El Gimnasio Ecológico de Valdespino de Somoza: Entrenamiento con Materiales Reciclados

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En la comarca de la Maragatería, León, se encuentra una alternativa sorprendente a los gimnasios tradicionales: un centro de entrenamiento al aire libre construido íntegramente con chatarra, palos y piedras. Este innovador espacio, ideado por un profesor de educación física jubilado, ofrece una experiencia única y gratuita para ejercitarse, demostrando que la imaginación y el reciclaje pueden ir de la mano con el bienestar físico.

Al considerar la actividad física, la primera opción que suele surgir es la inscripción a un gimnasio. Sin embargo, esta elección a menudo conlleva el pago de una mensualidad, una asistencia inicial entusiasta que disminuye con el tiempo y, finalmente, el desembolso continuado sin uso. Tras las vacaciones, esta situación es común. No obstante, existe una alternativa gratuita y al aire libre: un gimnasio donde todo el equipamiento está fabricado con chatarra, palos y piedras.

Durante mis veranos en la Maragatería, León, una región salpicada de pueblos con distintos tamaños y poblaciones, siempre en busca de atraer visitantes con sus fiestas patronales de agosto, descubrí que algunos van más allá. Valdespino de Somoza es uno de ellos, albergando un gimnasio ecológico. Un cartel durante una visita despertó mi interés y tuve que probarlo, resultando en una de las experiencias más peculiares que he vivido.

Este invento podría definirse como el “gimnasio de los Picapiedra” debido a que todas sus máquinas están construidas con materiales rústicos. Su estructura es de madera, los asientos de chatarra, las partes móviles combinan ambos materiales y los pesos se ajustan acumulando piedras en cubos. Aunque pueda parecer descabellado, es una solución ingeniosa.

El gimnasio ecológico, denominado Lumen, se ubica en medio del campo, a las afueras de Valdespino de Somoza. Fue completado en 2005 por Manuel de Arriba Ares, un vecino del pueblo. Como profesor de educación física jubilado, Manuel fusionó su pasión por el deporte con el deseo de encontrar la mejor forma de reciclar materiales considerados desechos. El resultado es un conjunto de decenas de máquinas de gimnasio totalmente artesanales que no requieren electricidad.

Mi primera impresión fue de asombro, seguida de curiosidad y, debo admitirlo, también cierta burla. Sin embargo, al final comprendí la genialidad: Manuel es un visionario. Todas las máquinas están meticulosamente diseñadas para entrenar grupos musculares específicos de manera efectiva y segura. A pesar de la apariencia frágil al levantar peso, son sorprendentemente sólidas, aunque el paso del tiempo ha dejado su huella.

El espacio da la bienvenida con el cuadro de una bicicleta estática encajado en un marco de madera, cuya rueda acciona un rodillo casero. A partir de ahí, la pradera se llena de construcciones a base de troncos combinados con lavadoras, ruedas de coche y tractor, poleas y todo tipo de materiales que, de no estar en el gimnasio Lumen, habrían terminado en la chatarrería. Inicialmente, usar las máquinas genera cierta desconfianza, hasta que se prueba la primera.

Como mencioné, son mucho más robustas de lo que parecen y muy precisas. Cada máquina cuenta con un pequeño cartel manuscrito que explica los grupos musculares que ejercita y la forma correcta de usarla. Habiendo pasado mucho tiempo en gimnasios convencionales, no encontré mucha diferencia al entrenar con estos artefactos artesanales. De hecho, la mecánica es idéntica, desde tirar de la cuerda para hacer remo (el asiento con ruedas es digno de ver) hasta levantar pesas hechas con bloques de cemento. La pericia de Manuel es evidente, ya que las agujetas al día siguiente fueron intensas.

La máquina de remo me resultó particularmente interesante. Subí con cierta dificultad para sentarme en una especie de tabla con ruedas que se deslizaba sobre una plataforma metálica reciclada de electrodomésticos. Tras sujetar los asideros, apliqué fuerza con los brazos mientras estiraba las piernas para completar el movimiento de remado. Unos cubos con piedras se elevaban para actuar como contrapeso. Salvando las obvias diferencias de construcción, el ejercicio es similar al de una máquina de remo de gimnasio, al igual que el esfuerzo requerido.

Probé varios aparatos y todos me parecieron muy bien diseñados. Cada uno permite entrenar grupos musculares específicos con suficiente seguridad, aunque el tiempo ha causado estragos en la maquinaria: algunas zonas metálicas están oxidadas, lo que conlleva cierto riesgo. Además de las agujetas, me hice una pequeña herida en la mano por excederme en una de las máquinas de musculación, lo cual fue mi culpa.

El gimnasio Lumen destaca por su construcción y por su concepto de aprovechamiento extremo, pero va más allá de la mera peculiaridad: demuestra que es posible entrenarse con imaginación y sin la necesidad de pagar una cuota mensual. Mientras existen máquinas complejas, repletas de tecnología y pantallas conectadas al móvil, Manuel logra construir un gimnasio completo con palos y chatarra en medio de un prado.

Llegué impulsado por la curiosidad y terminé convencido por la experiencia práctica: si viviera en Valdespino de Somoza, no dudaría en hacer del gimnasio Lumen mi centro de entrenamiento. Quizás parezca sacado de la Edad de Piedra, pero cumple al cien por cien con su propósito: ejercitar los músculos, y de paso, reutilizar materiales que habrían acabado en la basura.