La costa de Málaga ha experimentado un cambio drástico en la temperatura del mar, pasando de casi 29 °C a poco más de 15 °C en solo siete días. Este fenómeno, que ha desconcertado a bañistas y expertos, se explica por el afloramiento de aguas profundas frías, exacerbado por las recientes olas de calor marinas y el cambio climático que ha recalentado la superficie del Mediterráneo a niveles sin precedentes.
Este verano está llevando los termómetros del mar Mediterráneo a límites inexplorados, pero lo ocurrido en la costa de Málaga ha desconcertado a muchos bañistas. En cuestión de siete días, las aguas malagueñas han pasado de parecer un caldo termal a registrar temperaturas más propias del Atlántico norte.
Los datos de la boya oceanográfica de Puertos del Estado registraron el 18 de agosto una temperatura superficial del mar de unos sofocantes 28,8 ºC. Pero apenas una semana después, esta temperatura se ha desplomado hasta los 15,6 ºC. Una caída histórica de 13,2 ºC que ha hecho que los bañistas pasen casi de estar en un 'spa' a algo mucho más refrescante.
Para entender la magnitud del desplome, primero hay que entender el contexto que hemos tenido, puesto que el mar Mediterráneo atraviesa una crisis térmica sin precedentes. Los boletines de Copernicus y Mercator Ocean apuntaban en julio de 2026 que la temperatura media superficial del Mediterráneo alcanzaba los 27,07 ºC, la más alta registrada desde 1993.
Además, los 28,8 ºC registrados en Málaga suponían una anomalía de unos 4 ºC respecto a los valores habituales de agosto de entre 24 y 25 ºC. El culpable de esto está en las olas de calor marinas que cada vez son más frecuentes, y en la huella humana que aumentó aproximadamente 2 ºC las temperaturas extremas del Mediterráneo.
Con un mar excepcionalmente caliente, entra en juego la física local del mar de Alborán, puesto que la costa de Málaga cuenta con un mecanismo oceanográfico recurrente conocido como afloramiento o upwelling. Esto quiere decir que cuando soplan los persistentes vientos de poniente (desde el oeste) en la costa andaluza, se produce un efecto conocido como transporte de Ekman. Este viento empuja las masas de agua superficiales y cálidas hacia el mar abierto, y para llenar el "vacío" que deja esa agua desplazada, ascienden hacia la superficie masas de agua profundas, que están a menor temperatura. Es por todo esto que el desplome de 13 grados que estamos viviendo ahora no se debe a que el agua cálida se haya enfriado, sino a que ha sido sustituida por agua profunda.
El salto de 13 ºC que han vivido los malagueños y los turistas ha sido tan relevante, puesto que combina dos realidades contrastadas. Por un lado, se tenía una superficie marítima recalentada hacia los extremos debido al cambio climático. Por el otro, el agua profunda que mantiene su temperatura fría natural intacta.
La diferencia térmica entre la superficie anómalamente caliente y el fondo se ha ensanchado y cuando el viento de poniente "tira de la cadena" y hace aflorar el agua profunda, el contraste que experimenta la superficie (y los bañistas) es mucho más agresivo que hace unas décadas.