Recientes mediciones del mar Mediterráneo revelan temperaturas preocupantemente altas, como el registro de 28,80 ºC en Málaga. Este fenómeno, que supera la tasa de calentamiento global de los océanos, plantea interrogantes sobre su impacto en el próximo otoño y la posible intensificación de fenómenos meteorológicos extremos como las DANAs. La ciencia subraya que, aunque un mar más cálido aporta más humedad, no es el único factor determinante para la ocurrencia de tormentas devastadoras.
Las recientes mediciones del mar Mediterráneo son bastante alarmantes. Los datos disponibles indican que una boya en el puerto de Málaga ha registrado una temperatura de 28,80 ºC. Esta situación nos lleva a cuestionar las repercusiones que podría tener para el otoño, que comenzará en pocas semanas, y la posibilidad de que se presenten nuevas DANAs.
El registro de 28,8 °C en Málaga es un dato local y puntual que, por sí solo, no define el clima. Sin embargo, es un síntoma innegable de un diagnóstico mucho más amplio y sólidamente respaldado por la ciencia: el mar Mediterráneo se está calentando a un ritmo alarmante. Un estudio publicado en 2025 ya concluía que, desde 1982, la temperatura superficial del Mediterráneo ha aumentado a razón de 0,41 °C por década. Esto representa aproximadamente el doble de la tasa media de calentamiento de los océanos a nivel global, y si nos enfocamos solo en los meses de verano, el calentamiento mediterráneo llega a ser hasta tres veces superior a la media mundial.
El reciente análisis del World Weather Attribution ha proporcionado claridad sobre los episodios extremos de este año. Sus modelos compararon el clima actual con un escenario "contrafactual", es decir, un mundo sin el calentamiento antropogénico actual, aproximadamente 1,4 °C más frío. Los resultados apuntan específicamente a que el cambio climático ha añadido unos 2 °C a las temperaturas del mar durante los picos extremos de calor en la cuenca. Esto ha provocado que las olas de calor marinas hayan afectado al 80% del Mediterráneo occidental. En contraste, en un mundo sin emisiones humanas, estas olas de calor marinas apenas habrían afectado al 40% de la misma región.
Con el agua rozando los 29 °C en zonas del litoral andaluz o levantino, la preocupación se dirige inmediatamente a la temporada de otoño y al riesgo de lluvias torrenciales o DANAs. En este punto, la ciencia insta a la prudencia frente al alarmismo, ya que existe una idea muy arraigada de que un mar muy caliente equivale a tormentas devastadoras. Es cierto que un mar inusualmente cálido aporta más evaporación y humedad a las capas bajas de la atmósfera. Para ser más concretos, según la relación termodinámica de Clausius-Clapeyron, la atmósfera puede contener aproximadamente un 7 % más de vapor de agua por cada grado centígrado de calentamiento. Esto significa que hay más "combustible" disponible, pero no es suficiente por sí solo para desencadenar una DANA destructiva.
Para que se produzca una DANA, se requieren varios elementos, como una masa de aire frío en altura que aporte inestabilidad convectiva, ascensos de vientos, cizalladura vertical y una orografía que favorezca el estancamiento y la descarga de agua. Como señalan los meteorólogos, el aire frío en altura no es el único factor de una tormenta, pero el agua caliente tampoco lo es por sí misma. Un Mediterráneo a 28,8 °C aumenta indudablemente el potencial de que, si se dan las condiciones atmosféricas adecuadas, las precipitaciones sean más intensas. Sin embargo, no garantiza, por sí solo, que cada vaguada o DANA que cruce la península se traduzca en un desastre histórico.