A 55 kilómetros de Marruecos, la isla de Alborán, un pequeño islote de origen volcánico, ostenta un valor estratégico considerable. Este territorio español, disputado por Marruecos, ha sido escenario de conflictos históricos y es actualmente custodiado por un destacamento militar. Además de su relevancia geopolítica, alberga una biodiversidad única, incluyendo un caracol terrestre endémico que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo.
A 55 kilómetros de Marruecos, a 85 de Almería y a unos 100 al noreste de Melilla se encuentra una isla cuyo valor estratégico es inmenso. Aunque en la actualidad, con la avanzada tecnología de satélites y drones militares, podría parecer que una formación rocosa en medio del mar no es tan crucial como una capital de provincia, este islote comparte con Ceuta un litigio territorial. Forma parte de las plazas de soberanía españolas en el norte de África que Marruecos reclama desde hace medio siglo, y ha sido testigo de diversos conflictos.
La isla de Alborán es un pedazo de roca volcánica de 660 metros, donde se ubican un faro solar, un pequeño cementerio con tres tumbas y una dotación de 11 militares que rotan cada cuatro semanas. Además, es hogar de un caracol, de hecho, varios: Seria, Alvania, Jujubinus o Parviturbo Alboranensis son especies de pequeños moluscos gasterópodos marinos que habitan en el entorno del mar de Alborán y el estrecho de Gibraltar. Sin embargo, solo uno de ellos es terrestre y único en el mundo entero.
Su nombre tiene un origen pirata. En el siglo XVI, el corsario tunecino Al-Borany utilizaba el islote como refugio para atacar embarcaciones mercantes. España lo conquistó el 1 de octubre de 1540, cuando diez galeras bajo el mando de Bernardino de Mendoza interceptaron a una flota berberisca de dieciséis naves que regresaba de saquear Gibraltar, entonces también bajo dominio español. La batalla de Alborán tuvo un resultado mixto: España, con 10 galeras, perdió 137 personas y tuvo 500 heridos. Las tropas de Alí Hamet, que contaban con 16 buques berberiscos, perdieron 10 embarcaciones (una se hundió), tuvieron 427 prisioneros y 700 muertos, y se liberaron 837 esclavos. Fue en este momento cuando comenzó la soberanía española sobre la roca.
El islote permaneció vacío durante largos periodos. El faro se encendió en 1876, después de 17 años de obras. En 1907, nació allí una niña, hija de un farero, siendo la única persona natural del islote hasta la fecha. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, España estableció un destacamento de la Marina para defender la roca; en 1942, un farero documentó la llegada de cinco hombres —dos de ellos rusos— que afirmaban huir del frente europeo. El último torrero falleció en 1963, y la isla quedó deshabitada hasta que, en 1967, la Infantería de Marina volvió a ocuparla hasta mediados de los setenta. Durante la Guerra Fría, varios pesqueros soviéticos intentaron aprovechar ese vacío para establecer una base naval, pero ninguno tuvo éxito.
En 1997, los militares se asentaron de forma permanente. Desde entonces, la Armada rota a 11 efectivos una vez al mes. Su misión incluye la vigilancia del tráfico marítimo, la colaboración con la Guardia Civil en el rescate de migrantes y la protección de una reserva marina. Esta reserva alberga delfines mulares, coral rojo y calderones comunes, con casi 1.800 especies catalogadas y trece nuevas para la ciencia. Es en este contexto donde Marruecos vuelve a aparecer: Rabat incluye Alborán en el mismo paquete territorial que Ceuta, Melilla, el Peñón de Vélez de la Gomera, Alhucemas y las Chafarinas, una reivindicación que reactivó formalmente en 1975 con la descolonización del Sáhara Occidental. Ese mismo año, una patrullera marroquí ametralló al pesquero español Alborán frente a Melilla.
El precedente más cercano a un conflicto se remonta a 2002, con la ocupación militar marroquí del islote de Perejil, que provocó el cierre del tráfico aéreo en los aeropuertos de Jerez y Melilla y la movilización de tropas en ambas orillas. El destacamento de Alborán, situado a medio camino entre los dos países, no se percató de lo sucedido. Mientras Marruecos y Estados Unidos realizan maniobras conjuntas como African Lion o Arcane Thunder —esta última centrada en guerra electrónica, con drones y ciberdefensa—, en marzo de 2025, el gobierno español anunció una inversión de 6,5 millones de euros. La ministra de Defensa, Margarita Robles, visitó el islote para entregar el buque Arborme y reforzar la vigilancia, utilizando un nuevo radar, sensores electroópticos y un telémetro láser. Fue la segunda visita de Robles a la isla en poco más de un año. La base naval de Rota, una pieza clave de la OTAN en el Mediterráneo, se encuentra a 307 kilómetros.
En cuanto a los datos de migrantes, en febrero de 2024, un temporal dejó varados seis días a 194 personas, sin más infraestructura que un módulo prefabricado. Apenas unas semanas antes, otras 89 personas habían llegado al islote y tuvieron que esperar cuatro días hasta poder ser trasladadas a la península. Con los recortes de Salvamento Marítimo en la zona, los soldados asisten durante días o semanas a quienes llegan sin recursos. Las mafias los abandonan allí, conscientes de que ya pisan suelo español. Defensa finalmente construyó una nave de acogida: solo entre finales de 2024 y mediados de 2025 llegaron 518 migrantes más —31 menores, 23 mujeres— en veinte narcolanchas.
En toda la isla vive una sola especie de caracol terrestre, Helix alboranensis, que no existe en ningún otro punto del planeta. Es tan escaso que es más fácil encontrar una concha vacía que un ejemplar vivo. Comparte la roca con otros dos endemismos —ambos nematodos— y con plantas al borde de la extinción, como la manzanilla gorda de Alborán. Bajo el agua, la lista de especies únicas crece: la lapa ferruginea, en peligro crítico, y ocho especies de moluscos marinos descritas por primera vez aquí en 2006, con el islote incluido en su nombre científico. Realmente, caben muchas cosas en apenas 660 metros de roca, en un rincón que la mayoría de los españoles apenas sabría situar en un mapa.