Descubren que árboles urbanos contribuyen a la contaminación por ozono en ciudades

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Un reciente estudio ha revelado que, a pesar de sus conocidos beneficios ambientales, ciertos árboles urbanos contribuyen significativamente a la formación de ozono troposférico, un contaminante perjudicial. Esta investigación, centrada en Pekín pero con implicaciones globales, subraya la importancia de seleccionar cuidadosamente las especies arbóreas en las ciudades para mitigar este efecto, especialmente en un contexto de aumento de temperaturas.

A lo largo de los años, la ciencia ha enfatizado la importancia de plantar árboles en las ciudades. Se les atribuye la función de "pulmones" urbanos, absorbiendo dióxido de carbono y liberando oxígeno, además de ser un método económico y eficaz para reducir las altas temperaturas generadas por el asfalto. Si bien estos beneficios son ampliamente reconocidos, una investigación reciente ha descubierto un inconveniente inesperado: los árboles también pueden contribuir a la contaminación.

El equipo de la Universidad de Jinan (Guangzhou) se propuso entender por qué el ozono, un contaminante que afecta tanto al medio ambiente como a la salud, persiste como un problema en ciudades con abundante vegetación. Su hallazgo es que la vegetación urbana contribuye mucho más de lo que se pensaba a este fenómeno. Aunque el estudio se centró en Pekín, sus conclusiones pueden aplicarse a otras grandes urbes.

Químicamente, el ozono troposférico se forma cuando compuestos orgánicos volátiles (COV) reaccionan con óxidos de nitrógeno (producidos principalmente por el tráfico y la industria) en presencia de luz solar. Específicamente, especies arbóreas comunes como el sauce (Salix spp.) y el chopo (Populus spp.) liberan altos niveles de isopreno, un COV derivado de la fotosíntesis. En Pekín, aproximadamente el 35% de los árboles son emisores de isopreno.

Aunque el volumen de COV emitido por los árboles es menor que el de la actividad humana, su impacto químico en la formación de ozono es considerablemente mayor. Las estaciones de monitoreo registraron que la vegetación representó cerca del 10% de las emisiones totales de COV entre mayo y julio de 2021, frente al 90% de la actividad humana. Sin embargo, la vegetación fue responsable del 52% de las reacciones químicas que culminan en la generación de ozono. El ozono troposférico no solo inhibe la fotosíntesis, ralentiza el crecimiento vegetal y disminuye la productividad de los cultivos, sino que también altera la biodiversidad de los ecosistemas. En la salud humana, actúa como un potente irritante, causando inflamación de las vías respiratorias y exacerbando enfermedades como el asma.

El factor que agrava esta situación es la temperatura. A 35 °C, una temperatura cada vez más común en verano, la tasa de reactividad de la formación de ozono es siete veces mayor que a 20 °C. Esto significa que la contribución de la vegetación a la reactividad química aumentó del 21% a 20 °C al 74% a 35 °C. Si las temperaturas continúan aumentando, se prevé un empeoramiento; otro estudio sugiere que el ozono podría incrementarse hasta 1,7 veces para el año 2100 en un escenario de altas emisiones.

La investigación también analizó las especies de árboles plantadas en 24 megaciudades para estimar su potencial de emisión de isopreno, revelando que en algunas ciudades este potencial es aún mayor. Por ejemplo, en Sídney, el porcentaje alcanza el 65%. Ian Jamie, químico ambiental de la Universidad Macquarie en Sídney, explica que el papel de la vegetación como fuente de COV se ha vuelto más significativo a medida que otras fuentes, como las emisiones vehiculares, han disminuido en las últimas décadas.

Es importante señalar que los datos de campo se limitan a una ciudad y a un período corto (mayo-julio de 2021), y la extrapolación a otras megaciudades se basa únicamente en las especies plantadas, sin mediciones directas. No obstante, este descubrimiento no invalida los probados beneficios del arbolado, sino que añade un criterio adicional para la planificación urbana: la necesidad de seleccionar especies de árboles con menor potencial de generar ozono.