidentes técnicos y de seguridad aumentaron un 40%, y el tiempo para solucionarlos se incrementó un 70%. Zuckerberg canceló la segunda ronda de despidos prevista y reconoció el error en los tiempos. Ford experimentó una situación similar con su control de calidad, recontratando a ingenieros veteranos para supervisar el trabajo de los algoritmos utilizados en su cadena de producción.