La ciencia analiza la crianza: ¿Es el 'estar presente' siempre beneficioso para los hijos?

Tecnologia
La reflexión de Javier Bardem sobre la presencia parental reabre el debate sobre el impacto de la crianza. Investigaciones recientes han desglosado el concepto de 'sobreprotección', identificando dos estilos distintos de estar presente: el demandante y el responsivo. Los hallazgos sugieren que la calidad de la interacción es más relevante que la cantidad de tiempo que los padres pasan con sus hijos.

"En nuestra casa hay algo innegociable: que al menos uno de los dos debe estar siempre con ellos". Esta afirmación de Javier Bardem, realizada durante la promoción de la película 'El ser querido', donde encarna a un padre ausente, resuena con la preocupación de muchas familias. Aunque se trate de figuras públicas que buscan evitar separarse de sus hijos por semanas, la idea de una presencia constante evoca el concepto de 'padres helicóptero'.

En 1969, el psicólogo Haim Ginott, en su libro 'Between Parent & Teenager', acuñó el término 'helicóptero' a partir de la descripción de un adolescente sobre su madre, definiendo así un estilo de crianza caracterizado por la supervisión constante de los hijos. Sin embargo, esta etiqueta, inicialmente peyorativa, carecía de una definición clara y diferenciada.

No fue hasta 2024 cuando investigadores de Griffith y otras universidades europeas abordaron la cuestión de si la 'sobreprotección' es un concepto unificado. Su respuesta fue contundente: no. Los análisis factoriales distinguieron dos modalidades de 'estar presente': el estilo 'demandante', que implica controlar, restringir y decidir por el niño, y el estilo 'responsivo', que se centra en la disponibilidad.

Mientras que el estilo demandante se correlaciona negativamente con la autonomía del hijo y positivamente con la ansiedad y el agotamiento parental, el estilo responsivo muestra el efecto contrario. Esta distinción es crucial, ya que durante décadas ambos estilos se habían agrupado como uno solo, dificultando la comprensión de sus impactos.

Recientemente, Clinical Child and Family Psychology Review publicó un metaanálisis que examinó el efecto de la crianza intrusiva en los niños, abarcando a más de 150.000 participantes. Los datos revelaron una correlación de 0,24 entre estilos intrusivos y síntomas internalizantes como la ansiedad o la depresión. Al desglosar estos datos, se observó que el control psicológico (invalidación, manipulación emocional) era el estilo más perjudicial, seguido de la sobreprotección y la falta de apoyo a la autonomía. El 'helicopter parenting' propiamente dicho se situaba en último lugar.

Esto sugiere que la importancia no reside tanto en la mera presencia, sino en la calidad de la interacción durante ese tiempo. La cantidad de horas nunca ha sido el factor determinante. Investigaciones previas ya lo indicaban. En 2015, Milkie, Nomaguchi y Denny midieron el tiempo que niños y adolescentes pasaban con sus padres. Sus hallazgos mostraron que, en los niños pequeños, el tiempo dedicado por la madre no se asociaba con problemas de conducta, emocionales o de rendimiento. En adolescentes, solo se encontró una leve asociación entre la implicación materna y una menor conducta delictiva, aunque esta era muy pequeña.

Los efectos más positivos se observaron cuando ambos progenitores estaban presentes simultáneamente con los niños, lo que se correlacionaba con menos problemas de conducta, mejores resultados en matemáticas y menor consumo de sustancias. Anteriormente, en el año 2000, Stattin y Kerr ya habían establecido que lo que protegía a un adolescente no era la vigilancia parental, sino que el hijo compartiera sus experiencias por iniciativa propia. En resumen, no es una cuestión de cuánto tiempo, sino de cómo se interactúa.

Paradójicamente, la preocupación por el tiempo dedicado a los hijos surge en una época en la que los padres pasan más tiempo con ellos que antes. Según Giulia Dotti Sani y Judith Treas, entre 1965 y 2012, las madres aumentaron de 54 a 104 minutos diarios de cuidado directo, y los padres de 16 a 59 minutos. Como señalaron Jose César Perales y Fátima García, uno de los cambios más significativos en la crianza actual es un interés genuino y profundo por los niños, lo que intensifica el malestar de los adultos ante las dificultades de la infancia.

Sin embargo, gran parte de esta preocupación parece infundada. Tras revisar la investigación, la única certeza es que los efectos son mínimos y la heterogeneidad entre estudios es considerable. Como defendió Sandra Scarr, una vez que se supera un umbral de cuidado suficiente, las diferencias entre estilos de crianza dejan de ser predictivas de los resultados. Lo fundamental, ahora como siempre, es esforzarse por hacerlo lo mejor posible.