La ambición de China de dominar el sector de los chips de inteligencia artificial se enfrenta a un obstáculo crítico: la falta global de memoria HBM. Esta escasez, exacerbada por las restricciones de exportación de EE. UU. y la creciente demanda interna, está provocando un aumento significativo en los precios de los chips 'made in China', afectando a gigantes como Huawei y Cambricon y complicando la expansión de su capacidad de cómputo.
En la competencia por liderar la fabricación de chips para inteligencia artificial, China cuenta con varios aspirantes decididos a desafiar a Nvidia. El país tiene una estrategia clara para convertirse en la principal potencia mundial, lo que implica una inversión significativa de fondos públicos en empresas como Huawei, SMIC y Cambricon, entre otras. Sin embargo, existe un factor que el apoyo gubernamental no puede resolver: la insuficiencia de memoria HBM para satisfacer la demanda. Este componente es esencial para la funcionalidad de los chips de IA, y ninguna subvención puede solucionar su escasez. Como consecuencia, los chips fabricados en China, al igual que ya ha sucedido con la memoria, están experimentando un rápido encarecimiento.
La memoria es un elemento crucial. Es importante recordar que un chip de IA tiene una utilidad limitada si no está acompañado por memoria HBM, cuyas siglas en inglés significan "memoria de alto ancho de banda" (High Bandwidth Memory). Gracias a la velocidad con la que transmite los datos procesados, permite que estos sistemas operen con la menor latencia posible. Es el tipo de memoria indispensable tanto para el entrenamiento como para la ejecución de modelos de IA, y el problema radica en que su mercado está controlado casi exclusivamente por tres compañías: Samsung, SK Hynix y Micron. Ninguna de ellas puede satisfacer la demanda de memoria que necesitan los hiperescaladores, lo que provoca escasez de stock y, en consecuencia, un aumento de los precios.
La situación en China es más compleja. Desde que Estados Unidos endureció las restricciones a la exportación de memoria avanzada, los fabricantes de chips chinos se han visto obligados a recurrir a opciones como el mercado gris, donde el precio de la memoria es considerablemente superior al precio de venta al público y varias veces más alto que lo que pagan los compradores fuera de China. Esto resulta en una ecuación simple: memorias más caras debido a la falta de stock, sumado a memorias aún más caras para China por la necesidad de acceder a mercados alternativos, conduce a que los productos finales sean significativamente más costosos.
Los precios están en aumento. El caso más evidente, según informa Reuters, es el de Huawei. El gigante tecnológico chino se ha consolidado como el referente en el segmento de chips de IA en China. Sus tarjetas Ascend son la referencia y el núcleo de superclústers, como el presentado hace unos meses; sin embargo, los informes indican que estos problemas de suministro están provocando un incremento drástico en los precios. Según Reuters, la Ascend 950DT, prevista para el último trimestre de 2026, integrará procesador y memoria en un mismo módulo y tendrá un costo aproximado de 37.250 dólares. Esta cifra representa, según las estimaciones, entre un 20% y un 50% más que las proyecciones de Huawei hace apenas dos meses. No es un caso aislado, ya que Cambricon, otro fabricante, también está desarrollando un chip cuyo precio será entre un 20% y un 30% superior a lo planeado inicialmente. Otros competidores como MetaX o Iluvatar CoreX también están experimentando aumentos en proporciones similares.
Esta tendencia no se limita a los chips de nueva generación. La reciente Keynote de Apple ilustra bien la situación: el iPhone 18 Pro será más caro porque la memoria RAM se ha convertido en el componente más costoso de un teléfono móvil, y de forma discreta, Apple también subió los precios del iPhone 17 del año pasado. Similarmente, los modelos de chips chinos que ya llevan tiempo en el mercado están sufriendo este efecto. El Ascend 950PR de Huawei ha pasado de costar 60.000 yuanes a principios de 2026 a los 80.000 actuales. Y el Ascend 910C ha subido de 90.000 a más de 110.000 yuanes.
Memoria propia en un momento inoportuno. Para mitigar el impacto, los fabricantes de chips están explorando la producción de su propia memoria HBM. Huawei, por ejemplo, ha manifestado su intención de comenzar a utilizar su propia versión, aunque sin ofrecer muchos detalles. Otro aspecto delicado es que esta escasez global ocurre precisamente cuando los fabricantes chinos más necesitan la memoria. Durante los últimos años, las empresas nacionales se beneficiaron de la ausencia de Nvidia en su mercado, logrando una cuota significativa del mercado chino, valorado en 50.000 millones de dólares. Sin embargo, ahora se observa una desaceleración, y justo cuando la batalla de la IA alcanza un punto álgido, Pekín descubre que el freno ya no es geopolítico (las restricciones estadounidenses) sino físico, ya que la capacidad de fabricación afecta por igual a China y a EE. UU. Además, en China, empresas como ByteDance o Tencent están invirtiendo fuertemente en el sector de la IA, incluso fabricando sus propios chips, lo que también incrementa la demanda de memoria y contribuye a estrangular aún más el mercado.
CXMT y la memoria. Aunque China inicie una inyección masiva de capital en sus empresas de memoria para producir HBM, el dominio de Samsung, Micron y SK Hynix no se construyó en poco tiempo. Las limitaciones no son solo tecnológicas, sino también la imposibilidad de inaugurar las salas limpias necesarias para fabricar la memoria en las cantidades que los fabricantes de chips de IA requieren. Además, incluso con las condiciones adecuadas, la fabricación de memoria implica tiempos y procesos que no pueden seguir el ritmo de los hiperescaladores y ensambladores. CXMT es un claro ejemplo, siendo el principal fabricante de memoria de vanguardia en China, y está aumentando sus precios globalmente porque, al igual que Micron y las empresas surcoreanas, no puede satisfacer la demanda del mercado. Esto es particularmente crítico cuando China se ha propuesto cuadruplicar su capacidad de cómputo para 2030. Y no parece que la situación vaya a mejorar a corto ni a medio plazo.