Un reciente evento glaciar en el Himalaya, conocido como GLOF, ha recordado a los científicos un suceso similar ocurrido hace decenas de miles de años en la Sierra de Guadarrama, Segovia. Este fenómeno prehistórico, que arrasó valles y formó lagos, no solo transformó el paisaje, sino que también dejó una huella geológica crucial para datar la llegada de los neandertales a la región.
Esta semana, un poderoso evento natural en el Himalaya, donde un glaciar se desprendió y arrasó un valle en minutos, destruyendo un paso fronterizo entre Nepal y China, ha captado la atención global. Este fenómeno es conocido científicamente como GLOF (Glacier Lake Outburst Flood), o inundación por desborde violento de lago glaciar. Aunque el término pueda parecer técnico, no es un suceso aislado en la región ni exclusivo del Himalaya, donde se estima que 15 millones de personas están en riesgo potencial por este tipo de eventos. De hecho, hace decenas de miles de años, un GLOF similar ocurrió en la Sierra de Guadarrama, y la riada resultante hoy sirve a la ciencia como un marcador para determinar cuándo los neandertales comenzaron a habitar la zona.
El GLOF segoviano, según el Instituto Geológico y Minero de España, tuvo lugar en los valles del Duratón y Eresma, entre hace 90.000 y 49.000 años, cuando aún existían glaciares en la Sierra de Guadarrama. Hace poco más de una década, se investigó lo sucedido en el yacimiento del Abrigo del Molino, donde se encontraron sedimentos de aguas tranquilas que indicaban una colosal inundación en la zona durante el Pleistoceno. Andrés Díez Herrero, geólogo del IGME-CSIC e investigador principal, explicó que fue el río Eresma quien depositó esa tierra a más de 11 metros por encima de su cauce actual.
Según el científico, el derretimiento de los glaciares en la Sierra de Guadarrama provocó la formación de lagos que se rompieron abruptamente, generando grandes cascadas de agua, barro, piedras y ramas. Estos fluyeron a gran velocidad por el valle del Eresma, llevándose todo a su paso e inundando cuevas y abrigos en las laderas. En ese momento, la cueva estaba vacía, ya que los sedimentos de la riada no contienen restos humanos. Miles de años después, una vez estabilizado el valle, llegaron los primeros pobladores de Segovia: los neandertales.
El yacimiento de Abrigo del Molino es una cueva de origen fluvio-kárstico, completamente rellena de sedimentos detríticos, con más de 4,5 metros de estratos. Los de la base corresponden a la gran riada. Justo encima de estos, aparecen los niveles musterienses, que son restos de las herramientas de piedra utilizadas por los neandertales. La riada no destruyó ningún asentamiento, pues aún no había pobladores, simplemente dejó el valle habitable y libre poco después.
La prehistoria ya advertía sobre estos fenómenos. Si bien hoy sabemos que un evento similar podría ocurrir en los Alpes, un mecanismo físico equivalente al que ha devastado el valle del Trishuli ya sucedió en la península Ibérica. Esa capa de la riada es, en la actualidad, lo que permite datar con precisión la llegada de los neandertales que habitaron el interior peninsular durante el Pleistoceno.