Ante la perspectiva de una catástrofe global, un equipo internacional de científicos ha investigado los mejores países para refugiarse. Si bien no existe un lugar perfecto, el estudio concluye que Australia se posiciona como la opción más favorable en la mayoría de los escenarios analizados, desde guerras nucleares hasta pandemias, aunque presenta sus propios desafíos.
La idea de escapar a otros planetas ante una gran catástrofe global es un tema recurrente en la ficción, pero en la realidad, dada nuestra capacidad actual de exploración espacial, sigue siendo un concepto de ciencia ficción. Por ello, ante una situación así, sería más prudente buscar refugio dentro de nuestro propio planeta. Un equipo internacional de científicos ha abordado este dilema, analizando cuáles serían los países más adecuados para huir frente a diversos tipos de catástrofes. Aunque su conclusión es que no hay un lugar ideal, un país consistentemente obtiene la mayor puntuación en casi todos los escenarios posibles: Australia.
Para llevar a cabo este estudio, los autores se enfocaron en siete tipos de catástrofes globales: guerras nucleares, impactos de asteroides, erupciones volcánicas masivas, ciberataques a gran escala, pulsos geomagnéticos, tormentas electromagnéticas y pandemias. Es importante señalar que esta investigación no se realizó debido a la inminencia de ninguno de estos desastres, sino porque son escenarios más realistas que, por ejemplo, un ataque alienígena. Aunque puede haber otras opciones no contempladas, era necesario establecer un punto de partida.
El primer escenario analizado es la reducción de la luz solar, que podría ocurrir a causa de un invierno nuclear, el impacto de un asteroide o grandes erupciones volcánicas. En todos estos casos, la acumulación masiva de partículas en la atmósfera podría impedir que la radiación solar llegara a la superficie terrestre. Si esto sucediera, los científicos sugieren que el hemisferio sur sería el mejor lugar para vivir por dos razones principales: la ausencia de potencias nucleares que pudieran contribuir a una guerra y una menor actividad volcánica reciente en comparación con el norte. Dentro del hemisferio sur, las islas se considerarían buenas opciones, ya que muchas son autosuficientes y su clima permite temporadas de cultivo más extensas. Sin embargo, estar rodeadas de agua conlleva riesgos adicionales, como los tsunamis que podría generar un gran asteroide. Por esta razón, Australia se destaca entre ellas, gracias a su vasto interior. Sería recomendable trasladarse a Australia y, además, alejarse de la costa. No obstante, cabe destacar que Australia está aliada con Estados Unidos, lo que aumentaría el riesgo en caso de una guerra nuclear. Además, gran parte de su interior es desértico, lo que lo convertiría en un lugar bastante inhóspito para refugiarse en caso de tsunami. No existen opciones perfectas.
Si la catástrofe global estuviera relacionada con la actividad geomagnética y la consiguiente pérdida de infraestructura global, el hemisferio norte volvería a ser el más afectado debido a su alta dependencia de los satélites y una infraestructura tecnológica generalmente más avanzada. En el sur, específicamente en Australia y Nueva Zelanda, los cultivos no dependen tanto de la tecnología, por lo que el suministro de alimentos no se vería tan comprometido. Nuevamente, la autosuficiencia representaría una ventaja clara.
En el caso de nuevas pandemias, la experiencia de la COVID-19 demostró que las islas autosuficientes suelen ser un buen lugar para vivir. Australia y Nueva Zelanda implementaron cierres de fronteras en las fases iniciales y las reabrieron gradualmente una vez que su población estuvo mayormente vacunada. Esto mitigó significativamente los efectos de la pandemia en estos países, aunque después de la apertura se registraron muchos casos. Al ser islas, el aislamiento fue más sencillo, pero esta no fue su única ventaja. También cuentan con un sistema sanitario muy eficiente y, fundamentalmente, universal. Si la población debe pagar por la atención médica, es más probable que las pandemias se agraven. Por todo esto, Australia y Nueva Zelanda serían buenos lugares para vivir si surgieran nuevas pandemias.
Sin embargo, no todo es positivo. Australia está muy expuesta al cambio climático, con sequías frecuentes e intensas, incendios forestales masivos y un blanqueamiento creciente de la Gran Barrera de Coral. Si bien puede ser un buen lugar para escapar de catástrofes repentinas e incontrolables, no es la ubicación ideal para resistir los efectos del cambio climático. De todos modos, no todos cabemos en Australia. Por lo tanto, lo más sensato sería intentar prevenir aquello que sí está en nuestras manos en los lugares donde vivimos. Esto incluye, por ejemplo, combatir el cambio climático y apoyar a gobernantes que defiendan la sanidad pública. No podemos evitar que algún día ocurra una gran erupción volcánica, pero hay cosas contra las que sí podemos luchar. Es mejor prevenir que buscar el mejor lugar para huir.