El deshielo del permafrost en el Himalaya: ¿El inicio de una serie de catástrofes como la de Nepal?

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La reciente catástrofe en el valle nepalí de Rasuwa, causada por una riada masiva sin lluvias previas, ha generado gran preocupación. Aunque inicialmente se barajaron diversas hipótesis, ahora se apunta a una avalancha de hielo y roca como detonante. Este evento, junto con un precedente similar en la India, subraya la creciente inestabilidad del permafrost en el Himalaya, planteando la inquietante pregunta de si estos desastres son solo el comienzo de un futuro con consecuencias aún más graves.

El 26 de agosto, el fondo del valle nepalí de Rasuwa fue devastado por una descomunal riada, a pesar de la ausencia de precipitaciones. En las primeras horas, mientras se evaluaba la magnitud de la catástrofe (con miles de desaparecidos, cientos de fallecidos y decenas de infraestructuras destruidas), se consideraron múltiples hipótesis. Ahora se tiene más información, pero los hallazgos no son tranquilizadores. Mientras se movilizan recursos para el rescate de supervivientes, la pregunta que resuena en los valles del Himalaya es si este evento es solo el principio.

¿Qué sucedió exactamente? Aunque es prematuro confirmarlo con total seguridad, el ICIMOD sugiere que el detonante fue una avalancha de hielo y roca que se precipitó desde un glaciar de alta cota sobre el Lhende Khola. Esta caída, de más de un kilómetro, habría provocado un gran seísmo y desencadenado la colosal crecida del río.

Según explicó Binod Parajuli, jefe de la División de Previsión de Inundaciones del Departamento de Hidrología y Meteorología, en The Kathmandu Post, el desprendimiento de hielo y el deslizamiento bajaron por la montaña hasta quedar obstruidos a unos 20 kilómetros río arriba del puente Miteri. Allí se formó un “lago” provisional que, poco después, colapsó por la fuerza de la avalancha. Parajuli afirmó que “si hubiera sido solo agua limpia, no habría causado este nivel de destrucción”, una observación difícil de refutar. Sin embargo, ante tales niveles de devastación, el detalle técnico parece secundario, especialmente porque el Himalaya es bien conocido: se sabe que, si hubiera sido un lago cediendo por sí solo o un terremoto masivo, el resultado habría sido idéntico.

Los antecedentes son claros. En teoría, el lago South Lhonak, en el estado indio de Sikkim, era posiblemente el lago glaciar mejor estudiado del Himalaya. Se disponía de su batimetría completa desde 2014, en 2016 se habían instalado sifones de rebaje y en septiembre de 2023 se había construido una estación meteorológica automática. Sin embargo, el 3 de octubre de ese mismo año, el lago reventó sin previo aviso. El resultado fue de 55 muertos, 74 desaparecidos y más de 7.000 desplazados. En el aspecto material, entre otras muchas cosas, la presa de Teesta III (con una producción de 1.200 MW) quedó completamente arrasada.

La causa fue identificada un año después como una morrena lateral congelada: 14,7 millones de metros cúbicos de permafrost que, al descongelarse, cayeron directamente en el lago, rompiendo la morrena frontal.

Esta es la conexión que preocupa a los expertos. Especialmente porque en el Himalaya hay una gran cantidad de tierra helada que no está siendo monitoreada. Según el inventario de Gruber y colaboradores, el permafrost en la zona abarca aproximadamente 1.003.000 kilómetros cuadrados (en contraste con los 60.000-80.000 de los glaciares). La diferencia radica en que, según estos expertos, el permafrost (a diferencia de los glaciares) “no es observable espacialmente y, por tanto, su presencia y sus posibles cambios se pasan por alto con frecuencia”.

No obstante, sí se dispone de datos. Estos provienen de la única red de monitorización real en la zona: la establecida por China para garantizar la seguridad del ferrocarril y la carretera que conectan Qinghai y el Tíbet. ¿Qué revelan? Que el terreno se calienta entre 0,02 y 0,78 °C por década a diez metros de profundidad. Que todo se está derritiendo y, como explicó Gruber hace casi dos décadas, la degradación del permafrost en roca escarpada genera inestabilidades “inesperadas y sin precedentes en localización, magnitud, frecuencia y momento”.

El calentamiento de la montaña la convierte en una bomba de relojería, es decir, en lo que acaba de ocurrir en Nepal.

Un futuro de pesadilla. Eso es lo que se desprende de una lectura atenta de los informes del ICIMOD. En ellos se advierte que el deshielo en la región se ha acelerado y que, para 2100, podría perder un tercio de su masa (en el mejor de los escenarios) y hasta el 80% de su volumen glaciar en el peor. Hasta ahora se pensaba que la principal amenaza de todo esto era la seguridad hídrica de 1.900 millones de personas. Ahora se sabe que la montaña puede traer consecuencias mucho peores.