Frente a las olas de calor y el efecto de isla urbana, la plantación de árboles es una solución común, pero la ciencia advierte que no todas las especies refrescan de igual manera ni cualquier ubicación es efectiva. Un estudio de la Universidad de Granada revela la importancia de seleccionar especies con alta capacidad de evapotranspiración y de diseñar corredores verdes para maximizar el enfriamiento de las ciudades, haciendo hincapié en una planificación ecológica precisa para un futuro urbano habitable.
Las olas de calor extremo han transformado las ciudades en verdaderos hornos de asfalto y hormigón. Ante el efecto de 'isla de calor urbana', la respuesta habitual de los ayuntamientos ha sido plantar más árboles. Sin embargo, la ciencia advierte que esta aproximación carece de la precisión necesaria, ya que no todas las especies refrescan de la misma forma, ni cualquier ubicación es adecuada.
Una investigación de la Universidad de Granada ha proporcionado claves sobre cómo diseñar las ciudades del futuro, evitando la plantación aleatoria de árboles. A través del proyecto BioCiTrees, un equipo de investigadores del departamento de ecología monitoreó durante dos años el impacto térmico de 19 especies arbóreas en el céntrico parque Federico García Lorca de Granada.
Los resultados indican que los árboles logran reducciones promedio de temperatura de aproximadamente 2 ºC, con disminuciones puntuales de hasta 3,5 ºC bajo sus copas en los momentos de mayor calor. La principal conclusión del estudio no solo confirma que la sombra enfría, sino que identifica las especies más efectivas contra las altas temperaturas.
Tras analizar miles de datos, el equipo de la UGR ha determinado las cinco especies más eficientes para el entorno de Granada: el olivo, el fresno, el plátano de sombra, el níspero y el naranjo amargo. Estas especies son particularmente especiales debido a que su capacidad de enfriamiento está ligada a características funcionales como el tamaño y la densidad de su copa, su fenología y, crucialmente, su tasa de evapotranspiración. Este proceso implica que las plantas liberan vapor de agua a la atmósfera, funcionando como un sistema de aire acondicionado natural.
Los investigadores advierten que este ranking empírico no constituye una solución universal. Tal como lo demuestra un estudio publicado este mismo año, el rendimiento térmico de las especies varía considerablemente según el contexto climático y el nivel de comparación urbana. Por lo tanto, lo que resulta eficaz en un clima mediterráneo podría no ser la mejor opción para una avenida estrecha y densamente asfaltada en otra latitud.
Si la elección de la especie es importante, el diseño espacial es fundamental. El proyecto de la UGR destaca que la existencia de grandes parques urbanos aislados es mucho menos efectiva que apostar por la conectividad. La clave del éxito térmico reside en crear corredores verdes que unan las distintas zonas arboladas de la ciudad. Esta conclusión local es fuertemente respaldada por la literatura científica global reciente; una revisión de 49 estudios publicada en 2026 concluye que las agrupaciones y las alineaciones en fila producen enfriamientos mucho más pronunciados y consistentes que las plantaciones dispersas.
Además, la disposición del dosel arbóreo es el factor dominante; la ciencia ha observado que incrementar la cobertura de copa en un 30% en áreas propensas al calor puede reducir la temperatura del aire hasta 1,5 ºC. Paralelamente, una estimación global reciente sugiere que la copa arbórea es capaz de mitigar aproximadamente la mitad del potencial máximo del efecto isla de calor en todo el mundo.
La evidencia científica indica que plantar de forma indiscriminada, sin garantizar un suelo adecuado, riego y un diseño que asegure la continuidad del dosel hasta la madurez del árbol, reduce drásticamente cualquier beneficio térmico. Como señalan estas revisiones, esta infraestructura verde no es solo una cuestión de confort estético, sino una herramienta crucial de salud pública para reducir la mortalidad y morbilidad por calor en los grupos más vulnerables. Por lo tanto, la solución para enfriar nuestras ciudades ya no se limita a considerar el presupuesto para zonas verdes, sino a aplicar la ecología urbana con precisión. Conectar los parques mediante calles arboladas y elegir la especie adecuada para cada clima es el único camino viable para que las ciudades del futuro sigan siendo habitables.