Ante el aumento de las temperaturas y las olas de calor, el Ayuntamiento de Roma y el ISPRA están estudiando la viabilidad de transformar la vasta red subterránea de la ciudad, compuesta por catacumbas y canteras, en refugios climáticos. Esta iniciativa busca ofrecer zonas de frescor natural de bajo coste energético, aprovechando la capacidad termorreguladora del subsuelo para mitigar los impactos del cambio climático, especialmente en la región mediterránea.
En los últimos veranos, la experiencia de encontrar "frescor" en lugares inesperados como cuevas, cementerios o las catacumbas de San Genaro en Nápoles, incluso a finales de mayo bajo un sol intenso, ha sido recurrente para muchos. Esta percepción de alivio térmico en el subsuelo no es exclusiva de los visitantes, ya que la ciudad de Roma ha comenzado a considerar su propia red milenaria de túneles y catacumbas como una solución potencial.
El Ayuntamiento de Roma, en colaboración con el Instituto Superior para la Protección e Investigación Ambiental de Italia (ISPRA), ha iniciado un estudio para explorar la posible reutilización de estas cavidades ocultas. El objetivo es convertirlas en refugios climáticos, proporcionando zonas de sombra y frescor natural durante los días de calor extremo. El ISPRA ha estado cartografiando el subsuelo romano durante años para obtener un conocimiento profundo que sirva de base para esta decisión. Ya existe un precedente exitoso: el Laberinto de la Caffarella, una antigua cantera de puzolana que funciona como atractivo turístico y mantiene una temperatura constante de 15 °C.
Esta iniciativa es crucial debido a los estragos del cambio climático, que ha convertido a Europa en el continente de mayor calentamiento, con especial afectación en la zona mediterránea. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha identificado las olas de calor como uno de los riesgos climáticos con mayor impacto en la mortalidad urbana. Los datos para Roma son preocupantes: en 2024, la temperatura media subió 2,5 grados respecto al periodo 1991-2020, alcanzando los 19,7 grados, según el Centro Euro-Mediterraneo sui Cambiamenti Climatici. Por ello, para el ayuntamiento de la ciudad eterna, es imperativo encontrar soluciones para adaptarse a esta nueva realidad, especialmente si, como esta, implican un bajísimo coste energético en comparación con otras opciones de climatización.
El geólogo del ISPRA, Francesco La Vigna, explica que "el suelo posee un gran potencial de termorregulación y una fuerte capacidad aislante: las variaciones de temperatura superficial solo penetran unos pocos metros", lo que significa que la fuente de frío está disponible bajo tierra.
Roma se asienta sobre una ciudad subterránea formada por canteras excavadas durante siglos para extraer la piedra utilizada en la construcción de la urbe y sus edificios más emblemáticos. Además, cuenta con catacumbas paleocristianas como la de San Calixto, túneles ferroviarios y refugios antiaéreos de la Segunda Guerra Mundial. Este verano, el ayuntamiento de Roma ya presentó su primer "Plan contra el Calor", que incluye cientos de refugios climáticos al aire libre, pero la propuesta de utilizar el subsuelo sería para una segunda fase de la estrategia.
El director de la Oficina del Clima del Ayuntamiento de Roma, Edoardo Zanchini, enfatiza que este es un proyecto a largo plazo que requiere un análisis exhaustivo para asegurar la viabilidad y gratuidad de estos refugios climáticos. Aunque la idea de descender a una fresca catacumba o cantera abandonada para sentarse al fresco suena atractiva, el geólogo del ISPRA, Giuseppe Delmonaco, advierte que el proceso para convertirlos en refugios climáticos no será ni fácil ni inmediato. En primer lugar, hay cuestiones de seguridad: las cuevas con ventilación deficiente pueden acumular dióxido de carbono o radón, un gas radiactivo natural considerado peligroso por la OMS, ya que es una de las principales causas de cáncer de pulmón. A esto se suman los riesgos potenciales de derrumbes y la necesidad de proteger el patrimonio existente. Antes de abrir estos espacios, será fundamental monitorizar las estructuras y adecuarlas.