Un segmento de 1.600 metros de una calzada romana, ubicado en el Valle de Losa (Burgos), ha sido identificado como uno de los mejor conservados de la península Ibérica. Esta vía, que unía Castro Urdiales con el interior y conectaba el Cantábrico con el Mediterráneo, ofrece una visión invaluable de la ingeniería romana y su vasta red viaria. A pesar de su antigüedad, su diseño robusto y su estado casi intacto permiten estudiar a fondo las técnicas constructivas del Imperio.
Los romanos poseían una red de vías por todo su Imperio mucho más extensa de lo que se pensaba, incluyendo calzadas para cruzar la península Ibérica. Entre ellas, una destaca por su excelente estado de conservación: la que une Castro Urdiales con el interior y que, mediante otras calzadas, conectaba el Cantábrico con el Mediterráneo. Sin embargo, de sus 115 kilómetros de longitud, solo 1.600 metros se mantienen casi intactos.
Este tramo de carretera casi intacto, de 1.600 metros, no es un descubrimiento reciente; los estudios iniciales y trabajos de campo datan de 2010. Isaac Moreno Gallo, ingeniero e historiador especializado en ingeniería romana, lo considera posiblemente el mejor conservado en España.
El segmento en cuestión se localiza en el Valle de Losa, al norte de la provincia de Burgos. Más específicamente, se extiende desde el Valle de Mena, pasa por la Junta de Traslaloma y cruza el Valle de Losa de oeste a este. La vía conectaba la antigua Flaviobriga con localidades como Osma de Álava (Uxama Barca) o las cercanías de Miranda de Ebro (Deobriga).
Su importancia radica en que su magnífico estado de conservación posibilita el estudio in situ de las técnicas constructivas romanas y la confirmación del alto nivel de sofisticación técnica del Imperio. Además, su buen estado es notable, tanto por la habilidad romana como por el azar, como se verá más adelante.
Asimismo, sirve para documentar una vez más la magnitud de la red viaria del Imperio. En su apogeo (alrededor del año 150 d.C.), este sistema de calzadas y caminos alcanzaba una longitud de unos 300.000 kilómetros, cruciales para el tránsito de personas, mercancías y ejércitos.
Gran parte del trazado original desapareció en el siglo XX debido al desconocimiento. Hasta los años 80, la longitud de ese tramo conservado superaba los siete kilómetros, pero la concentración parcelaria casi lo eliminó por completo. Solo esos 1,6 kilómetros se mantienen como estaban hace 2.000 años. Como señala el propio Moreno Gallo en un estudio de 2021, la falta de criterios de identificación causó estas pérdidas patrimoniales no solo en Burgos, sino en todo el país: nadie era capaz de identificar una vía romana, por lo que se confundían con caminos normales.
Para empezar, conserva casi intactos los bordillos laterales y el abombamiento central para el drenaje del agua. Esta vía no solo estaba diseñada para peatones o ganado, sino que era una estructura pensada para el tránsito pesado de carros. De esta forma, su ancho útil supera los seis metros, lo que permite que dos carros se crucen simultáneamente en sentidos opuestos sin riesgo de colisión.
Además, cuenta con varias capas de cimentación de piedras, áridos finos, arenas y arcillas compactadas, que la hacían apta para el tránsito y las inclemencias del tiempo. Según el estudio de campo, en el Valle de Losa el grosor de la piedra alcanza casi un metro en algunos tramos.