Residentes de La Carrascosa, en la urbanización La Moraleja, expresan su descontento tras la repentina aparición de una torre de alta tensión de 47 metros, a escasos metros de sus hogares. La estructura, parte del suministro eléctrico para el desarrollo urbanístico de Valdebebas, fue erigida sin previo aviso a los vecinos ni al Ayuntamiento de Alcobendas, generando preocupación por la salud y el valor inmobiliario de la zona.
Hace un par de semanas, sin previo aviso ni reuniones informativas, los vecinos de La Carrascosa, en la urbanización de lujo La Moraleja, se encontraron con la instalación de una estructura metálica de 47 metros. Esta torre se sitúa a menos de 40 metros de algunos salones y a muy poca distancia de las viviendas más próximas, con una altura equivalente a un edificio de 15 plantas, y se alza frente a jardines con piscina.
La queja vecinal se fundamenta, en parte, en la preocupación por una exposición continuada y a largo plazo. El origen de la instalación radica en la necesidad de suministro eléctrico para La Solana de Valdebebas, un desarrollo urbanístico de más de un millón de metros cuadrados que contempla la construcción de cerca de 1.400 viviendas y que ya está en marcha. Esta infraestructura se suma al proyecto del campus tecnológico Madrid Innovation District, que recalifica 85 hectáreas y cuenta con una inversión de 8.500 millones de euros.
La infraestructura pertenece a Red Eléctrica y se ubica en terreno del distrito de Hortaleza, justo en el límite con Alcobendas, municipio al que pertenece La Moraleja. La frontera administrativa explica la falta de comunicación, ya que el proyecto se tramitó con la aprobación del Ayuntamiento de Madrid, y Alcobendas asegura no haber sido informada previamente sobre el trazado final. Aunque no presentó alegaciones en su momento, el consistorio ya ha formulado una moción unánime para solicitar su soterramiento. El pleno extraordinario y urgente se llevó a cabo el 22 de julio por la tarde, contando con el apoyo de los partidos PP, Vox, PSOE y Ciudadanos.
Uno de los aspectos que más indigna a los afectados es la normativa actual. La distancia de seguridad estatal para líneas de alta tensión frente a edificios habitados se establece entre 5 y 7 metros, por lo que los treinta metros de distancia de esta torre cumplen la ley con margen. Sin embargo, existe un problema de percepción y de valor inmobiliario. El principal temor es sanitario: la creencia de que "las ondas afectan a la salud".
El Gobierno no confirma esta afectación, más bien la desmiente, aunque la ciencia tampoco la descarta por completo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que no hay pruebas concluyentes de daño por exposición a campos electromagnéticos de baja intensidad. No obstante, en 2001, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), adscrita a la OMS, clasificó los campos magnéticos de frecuencia extremadamente baja como posible cancerígeno, categoría 2B, la misma que el café o los gases de escape diésel. La Unión Europea y la Comisión Internacional de Protección contra Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP) fijan el límite de exposición en 100 microteslas para campos magnéticos de baja frecuencia (50 Hz). Bajo una línea de 400 kV como la instalada, la exposición típica ronda los 40 microteslas; a 25 metros de distancia, esta cifra cae a 8,4. Los estudios más citados sobre leucemia infantil indican un riesgo relativo al doble a partir de 0,3 microteslas de exposición crónica.
El otro gran temor es el impacto económico. Se habla de devaluación inmobiliaria. Un estudio del año 2000 sugiere que una peor vista se traduce en peores precios. En el caso de torres de alta tensión, un análisis en Reino Unido concluyó que tener una vista frontal de una Torre de Alta Tensión (TAT) es más perjudicial que tenerla detrás, con pérdidas agregadas superiores a 22.000 millones de libras. Este efecto es aún más pronunciado cuanto más cara es la zona. La Universidad de Oxford Brooks determinó que la proximidad física tiene un impacto negativo general. Otro estudio reciente refuerza esta idea: las propiedades a menos de 100 metros de TAT suelen reducir su valor entre un 16% y un 20%. De media, una caída del 10% en el valor de una vivienda por tener vista directa a una torre afecta significativamente el futuro económico, al menos en términos de valor “hedónico”. Incluso se ha medido una caída del 0,6% por cada decibelio extra de ruido, llegando hasta el 30%.
Existen precedentes de situaciones similares. En La Mata, Castellón, los residentes salieron a la calle con maletas, dispuestos a marcharse simbólicamente, para detener la construcción de ocho torres de muy alta tensión previstas a 400 metros del pueblo. La queja quedó registrada en el Boletín Oficial del Estado (BOE). En Órgiva, Granada, comerciantes y vecinos denunciaron el impacto sobre el paisaje y el turismo rural. Y en el Valle de Lecrín, investigadores de la Universidad de Granada y la Complutense calcularon que una nueva línea devaluaría la vivienda un 34,75%, con una pérdida cercana a 400 millones de euros. Muchas personas llevan años conviviendo con torres de alta tensión cerca de sus casas y continúan recogiendo firmas para su retirada.
A pesar de la moción presentada, Red Eléctrica cuenta con la aprobación inicial y se ha comprometido a presentar, a mediados de septiembre, una propuesta técnica de viabilidad para estudiar alternativas. Existen precedentes de soterramiento exitoso en otras zonas habitadas del país, lo que indica que esta opción no es inviable. Sin embargo, la torre permanece frente a 3.000 residentes que la ven cada mañana, generando un constante malestar.