Suecia Lidera en Valorización Energética de Residuos, Importando Basura para Generar Electricidad y Calor

Tecnologia
Suecia ha transformado su gestión de residuos en una fuente de energía y un modelo de economía circular, logrando ser 100% reciclable. El país nórdico ha extendido esta estrategia importando basura de otras naciones, convirtiéndola en calor y electricidad. Este enfoque no solo genera ingresos, sino que también ofrece una alternativa a los vertederos tradicionales, aunque plantea desafíos medioambientales relacionados con las emisiones.

Suecia tomó la decisión de transformar sus residuos en energía, alcanzando un estado de "100% reciclable". Para maximizar esta capacidad energética, el país nórdico ha optado por importar residuos de otros estados. Esta iniciativa representa un beneficio mutuo: proporciona más materia prima para la producción de calor y electricidad, y genera ingresos por la gestión de desechos ajenos.

La clave de este sistema reside en sus plantas kraftvärmeverk, que son centrales de cogeneración. Estas instalaciones queman residuos para alimentar turbinas que producen electricidad y, al mismo tiempo, capturan el calor generado en forma de agua caliente o vapor, el cual se utiliza para climatizar viviendas y otros edificios.

Según Energiföretagen Sverige, la asociación del sector energético sueco, la recuperación energética total de residuos asciende a 19,5 teravatios-hora anuales. Esta cantidad es suficiente para calentar más de 1,47 millones de hogares y suministrar electricidad a otros 940.000. En un país con 10 millones de habitantes, donde más de la mitad de los hogares utiliza calefacción central, entre el 30% y el 35% de esta proviene de la incineración de residuos.

Este modelo es significativo porque representa un ejemplo destacado de economía circular aplicada a los residuos, contrastando con el método predominante en Europa de enterrarlos en vertederos. Además, la existencia de un mercado y precios de compraventa por tonelada actúa como un incentivo económico para buscar alternativas al modelo actual. Si vender la basura se vuelve más costoso, los países exportadores se ven motivados a explorar otras opciones, como reducir sus desechos, mejorar el reciclaje o directamente valorizarlos energéticamente.

La gestión de residuos ajenos por parte de Suecia no es una práctica reciente; existen informes técnicos que datan de al menos 2010, cuando el país importaba 1,34 millones de toneladas. Desde entonces, la cantidad ha aumentado considerablemente, casi triplicándose en poco más de 15 años. Esto se alinea con la normativa europea que fomenta el cierre de vertederos, impulsando a otros estados a buscar soluciones para sus residuos no reciclables.

Suecia no importa basura por escasez de la propia, sino por la alta rentabilidad que le genera. De acuerdo con datos de la Agencia Sueca de Protección Ambiental para 2024, Suecia importó 3,86 millones de toneladas de residuos, principalmente de Reino Unido, Noruega e Italia. Para ilustrar lo lucrativo de esta actividad, en 2015 SVT estimó un margen de beneficio de 373 coronas suecas por tonelada, lo que, con la cifra más reciente de 3,86 millones de toneladas, ascendería a 130 millones de euros.

Si la importación de residuos extranjeros cesara, las plantas suecas de valorización energética podrían operar con biocombustible, como explica la Asociación Sueca de Gestión de Residuos a The Independent. Aunque existe un plan B, las cifras actuales sugieren que no será necesario por el momento.

Si bien Suecia obtiene calor, electricidad y dinero de la quema de residuos propios y ajenos, es innegable que esta incineración tiene un costo ambiental. El proceso de combustión emite dióxido de carbono, y una parte significativa de lo que se incinera en las plantas suecas deriva del petróleo.

Un informe del Consejo Nórdico detalla que en 2021, la incineración de residuos fue responsable del 73% de todas las emisiones de dióxido de carbono del sector eléctrico y de calefacción sueco. Aunque puede ser preferible a enterrar la basura en vertederos, ya que evita la emisión de metano, dista de ser una solución completamente limpia.