Ante el creciente número de satélites en órbita y su interferencia con las observaciones astronómicas, un equipo de la Universidad de Surrey propone una solución innovadora: recubrir los satélites con Vantablack 310, un material ultranegro. Este enfoque busca reducir significativamente el reflejo de la luz solar, permitiendo una observación más clara del universo sin alterar el diseño de las naves.
Las noches de verano son ideales para observar el cielo, disfrutando de fenómenos como eclipses, las Perseidas o simplemente las estrellas y constelaciones. Sin embargo, el cielo está cada vez más poblado de satélites, cuya cantidad sigue en aumento. Este incremento masivo de satélites representa un desafío para los telescopios, ya que reflejan la luz solar, generando destellos y estelas que dificultan la observación de asteroides y galaxias lejanas.
Astha Chaturvedi, astrofísica de la Universidad de Surrey y autora principal de un estudio, enfatiza la problemática: "el cielo nocturno es una de las ventanas más antiguas de la humanidad al universo, pero cada vez es más difícil ver las cosas". Con la previsión de que muchas instituciones y empresas lanzarán aún más satélites (la Agencia Espacial Europea reporta más de 14.000 en órbita y la Universidad de Surrey estima hasta 60.000 para 2030), la situación se agrava.
El equipo de la universidad británica ha propuesto la implementación de un recubrimiento ultranegro, específicamente el Vantablack 310, para evaluar si es posible disminuir el brillo de los satélites a un nivel que no interfiera con la astronomía. Este material, diseñado para soportar las condiciones espaciales, absorbe casi la totalidad de la luz que recibe, reflejando solo un 2% según pruebas de laboratorio. Además, la escasa luz que refleja lo hace de manera difusa, lo que previene los destellos.
Durante las pruebas, un satélite con este recubrimiento mostró una atenuación cercana a la recomendada por la Unión Astronómica Internacional para no perturbar a los astrónomos. En el peor escenario, alcanzó una magnitud de 6,7, justo por debajo del umbral recomendado de 7 (donde una magnitud más alta indica menor brillo). En contraste, un satélite Starlink de SpaceX sin recubrir registró una magnitud de solo 3,7, lo que lo hace considerablemente más brillante. Bajo el microscopio, se observó que la estructura del material es similar al coral, con pequeñas cavidades que "atrapan" la luz en lugar de reflejarla.
Este no es el primer intento por mitigar la visibilidad de los satélites. SpaceX ya había explorado dos métodos para oscurecer sus satélites Starlink: uno con pintura oscura (DarkSat) y otro con una visera que bloquea el reflejo solar (VisorSat). Si bien ambos proyectos lograron reducir el brillo, no fue suficiente. Vantablack 310 ha demostrado ser más efectivo que ambas propuestas de SpaceX. La ventaja de Vantablack 310 radica en que no requiere componentes móviles ni modificaciones en el diseño de la nave, siendo esencialmente un cambio de material. Como explica Chaturvedi, "decisiones relativamente sencillas sobre materiales podrían marcar una diferencia significativa en cómo afectan los satélites a las observaciones astronómicas, sin necesidad de grandes cambios en el diseño de la misión".
Después de las pruebas y comparaciones en un entorno controlado, este recubrimiento será puesto a prueba en condiciones reales a bordo de la misión Jovian-1, un pequeño satélite universitario desarrollado por las universidades de Surrey, Portsmouth y Southampton. Esto permitirá verificar si el material se comporta en el espacio de la misma manera que en el laboratorio.
A pesar de los prometedores resultados de Vantablack 310, el equipo aclara que "este estudio aborda únicamente el rendimiento óptico" del material. Todavía es necesario evaluar el comportamiento térmico de la nave, la durabilidad ambiental y la integración del sistema completo, lo que requerirá más pruebas tanto en laboratorio como en el espacio. Además, aunque se logre reducir el brillo, el problema de la basura espacial persiste y sigue en aumento, lo que conlleva otros riesgos como los ambientales y las posibles colisiones.