La Fiscalía del Distrito de Keelung, Taiwán, ha presentado cargos contra nueve individuos por un presunto esquema de exportación ilegal de servidores de inteligencia artificial de alta gama equipados con tecnología NVIDIA. La trama implicaría el desvío de equipos destinados a un centro de datos en Taiwán hacia clientes en China, sorteando así los estrictos controles de exportación impuestos sobre esta tecnología estratégica. Entre los acusados se encuentran empleados de NVIDIA Taiwan y Super Micro Taiwan.
Los chips de inteligencia artificial (IA) de última generación siguen una ruta compleja desde su diseño hasta el consumidor final. Este proceso implica el diseño en un país, la fabricación o encapsulado en otro, la integración en servidores y su posterior paso por distribuidores, centros de datos y compradores. A lo largo de este recorrido, se aplican controles de exportación, declaraciones de uso y verificaciones para evitar que ciertas tecnologías lleguen a destinos restringidos. Un caso reciente en Taiwán revela lo que sucede cuando, según la fiscalía, algunas de estas barreras son eludidas internamente.
La Fiscalía del Distrito de Keelung en Taiwán ha acusado a nueve personas. Ocho de ellas están vinculadas al supuesto plan para exportar ilegalmente servidores de IA de alta gama, incluyendo a un empleado de NVIDIA Taiwan y dos de Super Micro Taiwan. El noveno acusado está involucrado en una rama separada relacionada con el presunto vaciamiento patrimonial de una distribuidora, donde también están acusados dos de los otros ocho. Es importante destacar que los cargos son contra individuos específicos, no contra NVIDIA o Super Micro como empresas.
Según la Fiscalía, el pedido original consistía en 130 servidores de Super Micro con tecnología NVIDIA B300, supuestamente destinados a un centro de datos alquilado en Taiwán. La documentación de usuario final indicaba que los equipos se instalarían allí y no se reexportarían, cumpliendo con los controles aplicables. Sin embargo, los investigadores afirman que varios de los acusados, que participaron en una inspección en septiembre de 2025, ya sabían que el recinto no tenía el espacio, la potencia eléctrica ni el ancho de banda necesarios para operar tal despliegue. A pesar de esto, Super Micro aceptó el pedido en tres fases: 2, 64 y 64 servidores.
La acusación sostiene que 74 de esos 130 servidores terminaron en manos de clientes chinos a través de diversas rutas. Dieciséis habrían sido enviados directamente a China, otros 50 pasaron primero por Indonesia, y ocho viajaron a Japón antes de continuar hacia Hong Kong y, desde allí, a un cliente chino. Los 56 equipos restantes también estaban programados para salir de Taiwán con destino a una empresa japonesa, pero las aduanas detectaron irregularidades y solicitaron una licencia para mercancías estratégicas de alta tecnología. Esta operación no se completó y los servidores permanecieron en Taiwán.
El chip B300 pertenece a la generación Blackwell Ultra de NVIDIA y está diseñado para cargas de inteligencia artificial de muy alta demanda, precisamente el tipo de tecnología que Washington somete a controles de exportación cuando el destino es China. Esto no implica que todos los chips de IA de NVIDIA estén totalmente vetados; las regulaciones distinguen entre productos, destinatarios y licencias, y a partir de 2026 se contempla una revisión caso por caso para modelos específicos como el H200. Taiwán también aplica su propio régimen sobre mercancías estratégicas, requiriendo autorización para ciertos equipos y usos antes de su exportación.
Existe un significativo incentivo económico para eludir estas restricciones. Reuters informó en abril, citando fuentes del sector, que los servidores B300 disponibles en China se vendían por alrededor de 7 millones de yuanes (aproximadamente un millón de dólares), casi el doble de los 550.000 dólares que esas mismas fuentes estimaban como precio de referencia en Estados Unidos. Esta escasez genera una prima considerable para quienes logran introducir estos equipos en el mercado chino. En este caso, la Fiscalía atribuye a dos de los acusados más de 21,2 millones de dólares en beneficios ilícitos por los 74 equipos que sí completaron su recorrido.
El control no termina con la fabricación. El seguimiento de un acelerador avanzado requiere vigilancia más allá de la planta donde se produce. NVIDIA es una compañía fabless: diseña sus chips y encarga su fabricación a socios como TSMC, cuya producción de tecnología de la compañía se extiende hoy entre Taiwán y Estados Unidos. Posteriormente, empresas como Super Micro transforman estos componentes en sistemas completos que se distribuyen a través de una red internacional de distribuidores y compradores. Por ello, las restricciones incluyen controles sobre el usuario y el destino final, no solo sobre la primera venta. El caso taiwanés ilustra precisamente este desafío.