Bill Gates, cofundador de Microsoft, ha expresado su preocupación por la rápida e inminente llegada de la inteligencia artificial, destacando que ni líderes ni expertos están preparados para sus desafíos. A pesar de sus intereses económicos en el sector, Gates advierte que la IA traerá beneficios y problemas simultáneamente, sin margen para la adaptación. Propone un impuesto a la IA y otras medidas para gestionar esta transición que considera una de las más turbulentas de la historia.
Bill Gates ha compartido extensamente su visión sobre la inteligencia artificial en una publicación de su blog, donde, entre otras afirmaciones, ha sugerido la implementación de impuestos a la IA. El cofundador de Microsoft ha reforzado su postura a pesar de reconocer sus propios intereses económicos en el sector, lo que normalmente le llevaría a desear su éxito.
Sin embargo, su trayectoria, desde el liderazgo de Microsoft hasta su actual labor en la Fundación Gates en busca de la equidad global, le ha proporcionado una perspectiva privilegiada y anticipatoria, demostrada por su historial de predicciones acertadas.
Nadie está preparado.
El multimillonario y filántropo anticipa que las ventajas y los desafíos de la IA se manifestarán de manera simultánea, eliminando cualquier período de gracia para disfrutar de los beneficios antes de enfrentar las dificultades, y sin tiempo para una adaptación adecuada.
Según Gates, no existe un plan establecido para gestionar esta entrada en una era que él califica como uno de los periodos más turbulentos de la historia. Ni líderes, ni expertos, ni gobiernos o países parecen comprender la magnitud de lo que se avecina, lo que resulta en una ausencia de planes. Incluso, menciona que "ni siquiera hay un plan para elaborar un plan". Es evidente que los esfuerzos incipientes de la Unión Europea en regulación o etiquetado son insuficientes frente a lo que está por venir.
Por qué importa.
La relevancia radica en que, para cualquiera que haya interactuado con la IA, es claro su potencial tanto para lo mejor como para lo peor. Gates sostiene que la inteligencia artificial podría convertirse en el mayor motor de igualdad jamás creado, pero también en la fuente más grave de injusticia. El desenlace, más que de la tecnología en sí, dependerá de las decisiones políticas que se tomen desde ahora.
Gates identifica un enorme potencial positivo en áreas como la sanidad, la agricultura, la educación y los servicios públicos. No obstante, también señala tres riesgos claros: la pérdida masiva de empleo, el aumento de la capacidad de daño por parte de actores maliciosos y el impacto en el desarrollo emocional de la juventud.
La IA empequeñece otras transiciones históricas.
Para ilustrar la magnitud y la complejidad de esta transición, Bill Gates evoca la transformación de Estados Unidos de una nación agrícola a una sociedad de trabajo de oficina. Aquel proceso abarcó generaciones enteras y generó empleos que requerían el juicio humano, precisamente lo que la IA amenaza con usurpar.
Ya en 2017, Gates propuso un impuesto a los robots, una idea que no prosperó en su momento, pero la situación actual ha revelado la necesidad de reconsiderarla. Además, existe una base lógica: el sistema fiscal vigente penaliza la contratación de personas mientras favorece la automatización, creando una dinámica perversa. Mientras los salarios están sujetos a impuestos, los robots pueden amortizarse como un gasto.
Las tres líneas de acción de Gates.
El cofundador de Microsoft sugiere tres medidas específicas para lograr una transición más equitativa y menos disruptiva:
- Establecer impuestos a los robots y también a los tokens de IA. El objetivo sería recaudar fondos para financiar la recualificación profesional y fortalecer la seguridad social, aunque la implementación de estas medidas es otro desafío.
- La creación de un nuevo marco institucional, tanto a nivel estatal como internacional, de una escala comparable a las acciones tomadas por Estados Unidos en seguridad después del 11 de septiembre.
- Reservar ciertos empleos exclusivamente para personas, poniendo como ejemplo el trabajo humano insustituible en el cuidado, como el que recibió su padre durante su enfermedad de alzhéimer.
Una misión titánica y (casi) imposible.
Gates, al mismo tiempo que advierte sobre la desprevenida llegada de la era de la IA, reconoce que dar este paso adelante será una tarea colosal. La razón es simple: no existe ninguna institución diseñada para una tecnología que impacta simultáneamente en seguridad, empleo, educación, fiscalidad, energía y sanidad, demostrando una transversalidad sin precedentes.
Para materializar esto, el filántropo plantea una petición casi inalcanzable: que Estados Unidos y China, los dos países con mayores incentivos para desarrollar esta tecnología y a la vez grandes rivales, cooperen. Además, Bill Gates se enfrenta a una corriente contraria: aparte del precedente de 2017, donde su propuesta fue rechazada por el Parlamento Europeo y criticada como antiproductiva por economistas liberales como Larry Summers, el escenario actual no le es del todo favorable.
Expertos como Oren Etzioni de la Universidad de Washington, por ejemplo, apoyan el impuesto a los robots pero no el de los tokens, comparándolo con gravar las pulsaciones de una máquina de escribir. Y a esto se suma el desafío de la implementación práctica.