¿Qué significa realmente leer en la era de la inteligencia artificial? Un análisis de las nuevas formas de 'consumir' libros

Tecnologia
En un mundo que valora la velocidad, la definición de 'leer' se está transformando, especialmente con la llegada de herramientas de inteligencia artificial que ofrecen resúmenes de libros. Esta tendencia plantea interrogantes sobre la autenticidad de la experiencia lectora, la presión social para estar al día con las novedades literarias y si el consumo rápido de contenido puede sustituir la inmersión profunda en una obra.

Existen diversas formas de experimentar la lectura. Desde los devotos del libro en papel hasta quienes utilizan audiolibros o lectores electrónicos, la elección de cómo interactuar con una obra es personal. Sin embargo, la creciente variedad de estas experiencias nos lleva a una pregunta más compleja en la actualidad: ¿qué implica verdaderamente leer? Aunque tradicionalmente asociamos la lectura con recorrer por completo las páginas de un libro, nuestra relación con estos objetos culturales ya no se limita a eso.

Vivimos en una sociedad que prioriza la rapidez. Nuestro estilo de vida nos impulsa a buscar inmediatez, a que nuestra atención sea captada en segundos, idealmente con contenidos concisos y fáciles de digerir que nos mantengan informados sobre las tendencias en redes sociales. Esta lógica se ha extendido al ámbito de la lectura. Es común encontrar creadores en plataformas como BookTok que afirman haber leído hasta 100 libros en lapsos de tiempo que resultan, como mínimo, sospechosos. Eventualmente, se descubre que algunos de ellos promocionan plataformas que facilitan precisamente eso: 'terminar' un libro en minutos mediante un resumen generado por inteligencia artificial. Con la proliferación de estas herramientas, la pregunta inicial sobre el significado de leer ya no parece tan descabellada.

El uso de la IA para consultar el orden de una saga o resolver dudas sobre la trama o personajes no es el problema. Tampoco se relaciona con los populares vídeos de YouTube que explican finales de películas. Aquí nos adentramos en algo diferente, que desvirtúa completamente la acción de leer al emplear la IA o vídeos cortos para reemplazar el viaje lector por una versión comprimida. Y esta distinción es significativa.

En España, las estadísticas indican que el 76,9% de las personas entre 15 y 24 años leen libros en su tiempo libre, siendo el grupo de edad con la tasa de lectura más alta. Este es un dato positivo que desmiente la idea recurrente de que los jóvenes no leen. Sin embargo, detrás de este porcentaje, surge la inquietud de si para los jóvenes la lectura se ha convertido en una exigencia más, algo que deben consumir para no quedar excluidos de la conversación cultural en redes. Esto añade una presión adicional: no se trata de buscar un libro que te guste, sino de conocer el libro del que todos hablan. Es aquí donde estas herramientas entran en juego.

Si nos encontramos con un panorama donde cada poco tiempo surge una nueva novela viral en BookTok, las ediciones especiales se agotan rápidamente y nuestra lista de libros pendientes crece a un ritmo alarmante, es posible que todo esto haya normalizado el uso de aplicaciones que prometen solucionar 'el problema' a través de atajos tecnológicos, como la IA o los resúmenes de audio: conocer el libro sin invertir las horas necesarias para leerlo. Nunca hemos tenido tantas maneras de descubrir libros, comentarlos, recomendarlos y convertirlos en contenido. Pero esto no implica necesariamente que hayamos incrementado proporcionalmente el tiempo dedicado a leerlos.

No todos los nuevos formatos tienen una connotación negativa. Un audiolibro, por ejemplo, sigue siendo una experiencia completa de la obra; escuchar las 77 horas de 'Guerra y Paz' cuenta como lectura, solo cambia el canal. No obstante, si una IA resume 'Jane Eyre' en 10 minutos, ¿cuál es el propósito? ¿Nos ayuda a entender mejor la novela? ¿Nos ayuda a decidir si queremos leerla? ¿Nos evita quedar mal en una conversación? No estamos bajo un examen constante y nadie debería pasar una prueba sobre las hermanas Brontë o Sarah J. Maas para demostrar que forma parte de la conversación cultural. Más bien, parece que la necesidad de consumir obras sin tener tiempo para experimentarlas responde a que ya consideramos los libros como cualquier otro contenido o producto viral. El cambio reciente es que ahora la IA añade una posibilidad aún más radical: reducir una obra completa a la información que deseemos extraer de ella.

Queda atrás el uso exclusivo de plataformas como Goodreads para leer sinopsis, consultar opiniones y decidir si un libro pendiente merece la pena. Ahora existen diversas plataformas y herramientas que nos obligan a redefinir lo que entendíamos por lectura. Más allá de los conocidos ChatGPT, Gemini y otros, han surgido aplicaciones específicas que proporcionan resúmenes en pocos minutos. Una de ellas es Sobrief, que promete ayudar a 'terminar' un libro en 10 minutos. Esta aplicación ofrece resúmenes, en formato escrito o de audio, generados por IA, de libros de ficción y no ficción, asegurando disponer de más de 73.000 resúmenes en más de 40 idiomas. Además, su propuesta de descubrimiento es atractiva en TikTok, presentándose como el 'Tinder para libros' al ofrecer recomendaciones personalizadas mediante IA. Una vez más, los libros parecen un simple catálogo de contenido para deslizar.

Otro nombre conocido es Blinkist. Con un catálogo de más de 9.000 títulos, se enfoca en textos sobre negocios, desarrollo personal o psicología, dejando de lado la ficción. Con esta plataforma ocurre algo particular: su compañía sostiene que sus textos son elaborados por un equipo editorial humano y no generados directamente con inteligencia artificial, aunque un análisis publicado por Originality.ai en 2025 concluyó que el 48% de sus resúmenes presentaba indicios de lo contrario. Además, la plataforma no oculta el uso de inteligencia artificial en su versión pro, generando un resumen instantáneo de los archivos que el usuario decida subir. Y luego está Headway, uno de sus competidores. Su propuesta es muy similar, ofreciendo resúmenes condensados (en texto y audio) de los principales bestsellers de no ficción y afirmando contar con más de 50 millones de usuarios.

Todo esto debería hacernos dudar más o, al menos, observar con mayor cautela a quienes en TikTok presumen de haber leído una cantidad inverosímil de libros en pocas semanas. Porque quizás hayan 'leído' esos 100 libros, o puede que hayan 'consumido' esa cantidad, pero en forma de resúmenes. Por otro lado, este fenómeno se vuelve aún más extraño cuando encontramos análisis, como el de enero de este año, que observan que más de 800 libros de autoayuda en Amazon y el 77% de los más vendidos presentan señales compatibles con una creación asistida por IA. De hecho, llama la atención un autor, Noah Felix Bennet, que publicó 74 libros de autoayuda en 6 meses, incluyendo una colección completa de 5 libros en 3 días.

Así llegamos al uróboros de la lectura del siglo XXI, un clásico caso de la pescadilla que se muerde la cola. Creadoras que no leen libros, desean generar contenido y utilizan resúmenes proporcionados por una IA, que a su vez resume lo que quizás ya haya creado otra IA. Una auténtica simulación de lectura sobre una simulación de escritura. Convertir esta actividad en algo meramente eficiente no concuerda con lo que es la lectura. Además de desvirtuar el medio, deja, quiérase o no, una sensación de vacío o de asunto pendiente. Dejando a un lado los libros que se deben leer por trabajo y los atajos que siempre han existido, es difícil que con este tipo de aplicaciones podamos seguir hablando de un pasatiempo. Un resumen puede decirnos qué sucede o incluso por qué sucede, pero nunca puede reproducir la experiencia de haber llegado hasta allí. Es imposible que a través de estas herramientas se experimente el recorrido emocional que supuso una obra, el tedio que pudo implicar terminar 800 páginas o las ganas de devorar la siguiente parte de una saga. Lo que llevó a leer ese libro y su consecuente camino se pierde, y con ello, la afición ya no puede llamarse tal. Ningún resumen podrá replicar los escalofríos al leer ese “Marianne, no soy una persona religiosa, pero a veces pienso que Dios te hizo para mí” de ‘Normal People’ o la decisión de jugar con el orden de lectura de los capítulos de ‘Rayuela’.

Lo mismo ocurre en casi cualquier disciplina. En el mundo del cine, encontramos miles de resúmenes de películas en redes sociales, reduciendo un guion o un giro de trama a meros segundos. Lo mismo sucede con la música, con los famosos 'snippets' y vídeos explicativos. Por no hablar de las noticias que nos llegan convertidas en clips, titulares, capturas o incluso memes. La cuestión es que la lectura siempre ha sido el refugio de lo sosegado, siendo el único atajo disponible hasta la fecha la lectura diagonal, que muchos practicamos durante nuestra etapa escolar. Quizás, si esta tendencia continúa, pronto tendremos que sustituir el verbo 'leer' por el verbo 'consumir'.