El calor extremo amenaza las mejilloneras del Delta del Ebro, impulsando la búsqueda de alternativas en el cultivo de ostras

Tecnologia
Los acuicultores del Delta del Ebro enfrentan una situación crítica debido a las olas de calor que elevan la temperatura del agua, provocando una alta mortalidad de mejillones. Este fenómeno, que se agrava con el cambio climático, ha generado pérdidas significativas en la producción y ha llevado al sector a explorar nuevas estrategias, como el fortalecimiento del cultivo de ostras, para asegurar su sostenibilidad.

A principios de julio, con el inicio del verano, los acuicultores del Delta del Ebro anticiparon un año desafiante para las mejilloneras. La ola de calor elevó la temperatura del agua por encima de los 28ºC durante varios días consecutivos, creando condiciones insostenibles para la supervivencia de los bivalvos. Desde el sector, se alertó sobre una mortalidad detectada dos días después de San Juan, un suceso sin precedentes. La situación no mejoró en las semanas siguientes, exacerbando un problema que la industria ha arrastrado por años y que ahora la impulsa a buscar alternativas, como potenciar el cultivo de ostras.

Los acuicultores dedicados al mejillón enfrentan crecientes dificultades en un Delta del Ebro vulnerable al cambio climático. Esta situación, señalada por el sector durante años, parece agravarse. A comienzos del verano, Gerardo Bonet, portavoz de la federación de productores de moluscos de la región (Fepromodel), ya había advertido sobre el adelanto de la mortalidad de los mejillones. Semanas después, la agencia ACN confirmó un panorama desolador para los propietarios de las bateas, con graves pérdidas de producción y un aumento de los costes.

Los datos que maneja el sector son alarmantes. Tras los episodios de calor extremo en junio y julio y el adelanto de la mortalidad, Bonet informó a principios de agosto sobre la pérdida de más de 500.000 kilos de producto. Algunas explotaciones vieron desaparecer el 20% de sus cosechas, porcentaje que en ciertos casos alcanzó el 80%. A nivel general, esto se traduce en una reducción de la producción en cientos de miles de kilos. “De los cuatro millones de kilos que se llegaron a producir, en muchas campañas no se alcanzan los tres millones y este año, con mucha suerte, serán 2,5”, lamenta el portavoz de Fepromodel. Además, la muerte de las crías por el calor es cada vez más común, lo que obliga a los productores a aumentar sus costes al importarlas desde Italia o Grecia. Según la agencia ACN, si hace cuatro años se pagaban a 0,67 euros el kilo, esta campaña llegaron a 1,25.

El motivo principal es la elevada temperatura del agua en el Mediterráneo, donde este verano se registraron valores superiores a los 32ºC. Este fenómeno ha sido reconocido por la propia Aemet, que en 2025 publicó un informe revelador: en la última década, la temperatura media estival más alta en el Mediterráneo fue 1,5ºC superior a la del período entre 1986 y 1995. En España, el mayor incremento se registró en el Mar Menor.

Para los acuicultores, estos registros son más que estadísticas, ya que afectan directamente la supervivencia de los moluscos. Fepromodel recuerda que el mejillón requiere aguas de temperaturas suaves, que no superen los 28ºC. Sin embargo, este año se han enfrentado a varios episodios de “calor persistente” durante los cuales el mar se mantuvo por encima de los 25º durante las noches. “Sobre los 26º empieza a dejar de comer y a partir de los 28º muere”, confirma Jordi Casanova, portavoz de la federación. “El problema no es un pico de calor, sino la continuidad de las altas temperaturas más de diez días”.

El problema es complejo. La mortalidad se adelanta, la campaña se acorta varios meses, la producción disminuye y es más frecuente encontrar crías que no sobreviven. “En 2009 terminamos la recolección el 24 de septiembre. Este año, el 8 de julio. Estamos haciendo todo lo posible por nuestra parte”, confesó Bonet a principios de mes en declaraciones a ACN. Además de la caída de toneladas recolectadas, el sector ha sufrido la pérdida de las larvas que deberían cosecharse el año siguiente. “Lo que más nos afecta son las elevadas temperaturas. Ya terminada la época de extracción, hemos reportado una mortalidad de 500.000 kg de mejillón comercial, lo que tiene una afectación de 1,2 millones de euros para el sector”, añade Casanova. A la elevada temperatura en la Badia del Fangar o dels Alfacs se suman los efectos del temporal Nils, que llegó con intensas ráfagas y arrasó bateas.

En los últimos años, el sector ha probado diversas estrategias para paliar la pérdida de producción de las bateas y evitar la importación de ‘semillas’ del extranjero. Una solución es el cultivo en mar abierto. Otra, reducir la dependencia del mejillón, fortaleciendo la apuesta por las ostras, especialmente por especímenes adaptados a aguas cálidas y con un ciclo amplio que facilite su cultivo durante más meses. En 2025, un proyecto de IRTA ya trabajó en esa dirección, sumergiendo 145.000 crías en Els Alfacs y Fangar.

El cultivo de ostras no es una novedad en el Delta, donde la especie se ha explotado durante décadas como complemento al mejillón. De hecho, se estima que su producción anual ronda los 700.000-800.000 kilos, frente a los 3.000.000 de mejillones. La cuestión es si ahora debe aumentar su peso en el sector, especialmente durante los meses en que sube la temperatura del agua. La clave reside en buscar una producción local, con ostras resistentes al calentamiento del Mediterráneo, a los patógenos y a las condiciones del Delta.